Partido de la Ira

POR ENRIC JULIANA

El Partido de la Ira parece retroceder en las últimas elecciones democráticas. Si hace quince días, los ultras perdían las elecciones legislativas en Polonia, el lunes 23 de octubre arrancó con el frenazo del iracundo Javier Milei en la primera vuelta de las elecciones argentinas.

El pasado mes de julio, la consigna ‘¡Que te vote Txapote!’ malogró en España una mayoría del Partido Popular y Vox, que el líder del franquista Partido Popular (PP) Alberto Núñez Feijóo creía tener asegurada leyendo las encuestas de Narciso Michavila.

En Polonia ha ganado la ‘encarnación del mal’, Donald Tusk, un veterano político europeísta, denigrado hasta la extenuación por el poderoso aparato de propaganda del partido ultranacionalista Ley y Justicia, fuerza gobernante durante los últimos ocho años. Y en Argentina, el candidato peronista Sergio Massa ha dado la sorpresa al vencer la primera vuelta de las elecciones presidenciales con un sorprendente 36 %, cuando todo el mundo ya lo daba por desahuciado ante el poderoso empuje mediático del candidato de las greñas y la motosierrra.

El lunático y fascista candidato presidencial argentino Javier Milei.

España, Polonia y Argentina. Estamos hablando de realidades políticas muy diversas, que obligan a la cautela antes de establecer un patrón. Tienen, eso sí, un punto en común: Vox. La extrema derecha española, aliada con el PP en múltiples autonomías y ayuntamientos, comparte grupo con Ley y Justicia en el Parlamento Europeo y saludó alborozadamente la irrupción de Milei en la campaña argentina. Vox es el nexo de unión de esos tres escenarios que nos están intentando contar algo sobre la política contemporánea.

Tras conocer los resultados de la primera vuelta argentina, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la ultraderechista Isabel Díaz Ayuso, manifestó también su apoyo al hombre de la motosierra.

En España fueron los catalanes y las mujeres quienes modificaron la inclinación de la balanza en las elecciones generales de julio. En Polonia han sido los jóvenes, y también las mujeres, quienes más han contribuido a la existencia de una mayoría alternativa, puesto que la coalición europeísta de Tusk puede sumar con los centristas de la Tercera Vía y la plataforma Izquierda y Democracia. Al igual que en España, las encuestas se equivocaron en Polonia. Sin embargo, Tusk tardará meses en poder gobernar. El proceso será lento. Ley y Justicia no abandonará el poder fácilmente.

Y en Argentina se han vuelto a equivocar los sondeos. En este caso, también han errado los medios de comunicación de más de medio mundo. Los medios, unos más que otros, han hinchado el fenómeno Milei, ante la magnitud de su audiencia en las redes sociales y su capacidad de movilización en la campaña. Un espectáculo televisivo. Un auténtico fenómeno de masas, espoleado por la fenomenología digital, puesto que todos los personajes extremos y disruptivos acaban siendo muy atractivos en la lucha por el clic. Un candidato aparentemente aburrido, Ministro de Economía en un país que se halla al borde de la suspensión de pagos, con una inflación del 120 %, no genera mucha audiencia digital; un tipo greñudo que grita como un poseso en los mítines, armado con una motosierra, sí. Espectáculo y sorpresa. El día de las elecciones gana el candidato aparentemente aburrido y la motosierra se detiene.

¿Qué ha pasado? Un amigo de Buenos Aires me escribía el siguiente mensaje: “El peronismo vuelve a ser el dique de contención de la ofensiva ultra. Sé que desde Europa el peronismo es muchas veces incomprensible, pero en general es un movimiento de mayorías”.

Sergio Massa

La habilidad política del peronismo y el voto de las mujeres han dejado al iracundo Milei en segunda posición. Sergio Massa ha sabido aparecer como el candidato de la cordura ante el brutalismo libertario. Milei promete privatizarlo todo y a su vez plantea un programa de ruda disciplina social: reivindicación de la dictadura argentina, más policía y menos derechos para las mujeres, empezando por la prohibición del aborto. Por el momento, Milei sólo ha servido para hundir a la candidata del establishment conservador. Esperemos a ver cómo se plantea la segunda vuelta.

Datos de contexto que merece la pena tener en cuenta: Milei propone la dolarización de la economía argentina en plena guerra comercial entre Estados Unidos y China. Argentina tiene importantes reservas de gas natural y litio, materias primas fundamentales en la actual fase de transición energética en el mundo. Asesores del expresidente brasileño Jaïr Bolsonaro intervienen en la campaña del hombre de la motosierra y esa pista brasileña posiblemente nos conduzca a Steve Bannon, el estratega que lanzó la primera campaña electoral de Donald Trump y que le asesoró durante su primer año en la Casa Blanca. Bannon lleva años intentando construir una internacional de la extrema derecha del siglo XXI, un nuevo banco mundial de la ira.

‘Ira y tiempo’ (Siruela, 2006). Este es el título de un libro del filósofo alemán Peter Sloterdijk, por el que siento verdadera devoción. Nada más empezar, el profesor de Karlsruhe con bigotes de vikingo nos recuerda que en el principio fue la ira. “En el inicio de la primera frase de la tradición europea, en el verso introductor de ‘La Ilíada’, aparece, de manera fatal y solemne, la palabra ira: “La ira canta, oh diosa, del Pelida Aquiles…” Sostiene Sloterdijk que la Internacional Comunista logró constituirse durante más de veinte años (1919-1943) en el Banco Mundial de la Ira. Los trabajadores que se sentían injustamente explotados y los desposeídos de todos los países del mundo depositaban su ira en ese banco, que lo administraba mediante una continua elaboración de estrategias a escala planetaria: en unos casos acelerando algunos movimientos revolucionarios, en otros, frenándolos para ganar tiempo.

Peter Sloterdijk

Con el ascenso de Stalin, la Unión Soviética se convirtió en depositaria casi exclusiva de los intereses de ese banco mundial de la ira. La prioridad de los partidos comunistas de todo el mundo pasó a ser la consolidación de la URSS. A medida que esa prioridad se fue acentuando y deformando, la banca residenciada en Moscú perdió depósitos, primero después de la ocupación de Hungría (1956), y después con la sórdida invasión de Checoslovaquia (1968). En los años sesenta, compitiendo con los soviéticos, los jóvenes guardias rojos de la China de Mao intentaron poner en marcha otra banca mundial de la ira, que tuvo notable éxito en ciudades como París: los mismos universitarios que denunciaban la disciplina de sus padres burgueses, aceptaban la exaltada uniformidad agraria del presidente Mao. Francia fabrica grandes piezas teatrales.

No hay, por el momento, un nuevo banco mundial de la ira, aunque la extrema derecha parece querer constituirlo. Hay cajas de ahorro de la ira y émulos del Conde de Montecristo que predican la venganza, previa acumulación de capital. El multimillonario Trump sería uno de ellos. “En la situación globalizada -concluye el filósofo alemán- ya no es posible ninguna política de la equiparación del sufrimiento al por mayor que se construya sobre las reservas de injusticias pasadas que se presenten como redentoras del mundo”.

Ahora es el tiempo de los estallidos de ira en forma de géiser. Bufidos que pueden ser abrasadores: hacia la derecha o hacia la izquierda. La ira por los crímenes de Hamas en Israel. La ira por la brutal respuesta de Netanyahu. La ira Milei. La motosierra que se encasquilla. La ira que genera clics y las encuestas que se equivocan. La ira que quisiera capitalizar en España Isabel Díaz Ayuso si un día logra ver cumplido su sueño: liderar una candidatura a la presidencia del Gobierno. Están surgiendo verdaderos profesionales de la ira y está emergiendo también el voto corrector de muchas mujeres, que saben, como los antiguos griegos, que un exceso de ira puede traer desgracias.

La Vanguardia, Barcelona.