El reino de terror de Colón, uno de los capítulos más oscuros y crueles de la historia de América

EDICIÓN CRONICÓN.NET /

¿Quién en realidad fue Cristóbal Colón? Si el llamado descubridor de América estuviera vivo hoy, seguramente sería juzgado por crímenes contra la humanidad.

El reino de terror de Colón es uno de los capítulos más oscuros de la historia del continente americano. Así lo reseñan y confirman cantidad de testimonios recogidos a lo largo de la historia.

Sorprendentemente, Colón supervisó la venta de niñas nativas para la esclavitud sexual. Las niñas de 9 a 10 años eran las más deseadas por sus hombres. En 1500, Colón escribió sobre ello en su diario. Dijo:

“Cien castillos son tan fáciles de conseguir por una mujer como por una granja, y esto es muy general y hay muchos traficantes que buscan niñas; las de nueve a diez años están ahora en demanda”.

Colón obligó a estos pacíficos nativos a trabajar en sus minas de oro hasta que murieron de agotamiento. Si un trabajador “indio” no entregaba toda su cuota de polvo de oro antes de la fecha límite dada por Colón, los soldados le cortaban las manos y se las ataban al cuello para enviar un mensaje. La esclavitud era tan intolerable para esta dulce y gentil gente que en un momento cien de ellos se suicidaron en masa. La ley católica prohibía la esclavitud de los cristianos, pero Colón resolvió este problema. Simplemente se negó a bautizar a los nativos de La Española, isla en el Caribe que acoge a dos estados: República Dominicana y Haití.

En su segundo viaje al Nuevo Mundo, Colón trajo cañones y perros de ataque. Si un nativo se resistía a la esclavitud, le cortaba la nariz o una oreja. Si los esclavos trataban de escapar, Colón los quemaba vivos. Otras veces, enviaba perros de ataque para cazarlos, y los perros arrancaban los brazos y las piernas de los nativos que gritaban hasta morir. Si los españoles se quedaban sin carne para alimentar a los perros, los bebés arhuacos eran matados para darles de comer.

Los actos de crueldad de Colón fueron tan indecibles y tan legendarios – incluso en su época – que el gobernador Francisco de Bobadilla arrestó a Colón y a sus dos hermanos, los ató con cadenas y los envió a España para que respondieran por sus crímenes contra los arhuacos. Pero el rey y la reina de España, con su tesoro lleno de oro, perdonaron a Colón y lo liberaron.

Uno de los hombres de Colón, Bartolomé de las Casas, estaba tan mortificado por las brutales atrocidades del llamado descubridor contra los nativos que dejó de trabajar para él y se convirtió en un sacerdote católico de la orden dominica. Describió cómo los españoles bajo el mando de Colón cortaban las piernas de los niños que huían de ellos para probar el filo de sus cuchillas. Según De Las Casas, los hombres hacían apuestas sobre quién, con un solo golpe de su espada, podía cortar a una persona por la mitad. Dice que los hombres de Colón derramaban jabón hirviendo sobre los nativos rebeldes. En un solo día, De Las Casas fue testigo ocular cuando los soldados españoles desmembraron, decapitaron y/o violaron a 3.000 nativos. “Se cometieron tales inhumanidades y barbaridades a mis ojos sin paralelo en ninguna época”, relató el fraile dominico. “Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana que ahora tiemblo mientras escribo”, afirmó.

De Las Casas pasó el resto de su vida tratando de proteger a los indefensos nativos, pero después de un tiempo, no quedaban aborígenes que proteger. Los expertos coinciden en general en que antes de 1492, la población de la isla de La Española probablemente superaba los 3 millones de habitantes. A los 20 años de la llegada de los españoles, se redujo a sólo 60.000. En 50 años, no se pudo encontrar ni un solo habitante nativo original.

En 1516, el historiador español Pedro Mártir de Anglería, escribió:

“Un barco sin brújula, gráfico o guía, pero sólo siguiendo el rastro de los indios muertos que habían sido arrojados de los barcos podían encontrar su camino desde las Bahamas hasta La Española”.

Cristóbal Colón obtuvo la mayor parte de sus ingresos de la esclavitud, observó De Las Casas. De hecho, Colón fue el primer traficante de esclavos de las Américas. Cuando los esclavos nativos se extinguieron, fueron reemplazados por negros. El hijo de Colón se convirtió en el primer comerciante de esclavos africanos en 1505.

En síntesis, la retocada historia oficial ha sido escrita y contada por criollos que se han creído de linaje real español, dejando archivados muchos pasajes macabros como los descritos. Por otra parte, las estadísticas más recientes cuentan que Colón, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Sebastián de Belalcázar, y demás protagonistas sanguinarios de la  Conquista y la Colonia, torturaron y asesinaron  a más de 60 millones de aborígenes latinoamericanos.

Esto es lo que la corrupta y caduca dirigencia de los diversos países de América Latina han llevado a varias generaciones a celebrar, conmemorar, honrar y homenajear durante siglos a un extranjero invasor, esclavista, violador, ladrón y genocida peor que los peores criminales de la historia como Herodes, Nerón, Napoleón Bonaparte, Adolfo Hitler, Francisco Franco, Benito Mussolini, José Rafael Videla, Augusto Pinochet, Álvaro Uribe Vélez, Jair Bolsonaro, todos los mandatarios de Estados Unidos, entre muchos otros.