El nuevo panorama político en Brasil: se embolata reelección de Bolsonaro

POR EMIR SADER /

Jair Bolsonaro sufrió una derrota categórica en los balotajes celebrados el domingo 29 de noviembre en São Pablo y Rio de Janeiro, entre otras capitales, de la que surge un cuadro político incierto en Brasil. En lo inmediato vio como sus adversarios ganaron posiciones tácticas y en el largo plazo percibe que su reelección no puede ser dada como segura. El fantasma de «Jair el breve», aquel líder de ultraderecha de ascenso vertiginoso que gobernó solo un mandato, comienza a sobrevolar Brasilia.

Bruno Covas del derechista pero no fascista, Partido de la Socialdemocracia de Brasil (PSDB), fue reelecto en São Pablo y de inmediato festejó junto a su correligionario, el gobernador Joao Doria, precandidato a la presidencia en 2022. Bolsonaro ya era un perdedor seguro en esa metrópolis que es la locomotora nacional, dado que su apadrinado, Celso Russomano, ni siquiera había logrado pasar a la segunda vuelta en las elecciones 15 de noviembre.

Nuevo panorama electoral

En la primera vuelta de las elecciones municipales en Brasil, el resultado fue claro:

– Derrota estrepitosa de Bolsonaro.

– Victorias de la oposición de derecha.

– Victorias de la oposición de izquierda.

En la segunda vuelta, sobre un total de 55 ciudades, todas con más de 200 mil electores, ninguno de los candidatos apoyados por Bolsonaro logró elegirse. Al contrario, perdieron apoyo cuando Bolsonaro manifestó su apoyo. Porque el presidente de Brasil perdió popularidad en 22 de las 26 capitales en Brasil. Particularmente grave para él es tener apoyo – entre bueno óptimo – del 22% en São Paulo, teniendo un 54% de mal y pésimo -, lo cual representa un nivel inédito de rechazo en la principal provincia del país.

Situación especial fue la de Rio de Janeiro, que había elegido, hace cuatro años, el primer alcalde evangélico de Brasil. Marcelo Crivella sufrió una derrota espectacular, obteniendo alrededor de un tercio de los votos en segunda vuelta. Así Bolsonaro no logró entrar en São Paulo y perdió el gran aliado que tenía en Rio de Janeiro.

El resultado más claro de las elecciones municipales fue el rechazo a Bolsonaro, entre opositores de la derecha y de la izquierda. Aquellos fueron los que obtuvieron mejores resultados, ganando, entre uno y otro partido, gran parte de las alcaldías del país, incluso la de Rio de Janeiro. El PSDB siguió perdiendo fuerza a nivel nacional, pero retuvo su bastión tradicional en São Paulo.

La izquierda tuvo victorias y derrotas. El eje moderado PDT-PSB tuvo victorias en varias alcaldías; el Partido de los Trabajadores (PT) recuperó parte de lo que había perdido hace cuatro años, en el auge de la ofensiva de la derecha, que llevó al golpe contra Dilma Rousseff; el PSOL logró una alcaldía en Belem, en el norte de Brasil, en alianza con el PT.

Jair Bolsonaro.

La izquierda tuvo dificultades en esta campaña por su corta duración y por el hecho de que se ha desarrollado en plena cuarentena, sin posibilidades de comercio y reuniones populares. Basta con decir que el más grande líder político y comunicador de masas de Brasil, Lula, no pudo salir a hacer campaña por todo el país, a favor de los candidatos que él ha apoyado. La campaña ha sido así, fría, corta, vía televisión e internet, medios que no suelen llegar a las masas más periféricas de los grandes centros urbanos, donde Lula y el PT tienen gran apoyo.

Brasil sale de las elecciones municipales, a pesar de todo, mejor, por la derrota estrepitosa de Bolsonaro, que se suma a la derrota de su líder Trump, para generar la situación de más grande debilidad de gobierno desde su inicio. Justo en el momento en que se avecina una gran crisis, por el deterioro de la situación económica y social, además del nuevo rebrote del coronavirus, que eleva el número de víctimas. El gobierno, debilitado, ha perdido prestigio junto a los empresarios, que ya no creen en las promesas del ministro de economía, Paulo Guedes, que ve el mismo Bolsonaro violar sus normas de ajuste fiscal para buscar apoyo popular, al mismo tiempo que la desarticulación política del gobierno le impide avanzar en sus propuestas de privatizaciones.

Los resultados electorales presentan un cuadro en que la gran mayoría de los brasileños rechazan a Bolsonaro, aunque una parte importante de esas fuerzas sea de derecha, está en contra de Bolsonaro, pero apoya políticas económicas neoliberales.

Para la izquierda se presenta el desafío de ganar a amplios sectores que rechazan a Bolsonaro, pero están todavía bajo influencia de partidos de derecha. Al final de la cuarentena, las condiciones políticas cambian muy favorablemente a la izquierda, que podrá retomar actividades de masa –antes que todo, Lula-, convocando movilizaciones que expresen el rechazo a Bolsonaro en las plazas públicas de todo el país.

En ese momento empieza la coyuntura electoral del 2022, para tener a un candidato del PT –Lula o Fernando Haddad-, a uno de la alianza PDT-PSB– Ciro Gomes, a varios candidatos de la derecha y al mismo Bolsonaro. Las fuerzas de la derecha se apoyarán en la segunda vuelta favoreciendo al más votado en la primera. El panorama de la derecha todavía no está claro pero un elemento a tener en cuenta es el debilitamiento de Bolsonaro, que, sin embargo, sigue siendo el más probable candidato de la derecha, en contra del candidato del PT, favorito para ir a la segunda vuelta.