
POR DAX TOSCANO SEGOVIA
“Cambiemos la historia, hagamos buena política. Saquemos lo mejor de cada uno”, publicó Guillermo Lasso el 17 de junio de 2022 en su cuenta de Twitter. El levantamiento convocado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) se había iniciado el día 13 con la movilización de las bases indígenas de las regiones de la sierra y el oriente ecuatorianos, principalmente.
Leonidas Iza, presidente de la Conaie, hizo público los 10 puntos que el movimiento indígena planteó al gobierno para que el primer mandatario los atienda. La respuesta de Carondelet ante las primeras movilizaciones populares fue la de estigmatizar a quienes, agobiados por la situación crítica que vive el país, en el que la pobreza y la miseria se han hecho más evidentes, salieron a las carreteras para hacer escuchar su voz de protesta.
En la madrugada del 14 de junio, en San Juan de Pastocalle, en la provincia de Cotopaxi, efectivos de la Policía y el Ejército detuvieron a Iza. “Nadie está por encima de la ley. Los ecuatorianos no podemos ser víctimas de vándalos que solo quieren provocar el caos”, expresó en un mensaje a la nación el presidente Lasso.
Este hecho, a través del cual se buscaba amedrentar a la dirigencia de la Conaie, avivo más la protesta indígena que, indignada ante la aprehensión de su líder, radicalizó la protesta. La jueza Paola Bedón calificó de legal la detención de Leonidas Iza, sin embargo, ordenó su excarcelación, estableciendo medidas sustitutivas a la prisión provisional.
Días antes de la movilización indígena, el país veía como el sicariato y la delincuencia común contra los ciudadanos iban imponiéndose ante la falta de acción de las fuerzas del orden y de un presidente que con total indolencia declaraba a nivel internacional que los índices de violencia en el Ecuador “tampoco es algo escandaloso”.
A través de las redes sociales se ha podido evidenciar el accionar de los grupos criminales en distintos lugares del país, mientras la Policía no ha presentado resultados efectivos para el combate al crimen organizado y la delincuencia común. La falta de recursos y efectivos para llevar adelante esta tarea, han sido las razones que ha esgrimido la institución policial para el incumplimiento de sus funciones en forma eficaz. En varias ocasiones se ha visto circular imágenes de policías que huyen de los delincuentes o esconderse ante los mismos.
No ha sido este el accionar de los miembros de ese cuerpo represivo en estos días de movilizaciones populares. De repente, cientos de efectivos policiales, provistos de trajes especiales, truflay, bombas y gases lacrimógenos, movilizados en patrulleros, motos y hasta caballos, han arremetido contra los manifestantes en diversos lugares en los que se han concentrado las protestas a lo largo de estos días.
El discurso oficial, reproducido al unísono por los periodistas de los medios privados de comunicación, apoyado por abogados y políticos de la derecha ecuatoriana y, por supuesto, por los representantes de las cámaras de comercio, empresarios y una legión de fachos, racistas, ha calificado a quienes hoy luchan contra la injusticia social de vándalos, de salvajes, de criminales, de terroristas a los que el narcotráfico les estaría financiando.
Una misma matriz discursiva para estigmatizar la lucha social y de esa manera justificar la brutal represión que ya ha provocado la muerte de personas como la del comunero kichwa, Guido Guatatoca, asesinado en la ciudad del Puyo por un disparo de una bomba lacrimógena que habría penetrado por la parte frontal de su cabeza. El lunes 20 de junio, en Guayllabamba, el joven de 22 años, Jhonny Saúl Félix Muenala, cayó a un barranco donde se encontraría con la muerte. Él, junto a otros muchachos, huía de la represión policial.
El gobierno de Lasso tiene las manos manchadas de sangre, al igual que el de su antecesor Lenín Moreno. En octubre de 2019 la mano criminal de la entonces ministra de Gobierno, María Paula Romo, ordenó a la Policía contener con el máximo uso de la fuerza las manifestaciones, al punto de disparar en forma deliberada bombas lacrimógenas al rostro de quienes participaron en las protestas. La represión ordenada por María “Bala” Romo, como le bautizó el pueblo, provocó la muerte de 11 personas y 1340 heridos. Hoy, este tenebroso personaje de la política ecuatoriana tiene estrechos vínculos con el banquero que también pretende sostenerse a costa de golpear al pueblo con la fuerza policial y militar.
El accionar de la Policía y el Ejército no se debe únicamente a que cumplen órdenes emanadas de sus superiores. Sus integrantes son adoctrinados en los cuarteles y en los cursos a los que asisten en países como EE.UU., Taiwán o Israel para enfrentar todo movimiento, organización e ideas que combatan a los dueños del capital.
Las acusaciones del ministro del Interior, general Patricio Carrillo Rosero, contra los manifestantes a los que inculpa de estar financiados por el narcotráfico y la guerrilla colombiana, forman parte de esa política de los organismos represivos para justificar sus ataques a quienes salen a protestar contra un gobierno que está al servicio del capital transnacional, de los grandes empresarios y de la banca.
Guillermo Lasso es un gobernante ilegítimo. No se sostiene en el respaldo del pueblo, sino en la bota policial y militar. Y, por supuesto, en la mentira esgrimida por mercenarios de tinta y micrófono que no solo justifican la represión, sino las medidas que han conducido a un mayor empobrecimiento de la población, a la vez que tapan la ineptitud del banquero para conducir al país hacia un mejor destino.
Según un estudio publicado por Perfiles de Opinión, la aceptación de la gestión del presidente Lasso es de apenas del 16%. Altas tasas de desempleo, aumento constante de los productos básicos para la alimentación, carencia de medicinas, inexistencia de obra social y de infraestructura son otras de las razones por las que este gobierno es ilegítimo.
En estos días de manifestaciones, la Policía y el Ejército han demostrado un odio profundo al pueblo. No les ha importado lanzar bombas lacrimógenas a diestra y siniestra. La periodista ecuatoriana Elena Rodríguez ha reportado desde las manifestaciones y ha puesto en evidencia el uso descomunal de ese armamento, así como la utilización de aparatos de emisión de sonidos ensordecedores durante horas para aturdir a las personas que se encuentran en las protestas.
Manifestaciones pacíficas, en las que han existido expresiones populares también han sido repelidas con gases por la Policía. Carla Morán, estudiante de la UCE, relata que el 22 de junio en la Av. Patria, ubicada en el centro norte de la ciudad de Quito, la cantidad de gases lanzados por los uniformados contra los manifestantes fue tal que la gente salió ahogada, asfixiada, por lo cual se requirió la ayuda de los paramédicos.
El gobierno de Lasso ni siquiera ha guardado la compostura. El viernes 17 de junio circuló un borrador de un decreto de excepción firmado por el mandatario en el que se establecían restricciones a la comunicación y servicios de internet y telefonía móvil. Finalmente se publicó el Decreto 455, sin esas disposiciones que fueron retiradas ante el rechazo que generó. Este decreto, a su vez, fue sustituido por el 459 como una jugada política del ejecutivo que buscaba derogar el anterior. De esta manera, las fuerzas represivas siguen teniendo facultades mayores para irse en contra del movimiento popular.
En un hecho sin precedentes en tiempos recientes, la Policía allanó las instalaciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana con el pretexto de buscar armas que supuestamente estarían destinadas para el movimiento indígena. Luego de hacer una requisa, la Policía se apoderó de la las instalaciones de la institución para convertirla en cuartel. El centro de la cultura fue pisoteado por la bota policial.
La Policía irrumpió también en la Universidad Politécnica Nacional y lanzó ataques con gases lacrimógenos contra las instalaciones de la Universidad Católica y de la Universidad Central del Ecuador en la que, gracias a la presión del movimiento estudiantil, se ha dado acogida a los indígenas provenientes de distintos lugares del país, brindándoles ayuda solidaria en reciprocidad a la lucha que llevan contra el mal gobierno.
La derecha clama paz, pero la de los cementerios para el pueblo indígena, para campesinos y trabajadores. Mensajes racistas son difundidos en cuentas de los que dicen ser “quiteños de bien”. “Los buenos somos más”, pregonan, mientras personajes como el periodista Arturo Magallanes en su cuenta @Arturo_M13 hace un llamado a purgar a los indígenas, en alusión a la película The Purge o el del “emprendedor” de la red “Whiskys” con la cuenta @yeti62257195 que publicó que alguien le “acolite a dejar sándwiches con Racumin para estos HDP”, también refiriéndose a los indígenas o el del docente de la UTPL, abogado y pensador católico, como se describe en su perfil Alfredo Paredes Burneo que en su cuenta @aljoseparedes hace llamados a torturar a los indígenas y que vocifera que se bajaría un cargador contra los manifestantes.
“¡Piten, piten, no dejen de pitar, que el indio hijo de puta se tiene que largar!” gritaba un grupo de “señoras de bien” en la Av. de los Shyris, en la ciudad de Quito, el domingo 19 de junio. Son los mismos especímenes de fachos que el lunes 20 de junio, en horas de la noche, en Tumbaco, lanzaron sus vehículos contra los manifestantes, mientras los disparaban.
En un space de Twitter realizado el 17 de junio de 2022 bajo el título “CONAIE vs 17 millones de ecuatorianos” David Vinza @DavidVinza3 y Christian Vallejo Erazo @chrisvallejoerazo con un claro menosprecio hacia los indígenas, los calificaban de ignorantes y manipulables, mientras se lamentaban de que en el Ecuador no haya una ley como en EE.UU. que permita disparar a los manifestantes.
Un Pinochet para Ecuador es lo que desean estos personajes, disfrazados de demócratas y defensores de las libertades, cuando lo que buscan es mantener sus privilegios de clase. Y, por supuesto, no podían faltar Carlos Andrés Vera, Carlos Rojas, Ismael Quintana, Luis Espinosa Goded, Fernando López Milán, Felipe Rodríguez Moreno, Fernando Villavicencio, todos con alma de fachos, prestos a apoyar a que la Policía y el Ejército disciplinen a los salvajes que han decidido una vez más levantarse contra quienes los explotan y los han llevado a la miseria.
Hoy desprecian al pueblo indígena, a los campesinos que en diversos rincones del país han decidido decir basta. No le gusta a la oligarquía, a la clase media, pendeja e inconsistente, como decía Mario Benedetti, que los pueblos se levanten. No piensan en la comunidad, solo en sus privilegios, en su burbuja de confort. El indio es bueno cuando es sumiso, cuando es una pieza folklórica o cuando les sirve en sus propiedades.
Decía Dolores Cacuango: “Nosotros somos como los granos de quinua si estamos solos, el viento lleva lejos. Pero si estamos unidos en un costal, nada hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer”.

Lasso no comprende lo que es la buena política: servir y no servirse, buscar el bienestar de la comunidad y no la de su clase, mandar obedeciendo y no imponer su dominio a los otros para que le obedezcan.
Lo que Gio Bastidas, amigo, compañero comunicador y de lucha dice, permite concluir este escrito:
“La solidaridad no queda atrás, en el día 9 de la protesta se suman ciudadanos comunes a apoyar a la gente que viene de provincia con un pan, con agua, arroz y mucha comida. El accionar solidario da esperanza al corazón de la gente que lucha por un mejor presente, no violento.
Hoy en el día 10, con la bendición de mi madre saldré a manifestarme, no porque me falte algo, sino por la gente a la que le falta todo. La empatía mueve mis pies y mi voz, junto con amigos que se han ido sumando en este día, estaremos presente. No sabemos hasta qué punto la violencia del Estado nos garantice la vida, pero si nos callamos seremos cómplices del abuso, del olvido y del asesinato de mi pueblo”.