Ejército de EE.UU., uno de los grandes responsable del colapso ambiental en el mundo

POR SAM CARLINER /

El Ejército estadounidense emite más carbono que 140 países juntos, lo que alimenta la crisis climática y la degradación ambiental. A continuación, analizamos cinco formas en las que el Pentágono está destruyendo el medio ambiente.

El verano de 2021 ha sido una temporada alarmante para las noticias climáticas. Los incendios masivos se han desatado desde California hasta Europa; los países del Sur Global se han visto afectados por sequías mortales e inviernos históricos; y el pasado 9 de agosto, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) publicó un informe que confirma lo que mucha gente ya sabía: la crisis climática ya está aquí.

Durante los últimos tres años, los principales científicos del clima han argumentado que el aumento de la temperatura promedio global debe permanecer por debajo de 1,5 grados Celsius para evitar los peores impactos de la crisis climática. El reciente informe del IPCC sugiere que la humanidad ha superado el punto en el que es posible alcanzar ese límite.

Left Voice ha reportado regularmente cómo la crisis climática es el resultado del sistema capitalista, incapaz de responder a una amenaza tan universal y de rápida evolución para la humanidad. Mientras los capitalistas siguen haciendo lo suyo para alimentar el desastre global, el Pentágono, uno de los bastiones del estado imperialista, merece una mención notable por su papel en la crisis climática. El ejército de los Estados Unidos, con sus 800 bases extranjeras plantadas en todo el mundo para hacer cumplir la voluntad del imperio estadounidense, es un contaminante más grande que 100 países juntos. Estas son cinco de las formas en las que el Pentágono está llevando a cabo el cambio climático.

Mantener en funcionamiento el imperialismo

Como se señaló anteriormente, el Ejército de los EE.UU. consta de casi 800 bases en países y territorios extranjeros. Mantener todas estas bases en funcionamiento y conectadas también requiere una red masiva de transporte, incluidos barcos y aviones, e infraestructura como energía y agua. En un artículo en Newsweek cuentan que en 2017 “el Ejército de Estados Unidos compró alrededor de 269.230 barriles de petróleo por día y emitió más de 25.000 kilotoneladas de dióxido de carbono al quemar esos combustibles”. La investigación del proyecto Costs of War de la Universidad de Brown muestra que de 2001 a 2017, las “operaciones de contingencia en el extranjero” de Estados Unidos en Afganistán, Pakistán, Irak y Siria han producido 400 millones de toneladas de emisiones de CO2. Otros hallazgos de Costs of War muestran que la guerra en Afganistán resultó en la tala ilegal que ha llevado a la destrucción de hábitats de vida silvestre, y la invasión a Irak ha aumentado las tasas de cáncer y anomalías congénitas.

Quema de combustibles

Uno de los mayores contribuyentes a la crisis climática es la quema de combustibles fósiles. Como se mencionó anteriormente, el Ejército de los EE.UU. consume enormes cantidades de combustible fósil. Sin embargo, su papel en el uso de combustibles fósiles va mucho más allá de su propio consumo: se ha construido toda una economía mundial en torno a la extracción barata de petróleo. Los sectores capitalistas encargados de los combustibles fósiles pudieron construir una economía de este tipo utilizando al Ejército de los EE.UU. para asegurar violentamente sus intereses. Esta protección violenta de los intereses de los combustibles fósiles fue uno de los principales impulsores de las guerras militares estadounidenses en Medio Oriente.

Nunca sabremos la contribución exacta del Pentágono al calentamiento global, pero podemos calcular el pico extremo en la producción de petróleo como resultado de que el capital estadounidense se apodere de Irak con la ayuda del Ejército de los Estados Unidos. En 2016, Irak produjo más de 4 millones de barriles de petróleo por día, más del doble de lo que producía en 2003, el año de la invasión estadounidense.

El entrelazamiento de la hegemonía imperialista estadounidense a principios del siglo XXI y la producción de petróleo ha creado una batalla cuesta arriba para la transición a las energías renovables. Incluso con los beneficios claros para el planeta de la tecnología eólica y solar, los sectores de capital más influyentes continuarán respaldando la extracción de combustibles fósiles. Entre el capital financiero, que tiene miles de millones de dólares invertidos en petróleo con la expectativa de ganancias, y la industria de los combustibles fósiles, que han invertido en costos altísimos en la infraestructura de extracción, los sectores de capital más influyentes continuarán oponiéndose a una economía construida en torno a la energía verde.

Esta inversión continua en petróleo significará una erogación continua en guerras de recursos. Algunas figuras del Departamento de Estado y del Pentágono de los Estados Unidos vienen discutiendo sobre la necesidad de que Washington compita con Rusia en el Ártico por las nuevas rutas comerciales emergentes y las reservas de petróleo subterráneas.

Daño a las comunidades indígenas

Los pueblos indígenas de todo el mundo han estado a la vanguardia de la protección del medio ambiente. Muchas comunidades aborígenes han luchado valientemente para proteger su tierra del imperio estadounidense y su habilidad para destruir ecosistemas enteros.

De hecho, la historia del Ejército de los EE.UU. se basa en una guerra contra los nativos y sus tierras. Este fue el legado de las “Guerras Indígenas Americanas”, en las que el Ejército estadounidense fue utilizado para colonizar América del Norte y ejecutar el genocidio de los nativos, así como el robo de tierras y recursos. Este poderío militar moderno continúa representando una amenaza para las comunidades indígenas y su tierra al mantener bases extranjeras. Si bien la violencia militar de Estados Unidos contra los pueblos indígenas ha continuado, también lo ha hecho la resistencia liderada por las comunidades indígenas. Por ejemplo, en Okinawa, la presencia del Ejército estadounidense ha sido objeto de una oposición significativa. Actualmente, los habitantes de Okinawa están tratando de detener la construcción de una nueva base que destruiría los cementerios para las víctimas de la guerra y representaría una amenaza para 262 especies diferentes en peligro de extinción.

Es probable que la presencia militar de EE.UU. en la región de Asia y el Pacífico se convierta en un foco aún mayor de la administración de Biden, ya que pone más énfasis en la competencia con China. Esto hace que sea aún más esencial que un movimiento ambiental internacional se solidarice con las comunidades indígenas en islas clave para las operaciones estadounidenses en el Pacífico, como en Okinawa, Hawái y Guam.

Producción de desechos peligrosos

La presencia destructiva de las bases militares estadounidenses no se limita a suelo extranjero. En todo Estados Unidos, las bases militares han producido sustancias químicas tóxicas que afectan gravemente la salud de las comunidades cercanas a éstas. Una de las peores formas de contaminación militar en los Estados Unidos es una espuma sintética conocida como AFFF.

Desarrollado por la Marina de los EE.UU. en la década de 1960, se ha demostrado que este químico causa todo tipo de problemas de salud inmunológica, hormonal y reproductiva que a veces son fatales, así como varios tipos de cáncer. Debido al uso regular de la sustancia química por parte de los militares en ejercicios de entrenamiento en cientos de bases en Estados Unidos, la espuma se ha estado filtrando en el agua y el suelo en todo el país, envenenando a las comunidades mientras los militares eluden la responsabilidad.

En respuesta a varias demandas colectivas, el Pentágono ha comenzado a deshacerse de su suministro de AFFF incinerándolo, creando una forma completamente nueva de envenenamiento a gran escala.

Nunca hay fondos para combatir la crisis climática

En los Estados Unidos, constantemente se afirma que no hay dinero para implementar medidas integrales que permitan combatir la crisis climática. El transporte público, la infraestructura verde, la energía solar, etc. se consideran “demasiado costosos”.

La verdad es que el dinero para tales proyectos existe, pero va al Pentágono. En 2015, los militares recibieron el 54 por ciento del presupuesto federal, y cada nuevo presupuesto aumenta aún más los fondos para el Pentágono. La administración Biden ya solicitó un presupuesto de defensa para 2022 que aumentaría el gasto militar en un 1.6 por ciento en comparación con este año.

Los US$715 mil millones que Biden solicita para gastos militares en este presupuesto podrían destinarse a proyectos de infraestructura verde. Por ejemplo, si se asignara un presupuesto anual de US$715 mil millones para reemplazar la red eléctrica de los EE.UU. con energía renovable, solo tomaría un poco más de ocho años reemplazarla completamente. También hay muchos proyectos más pequeños que podrían lograrse con el valor de un año del dinero solicitado para el presupuesto militar de 2022. Los $715 mil millones son más que suficientes para cubrir el costo de los botes necesarios para limpiar el Gran Parche de Basura del Pacífico, una isla de deshechos dos veces más grande que Texas que actualmente flota entre California y Hawai.

El capitalismo mata a través de la crisis climática cuando la gente en Texas muere congelada porque su red eléctrica se colapsa en el invierno y cuando la en el noroeste del Pacífico se presentan olas de calor sin precedentes. El capitalismo mata privando a los países más explotados de alimentos y agua y sometiendo a las comunidades oprimidas de los países imperialistas al racismo ambiental.

Traducción: Gloria Grinberg.

Left Voice