La geopolítica de la ciberseguridad: EE.UU. vs. Rusia y China

POR ALFREDO JALIFE-RAHME / 

En EE.UU., tanto el Pentágono, su Directorio de Espionaje Nacional, como el Council on Foreign Relations, se preocupan cada vez más por la “geopolítica de la ciberseguridad”. Hoy, EE.UU. parece estar rezagado frente al avance de China y Rusia en esta materia .

El muy influyente think tank Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York, ha lanzado su proyecto La geopolítica del ciberespacio, en el que cuenta cómo en los últimos cinco años las ciberoperaciones se han vuelto “una parte central de conflictos regionales y de competencia entre las superpotencias”.

El CFR ha creado un muy sesgado “rastreador de ciberoperaciones” donde exagera que “China, Rusia, Irán y Corea del Norte apadrinan 77% de las operaciones sospechosas” y que, solo en 2019, 76 operaciones fueron mayormente actos de espionaje.

¿A poco el angelical EEUU y su íntimo aliado Israel, con la carga del Stuxnet contra Irán a cuestas, no realiza hackeos?

A propósito, el gusano maligno computacional Stuxnet, que destruyó la quinta parte de las centrífugas nucleares de Irán, fue una creación conjunta de Israel y la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. (NSA, por sus siglas en inglés), de acuerdo con el legendario ciberespía de la NSA, Edward Snowden.

Seguramente, Rusia, China, Irán y Corea del Norte han de poseer sus propios “rastreadores”, pero ni los hacen públicos ni los usan con fines propagandísticos como suelen hacerlo en sus guerras publicitarias EE.UU. e Israel.

El Centro para una Nueva Seguridad Americana (CNAS) —con sede en Washington DC y muy cercano al expresidente Obama— divulgó tres artículos seriados sobre la cooperación en materia de defensa entre China y Rusia.

En el primero, Andrea Kendall-Taylor, David Shullman y Dan McCormick se enfocan en la Navegación de la cooperación en materia de Defensa entre Rusia y China y, en el segundo, Michael Kofman aborda la Liga de los Emperadores.

La serie cierra con broche de oro con el tema de la nueva geopolítica de la ciberseguridadUna mirada al futuro de la cooperación en ciberseguridad de Rusia y China”, de Adam Segal, en el portal War on the Rocks.

Adam Segal —experto estadounidense en ciberseguridad del CFR y autor del libro El orden mundial hackeado: cómo los países luchan, comercian, maniobran y manipulan en la edad digital— considera que en el 2012, la geopolítica, con un asentamiento histórico de más de 300 años, se transformó cuando el gobierno de la dupla Obama/ Biden confesó su participación en la Operación Juegos Olímpicos, que mediante ciberataques tuvo el objetivo de interrumpir el programa nuclear de Irán.

Acepta la balcanización del mundo sobre el gobierno de internet cuando el ciberespacio se ha convertido en un campo de batalla entre EE.UU. y las otras dos superpotencias: Rusia y China.

En su libro, Segal aduce que los “críticos recursos del poder estatal” se encuentran ahora en manos del sector privado del Big Tech de Silicon Valley, en EE.UU.

Este último aserto es parcialmente correcto ya que el Big Tech y su cibercracia es una convergencia de la bancocracia de Wall Street y el Big Tech bajo la sujeción del Pentágono, cuyo DARPA inventó internet. El Pentágono recupera su control del Big Tech mediante el Consejo de Innovación de Defensa (DIB, por sus siglas en inglés), que preside el israelí-estadunidense Joshua Marcuse, y cuyos integrantes aceptan que la Inteligencia Artificial opere bajo el dominio del Pentágono.

En cuanto a las otras dos superpotencias, Rusia y China, todavía el Estado regula internet.

Como si EE.UU. fuera una blanca paloma, Adam Segal tunde a los hackers de Rusia y China que “amenazan los intereses de EEUU”, cuando “desean reconfigurar internet para reducir la influencia de EE.UU.”.

Juzga que “Pekín y Moscú han deseado desde hace mucho controlar sus internets domésticos” y ahora “colaboran para rehacer el ciberespacio global a su propia imagen”. Se basa en la extensa Evaluación de amenaza mundial, publicada bajo la férula del entonces director del Espionaje Nacional, Daniel R. Coats, en enero de 2019.

Segal sentencia que en los pasados cinco años, Rusia y China colaboran para “apretar los controles en su internet doméstico” y “promueven la idea de cibersoberanía para disminuir la influencia de EE.UU. en la gobernación global del ciberespacio”. ¿Desea también controlar y dominar EE.UU. el ciberespacio total en detrimento de sus dos competidores, Rusia y China?

Segal considera que en la próxima década China y Rusia continuarán su “estrecha cooperación técnica y diplomática”, aunque todavía “no coordinan en operaciones ofensivas cibernéticas”.

Segal propone una revitalización de la ciberdiplomacia de EE.UU., que “procure un marco alternativo a la cibersoberanía” mediante la “edificación de una coalición que defina las normas de conducta en el ciberespacio”. ¿Por qué teme tanto EE.UU. la cibersoberanía ajena?

Días después de su publicación en War on the Rocks, Segal divulgó en The National Bureau of Asian Research (NBR) un ensayo de la cosmogonía china sobre la gobernanza global del ciberespacio y su concepto de cibersoberanía.

Segal acepta el “amplio desencanto con un internet desregulado” —se olvida de la desregulación financierista que llevó a la grave crisis de 2008— y pregona mediante términos vacuos y etéreos que “la defensa exitosa de un internet libre y abierto requiere confrontar a China y también reincorporarse a las organizaciones internacionales con un consenso más amplio en las democracias liberales sobre la privacidad y la libertad de expresión online”. Este etéreo concepto de Segal rebota cuando la cibercracia del GAFAM (Google/ Apple/ Facebook/ Amazon/ Microsoft) / Twitter opera una totalitaria censura tanto al interior —contra sus políticos y ciudadanos que no se someten al tercer mandato encubierto de Obama con Biden—, como con los países (léase: Australia) y ciudadanos críticos de las múltiples guerras de EE.UU. en el planeta.

El autor intenta amarrar navajas entre Rusia y China y resalta la vulnerabilidad de Moscú y sus “riesgos de espionaje” debido a su dependencia al 5G de la empresa china Huawei, lo cual devela en “el largo plazo, la asimetría tecnológica de Moscú con Pekín, en particular, en información comercial y tecnologías de la comunicación” ya que las “empresas rusas carecen el alcance global de las grandes firmas chinas” que “beneficia a China y no a Rusia”.

Segal abulta en forma grotesca la amenaza futura de China contra su socio ruso como si fuera un niño tonto fácil de engañar. La tan cantada asociación estratégica de Rusia y China, amén de su notable cuan conspicua complementariedad geoeconómica, debe de comportar deberes, obligaciones y cláusulas secretas, no se diga garantías, para que prospere la cooperación entre Moscú y Pekín.

Tanto Obama como Trump fracasaron rotundamente en buscar aislar selectiva y unilateralmente a Rusia y a China —cada uno por su lado—. El peor error fue de Obama quien arrojó a China a los brazos de Rusia cuando EE.UU., hoy con Biden, busca acercarse a China para marginar a Rusia usando a la Unión Europea como cobayo geopolítico de experimentación.

https://mundo.sputniknews.com/