¿No qué no?

POR OCTAVIO QUINTERO

Al descubierto el criminal negocio de las farmacéuticas con los medicamento que curan.

Poco después de obtener el Nobel de Medicina (1993), el científico, Richard J. Roberts, viene denunciando año tras año que los grandes laboratorios farmacéuticos detienen el avance científico en la cura de enfermedades “porque curar no es rentable”. Su reiterada venía pasando por los medios de comunicación como los rayos del sol por el cristal…

Este año de gracia (2019), 26 años después de su laureada investigación, Roberts volvió a cargar contra las farmacéuticas, y su denuncia parece cobrar hoy más resonancia al coincidir con la reciente decisión de Pfizer, el gigante laboratorio que cayó en la evidencia de haber escondido uno de sus medicamentos (Enbrel), una de sus medicinas más populares para el tratamiento de la artritis reumatoide, que parecía reducir también el riesgo de alzhéimer en un 64%.

La noticia ha dado un salto cuántico de los medios alternativos a medios como The Washington Post y la BBC.

Pfizer, de hecho, justificó la decisión como “el resultado de un ejercicio de reasignación de gastos para enfocarnos en aquellas áreas donde nuestra cartera de productos, y nuestra pericia científica, son más fuertes”.

Pero, como acaba de develar The Washington Post, la empresa se cuidó de revelar que en su momento había optado por no comprobar ni compartir los resultados de un estudio con potenciales grandes implicaciones para la batalla contra el alzhéimer.

Lo dijo el Nobel hace años y lo reitera ahora: ¿hasta qué punto es válido que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, los cuales llegan a parecerse mucho a los de la mafia?

A menudo los grandes descubrimientos científicos nacen del azar como la manzana sobre la cabeza de Newton o el viagra, la célebre pastilla azul desarrollada para combatir la hipertensión arterial que terminó generando miles de millones de dólares como tratamiento contra la disfunción eréctil.

A ver si ahora sí le paramos bolas al Nobel, o mejor, se puede meter en cintura el criminal comercio de los laboratorios, exacerbado en el modelo de salud del mundo neoliberal, que le entregó su destino al sector financiero.

Luchas como ésta son las que hábilmente el sistema capitalista envuelve en mantos ideológicos para utilizar la opinión pública como idiota útil de sus perversos intereses particulares.

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@oquinteroefe