Política frívola*, política “a la moda”

POR JULIO PEÑA Y LILLO E.

Seducción: fuerza de atracción y de fascinación. Desafío, derroche de gracia, provocación, pasión instantánea”. [1] J. Baudrillard.

En nuestros días el espacio social virtual extiende exponencialmente sus interacciones en Internet, trastocando considerablemente los usos y costumbres de los ciudadanos. Los debates y la formación de la opinión pública, migra progresivamente de las plazas y las calles a las pantallas digitales individuales. Políticos, partidos y movimientos pierden fuerza como mediadores directos, entre las demandas ciudadanas y los gobiernos. Los nuevos modos de hacer y pensar la política surgen desde los ciudadanos, más que desde los partidos tradicionales. Los lenguajes políticos y comunicacionales viven una renovación, apoyados en la dimensión artística y lúdica en el campo digital.

La política se vuelve paulatinamente dependiente de los dispositivos digitales. En este escenario, la estética y la seducción operan como motores de una reconfiguración sociocultural. Pasamos de la esfera de la razón, a la esfera de la pasión, en donde ya no son preponderantes ni centrales, las propuestas, los planes de desarrollo, los programas políticos o los principios filosóficos. En el campo de lo político prevalecen las causas ciudadanas, las cuales se ven atravesadas prácticamente en su totalidad, por la publicidad y el culto de la “buena apariencia”.

Los novedosos dispositivos digitales acrecientan el despliegue de mensajes con bajo tono ideológico, cuyo objetivo es ampliar la base de seguidores y adhesiones. La disputa ideológica (izquierda Vs derecha) va quedando atrás. De lo que se trata hoy en día en el campo de la contienda política, es de saber colocar y vender un “producto”, una idea, una persona, o un discurso, a través del mejor empaquetado posible (packaging).

El culto “a la moda” presiona a los actores políticos a poner de manifiesto sus cualidades personales: buena imagen, buen carácter, en un buen entorno. La moda obliga a ser simpáticos, calurosos, competentes y colaboradores, con un ligero don para la escucha.  Hoy por hoy las audiencias, así como la gran mayoría de los electores, desean adentrarse un poquito más en la vida íntima de los personajes, penetrar en su mundo privado, saber cómo bailan, cuáles son sus zapatos favoritos, o si poseen perritos, gatitos o alguna otra mascota distintiva.

Lo que interesa es proyectar una imagen “a la moda”, que contribuya a suscitar el indispensable fenómeno de atracción emocional. El contacto visual y auditivo pasa a ser preponderante en el llamado “hechizo” que genera la seducción. Actores y líderes políticos deben colocarse como los “protagonistas” de la política “In”. En otras palabras, podemos hablar de una “vedettización” de los actores políticos al interior del sistema de consumo comunicacional, a través de un maximización de la economía libidinal (placer, gusto, tacto), con fines de poder político.

La política frívola o “a la moda”, propia de las sociedades de consumo, antepone el deseo de complacer, de seducir, de poder generar un entorno distendido, estético, erótico y afectivo. La calidad de vida individual, el culto de la personalidad, así como una “sensibilidad” para ciertos consumos específicos, forman parte de los principios líquidos, flexibles, versátiles de nuestro tiempo.

Más allá de liberar a la sociedad de sus mil formas de opresiones, explotaciones, alienaciones y tantos tipos de vejámenes a la dignidad, el objetivo de la política frívola o “a la moda”, es la satisfacción de los intereses individuales. Las grandes mayorías de electores ya no creen en el porvenir radiante de una posible Revolución o  del llamado al progreso; el cliente, el individuo o el consumidor, quieren vivir aquí y ahora (consumo luego existo, Baudrillard).

No se percibe en el ambiente una ideología hegemónica capaz de entusiasmar a las masas. Vivimos en la era de la moda en donde se puede ser “retro”, o innovador, consumista o ecologista, extractivista y pluriculturales. Los antagonismos se diluyen, estamos de lleno en la era de lo “cool“,  y con ello, del cultivo de la agendas ciudadanas particulares (Lipovestky, 2006b).

Audrey Hepburn. (Película: Desayuno en Tiffany).

La Seducción

“El hechizo está hecho a partir de lo que está oculto. Las miradas se enredan en una especie de duelo, de enlazamiento inmediato, a espaldas de los demás” J. Baudrillard.

Para Lipovestky (2006,a) y Baudrillard (2007), la seducción opera como un motor de la reconfiguración sociocultural, como un contenedor de la paz civil para el reforzamiento del orden democrático establecido. En este escenario, una de las cualidades de la comunicación política, es la aptitud para combinar información con diversión. La política frívola o “a la moda”, exige tornar menos ásperos los debates sobre las preocupaciones colectivas. El arte de la seducción en la esfera de la comunicación política, se genera a través de una mayor cordialidad y simplicidad, que busca desacralizar el campo de lo político.

La seducción va a sustituir el carácter sagrado o solemne de la racionalidad política, por el cultivo del placer, el juego y la simpatía. El trabajo del cuerpo, a través de las nuevas capacidades tecnológicas –imagen/sonido- (TikTok, Instagram, etc.) es fundamental, ya que invita a ponerse en juego para desafiar al otro. La seducción retira de esta manera a la razón del orden de lo visible, para colocarnos en el campo de las apariencias, de las emociones, del mostrar pero no mucho, con el fin de construir una ilusión (Baudrillard, 2007).

La rigurosidad política cede su lugar a la frescura, a la sonrisa de los políticos (al keep smiling), a la belleza de la puestas en escena, de las locaciones, o parajes-paisajes de grabación. El “espíritu fun” (divertido) de la política frívola o “a la moda”, procura interactuar sin aburrir, favorece la autodisciplina en los discursos, la pacificación de los mismos. El tono jocoso-provocador, se desvincula de las formas y argumentos racionales del debate. La cercanía con las diferentes audiencias reclama shows lúdicos, retos o “challenges”, música pop y a la moda, colocarse como las estrellas invitadas de los programas de farándula o del chisme.

En esta línea las campañas electorales, más que poner en la palestra a voceros de su partido, prefieren recurrir a personajes famosos (“influencers o tiktokers”), para que hablen positivamente (a lo “cool”), sobre los candidatos y sus causas ciudadanas. Hablamos de una estrategia que busca adeptos por efecto de contagio de moda (estar con los “In”). Los políticos como estrellas de farándula, deben hipnotizar-persuadir a sus audiencias (cultivo de la personalidad mediática). La comunicación política ya no puede ignorar la capacidad evocadora, conmovedora y movilizadora que generan los lenguajes artísticos en la esfera digital, como se ve cada vez más en todas y cada una de las campañas.

Política-espectáculo

La política espectáculo se caracteriza entonces por ocultar o evadir los problemas de fondo de la sociedad como: la desigualdad, la pobreza, la alta concentración de la riqueza en pocas manos, la falta de servicios públicos, de infraestructuras, o los graves problemas del mal desarrollo (extractivismo, flexibilización laboral, tercerización, etc.). Los medios y las redes sociales sustituyen el análisis y la reflexión crítica sobre la realidad, pasando por alto los aspectos más polémicos. La política-espectáculo genera así una comunicación indolora, grata y satisfactoria para casi todos los individuos.

La política frívola o “a la moda”, busca anestesiar-distraer a los ciudadanos. Con la híper-activación de las  redes sociales, las audiencias y electores se han infantilizado en la dinámica lúdica de elaboración de artilugios, combinados entre sonido e imagen. Hablamos ahora de la política como diversión. De esta manera tanto los discursos de izquierdas como de derechas se vuelven cada vez más homogéneos. La globalización neoliberal ha logrado una cuasi-uniformización y neutralización del antagonismo político, en provecho de las reacciones emocionales y de sentimientos irracionales de atracción o antipatía (Lipovestky, 2006,a).

Podríamos decir que se trata de una erosión de la identidad social, con miras a potenciar los derechos y deseos individuales, en donde cada uno elige su modo de vida. Vivimos tiempos de una fuerte movilidad de las conciencias al interior de una sociedad de consumo que prioriza la dinámica de cambio constante. ¿Acaso vemos en nuestros días a personas dispuestas todavía a morir por sus ideas? Con la moda las ideas y acciones se tornan efímeras, son tiempos de excitación por la novedad, o de apatía y fatiga con relación a lo ya conocido (Lipovestky, 2006b).

La sociedad de lo desechable, de lo descartable, sociedad de la obsolescencia programada, se despliega y desarrolla en un espacio político e ideológico esencialmente efímero, móvil e inestable.  Frivolidad de la razón y exaltación de las experiencias inmediatas y al instante, en donde los individuos y electores van a cambiar de orientación política como se cambia de residencia, de trabajo, de pareja o de ropa. Sea cual sea el ánimo y empuje de los conflictos sociales, las preocupaciones de nuestros días se presentan sobre todo, como hiper-individualistas, parciales, acotadas a un campo especifico de acción (emprendedor, ecologista, mujer, etnia, etc.) (Lipovestky 2006b).

Individualismo “cool

En las sociedades de consumo el individuo se proyecta de una manera mucho más relativista, sin mayor “fe” en el futuro. Podríamos decir, retomando a Lipovestky (2006,b), que son tiempos de la llamada “revolución interior”, en la que las personas se vuelcan cada vez más a las dinámicas de conocimiento y realización personal. Esto se puede apreciar en el incremento del consumo de técnicas de meditación, de respiración, de coaching, así como en diversos tipos de prácticas orientales como: yogas, taichi, reiki; o por el incremento de las ceremonias como la toma de Ayahuascas o San Pedros, etc.

El autoconocimiento ocupa cada vez más una parte importante en la vida de la gente en las grandes ciudades, reemplazando a la conciencia política o la conciencia de la lucha de clases, por el culto a  uno mismo. Se trata de una radicalización del abandono de la esfera pública y una recolocación de las prioridades existenciales en la esfera de lo íntimo y lo privado. En las sociedades de consumo importa más la fiebre del cambio y la pasión por todo aquello que exalta la posibilidad de construcción del llamado “individuo libre”. Con ello, tenemos también la promoción mediática acelerada de la mentalidad de empresa o del llamado “sentido común” individualista neoliberal (THINA: there is not alternative, Margaret Thatcher), muy vinculado al espíritu de moda.

Esto se puede apreciar claramente en la forma de comunicar y de hacer política en las plataformas sociales como: TikTok e Instagram donde reinan: fugacidad, frivolidad, jocosidad, el “keep smiling” o la exacerbación de las pasiones lúdicas por sobre la reflexión aguda y racional. En tiempo de política “a la moda”, el capitalismo ya no aparece como el protagonista del mal absoluto. Por el contrario, soplan vientos favorables a los llamados “emprendimientos”,  o el cultivo del gusto por el negocio, o por crear su propia empresa. La publicidad del meanstream habla de que hoy todos pueden ser “ganadores”, patrones, yuppies, solo basta –supuestamente- con meterle “ñeque” y buena voluntad.

El tipo de individuo que solicita o demanda la política frívola o “a la moda”, es el del “Great pretender” el del “self made man”, que requiere de un mayor sacrificio, entrega, esfuerzo, coraje y riesgo para acceder a la vida prometida por las propagandas de alto consumo que nos vende la Tv. Se impone la aspiración individual, en donde el “Yo o el Ego” tiene una mayor relevancia sobre la felicidad colectiva de la dimensión social (Lipovestky, 2006 a,b). El futuro ya no se asimila a la idea de progreso, y las grandes mayorías ya no se identifican con la revolución como la gran transformación.

Epidemias miméticas

En este escenario la acción de la opinión pública o de los medios privados de comunicación sobre los individuos, adquiere una preponderancia e influencia incomparable. El sistema mediático así como la Redes Sociales convencionales, contribuyen a profundizar la indiferencia y la apatía social, con el fin de restar fuerza al potencial político de transformación de la sociedad.

Con la publicidad a tope, la moda transfiriere las preocupaciones de los social a la esfera de lo netamente privado. Esta acción se ejerce sin coerción, mediante una presión invisible de lo llamado “novedoso” (emprendedor, emprendimiento, libertad, etc.), que conduce a las mayorías a dejar de lado los problemas estructurales de la economía y la política -como el hambre, la miseria, la desigualdad, la vida precaria-, en beneficio de las llamadas libertades individuales.  Podríamos decir, como sostiene Lipovestky (2006 b), que se trata de una basta operación de banalización de las preocupaciones políticas y sociales.

Al posicionar días tras días, año tras año al reino de los objetos y mercancías de consumo y de información noticiosa pre-fabricada, la moda neoliberal ha conseguido valorizar socialmente todo lo que favorece la llamada “libertad” y “realización” individual, como parte de una adaptación ideológica “a la moda” política neoliberal (Lipovestsky, 2006, a).

Gracias a la generación de epidemias miméticas, nos dice Lipovestky (2006a), ha estallado el cultivo de las micro-diferencias individuales, en favor de las singularidades subjetivas (animalistas, ecologistas, comunidades orgánicas, GLBTI, evangelistas, etc.). Nuestras sociedades perviven cada vez más con la diseminación de pequeñas influencias, que pueden ser determinantes o superficiales. Ya ni siquiera el desempleo masivo, la baja de salarios, o el desmantelamiento del Estado y de los servicios públicos logran perturbar o alterar en gran medida el accionar de los comportamientos individuales.

La moda, a través de la seducción, afirma su habilidad mimética con la cual genera flujos y corrientes de imitación. Exacerba la existencia de las diferencias, favoreciendo la desactivación de los antagonismos radicales (“vivimos tiempo de paz, tiempo de unidad, tiempos de armonía, etc”.). El discurso del mainstream no tolera las llamadas divisiones o polarizaciones radicales de la sociedad.

Si bien la apoteosis de la moda intenta reforzar la paz civil, no excluye en absoluto el surgimiento de luchas sociales, como en Ecuador octubre 2019. No obstante, allí también pudimos observar como en el transcurso de días y semanas, al final de cuentas, se impuso el interés particular (sectores del gran capital), sobre las demandas generales, la autonomía individual prevaleció sobre la lucha social.

El motor principal de las reivindicaciones en nuestros días, está relacionado con la afirmación de los derechos de los individuos a disponer de su vida, de sus orientaciones y de su cotidianeidad. Los movimientos individualistas (animalistas, ecologistas, género, comida orgánica, etc.), anteponen la supremacía de los derechos individuales, frente a cualquier tipo de colectivo que posea reivindicaciones socialmente más ambiciosas.

Conclusiones

La política frívola o “a la moda” ha contribuido con el neoliberalismo en su proyecto de disgregación total de los vínculos sociales. La sociedad atomizada en unidades independientes, ve multiplicarse diversas formas de vida social, especialmente bajo los movimientos asociativos. Los lazos de sociabilidad se establecen a partir de gustos diversos que se adaptan a la forma moda. Lo que seduce ahora es el hecho de vincularse a diferentes causas, sin dejar de ser libres y anónimos, a través de la virtualidad de las tecnologías digitales.

El reino de la moda pacifica el conflicto social, pero agudiza el conflicto subjetivo e intersubjetivo; permite más libertad individual, pero reproduce dinámicas de exclusión social, de reducción de derechos, de ausencia de respuestas a las necesidades materiales insatisfechas (abrigo, comida, salud, educación, infraestructuras, etc.). La  euforia de la moda oculta el desamparo, la angustia, la depresión y la marginación social y económica. Ahora contamos con estímulos de todo género (agenda animalista, agenda de agua, agenda GLBTI, etc.) y al mismo tiempo, crecimiento de la pobreza, restricciones sociales y una gran crisis  económica y sanitaria.

La paradoja de la política frívola o “a la moda”, es que nos remite como individuos a preocupaciones triviales, a comparar cómo bailan un “challenge” de tiktok o cuán simpático, alegre o provocador, puede llegar a ser el lenguaje corporal y la configuración de sus mensajes. Nos concentra en contar los “likes” y corazones recibidos, dejando de lado los debates y las preocupaciones que determinan el curso de la vida y bienestar de todas y todos.

Cabe recordar a Cadahia (2021), cuando señala que cada una de las luchas o reivindicaciones actuando individualmente, o por separado, dejarán intacto el problema de la desigualdad estructural, que reproduce la dinámica neoliberal en su lógica de acumulación por desposesión. Es indispensable entonces articular las luchas en su diversidad, esto quiere decir, generar acuerdos, diálogos y coaliciones para combatir al patriarcado, combatir las diferentes prácticas oligárquicas, mediante las cuales unos pocos privilegiados oprimen a las mayorías, y acabar con la marginación por condición de clase, raza, género o ambiente.

Todas las reivindicaciones indistintamente de su identidad, demandan una articulación política, una convergencia de las luchas para profundizar la democracia y poder así, transformar la sociedad y encaminar una política de futuro, que sirva como alternativa a la política frívola y “a la moda”, que oculta los problemas reales y profundos de racismo, dominación patriarcal y destrucción de la naturaleza.

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*Frívolo/a: Persona que no concede a las cosas la importancia que merecen, no las hace con la seriedad, el sentimiento o el interés requeridos y solo piensa en el aspecto divertido o lúdico de la vida. Una persona frívola carece de la seriedad y del interés o el sentimiento requeridos.

[1] Baudrillard, J. (2007): “De la Seducción”. Ed. Campo de Ideas. España.

Bibliografía

  • Baudrillard, J (2007): “De la Seducción”. Ed. Campo de Ideas. España.
  • Cadahia, L (2021): “Hay fuerzas neoliberales que quieren un feminismo de élite como barniz ‘progresista’. En La Opinión de Murcia. España.
  • Lipovestki, G (2006): “La Era del Vacío”. Ed. Anagrama. España.
  • Lipovestki, G (2006): “El imperio de lo efímero”. Ed. Anagrama. España.