Historia racista de la marihuana refleja necesidad de una reforma integral en lucha contra las drogas

POR JOHN HUDAK

En el debate en torno a la vigilancia, la justicia penal, la discriminación racial, y la equidad social, el tema de la Guerra contra las Drogas juega un papel central. Durante décadas ésta guerra ha sido una herramienta para atacar a los estadounidenses negros y marrones y cambiar las trayectorias de vida en millones de personas de esas comunidades. Las protestas y los debates políticos que se están dando en Estados Unidos buscan cambiar los procesos, las prácticas y las instituciones para que produzcan resultados.

La experiencia muestra que la política antidrogas de Estados Unidos ha contribuido a la inequidad racial.

La segunda edición de mi libro Marihuana: Una breve historia que será presentada este 30 de junio, explora las raíces explícitamente racistas de la política de cannabis en los Estados Unidos, así como los alcances de la guerra contra las drogas. Se pone de relieve cómo los políticos de todo el espectro ideológico dejaron pasar gran parte del siglo XX afectando a toda el hemisferio americano. Tanto este flagelo considerado una «droga de jazz» y un intoxicante, como las leyes que buscaban controlarla han impactado de manera muy negativa en asuntos de raza, etnia, desobediencia civil y otredad.

Mi libro analiza cómo los funcionarios del gobierno de Estados Unidos describieron primeramente el cannabis como una sustancia insidiosa que fluye a través de los inmigrantes provenientes de la frontera México. Luego, el gobierno modificó su visión y la conceptuó como una droga que se conseguía preferencialmente en las zonas centro de las ciudades y de alto consumo por parte de ciudadanos negros, al tiempo que mintió al respecto, lo que condujo al asesinato, la violación y la locura. Luego, los opositores políticos de Richard Nixon y Ronald Reagan diseñaron y aplicaron leyes para atacar a una variedad de grupos étnicos en toda la geografía estadounidense.

Cvr: marihuana

Un objetivo constante, todo el tiempo, ha sido el de expedir leyes que ataquen el consumo de cannabis especialmente en comunidades de color. A pesar de que las tasas de consumo de esta sustancia entre blancos y no blancos son similares, los afroamericanos son arrestados a un ritmo de casi 4 a 1, en comparación con los blancos. En una nación con casi 800.000 arrestos relacionados con el cannabis cada año, estas políticas afectan a un enorme número de estadounidenses.

En los últimos años, los estados y las localidades han aprobado reformas de legalización y despenalización en un esfuerzo por controlar el número de arrestos. En los estados en que se ha legalizado el consumo, las detenciones han caído dramáticamente; aunque en muchos de esos lugares, las disparidades raciales en cuanto a arrestos han cambiado poco.

La legalización o la despenalización son pasos en la dirección correcta y como se señala en el libro de mi autoría, tales políticas ayudan a arreglar el presente y el futuro, pero como es obvio no pueden cargar con el pasado.

En un esfuerzo por solucionar los daños de la guerra contra las drogas, algunos estados, a través de sus leyes de legalización y otros a través de cambios legislativos posteriores, han utilizado la eliminación de registros para delitos de cannabis de bajo nivel en un empeño por corregir esos errores. Sin embargo, el impacto de la Guerra contra las Drogas en general es más duradero e institucionalizado de lo que puede superar dicha eliminación.

Sin embargo, en el inmediato futuro la política respecto del cannabis en los Estados Unidos debe incluir la eliminación (preferiblemente, eliminación automática), pero también esfuerzos más integrales para ayudar a las comunidades devastadas por la Guerra contra las Drogas. La legalización del cannabis no deshace los arrestos anteriores, y la eliminación de registros no compensa los años y décadas de menos oportunidades educativas, laborales y de otro tipo como resultado de ese arresto por drogas. La eliminación de registros tampoco ayuda a las personas y familias que han sido afectadas negativamente por el arresto y/o encarcelamiento por drogas.

A medida que los estados legalizan el cannabis o intentan ajustar sus políticas de legalización, hay algunas áreas en las que la política puede ayudar a los más afectados por la Guerra contra las Drogas. Primero, debe haber un esfuerzo para volver a capacitar a la Policía, una vez aprobada la legalización, de manera que ayude a abordar las disparidades raciales existentes y actuales. Los Departamentos de Policía pueden usar los cambios en las leyes de cannabis como una oportunidad ideal para abordar algunos de los comportamientos, elecciones y prejuicios que contribuyen a las disparidades inexcusables que existen entre las personas de color y las tasas de arresto de los blancos.

Además, se deben implementar políticas más efectivas por parte de los estados para crear oportunidades en beneficio de las personas de color y de aquellas con condenas de bajo nivel. El acceso a las licencias comerciales es una parte crítica de ese proceso, pero también lo es la consultoría comercial gratuita para nuevos emprendedores y un mayor acceso a capital confiable. Ese acceso al capital no puede ser simplemente financiación para abrir un negocio, por cuanto que la experiencia muestra que incluso las empresas que despegan tienen problemas para prosperar, lo que lleva a la venta, fusión y cierre de negocios. Ayudar a los dueños de estos establecimientos a seguir siendo competitivos es clave.

Luego, como los estados gravan fuertemente el cannabis, especialmente en relación con otros productos de consumo, los gobiernos deben decidir los medios más efectivos para gastar ese dinero. Los estados han dirigido fondos hacia el transporte, la educación, los servicios de salud mental y la policía, entre otras áreas. La reinversión comunitaria, algo que mi colega Makada Henry-Nickie y yo llamamos «Agenda de Oportunidades de Cannabis«, es fundamental. Esto se puede lograr devolviendo los ingresos del cannabis a las comunidades negras y marrones, apoyando el tipo de actividad comunitaria y económica que mejora el bienestar y el logro de las personas al tiempo que reduce las tasas de delincuencia.

Durante décadas, el sistema de justicia penal en los Estados Unidos extrajo del dinero, los seres humanos y las oportunidades de la América negra y marrón. La industria legal del cannabis puede ayudar a devolver lo que se tomó. La historia de la política del cannabis demuestra que el racismo se institucionalizó y se hizo cumplir en comunidades específicas, y ahora es la legalización la que debe institucionalizar los medios para su recuperación.

@JohnJHudak

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