Ecuador versus Ecuador

Ilustración: Vilmatraca.

POR AITOR GARAGARZA CAMBRA /

Este artículo pretende ser un acercamiento a aquellos factores claves para entender el contexto actual en Ecuador después del acceso a la Presidencia del país del multimillonario y cuestionado banquero Guillermo Lasso Mendoza así como los posibles elementos irradiadores de un futuro cambio.

Atrás queda el decenio (2007-2017) de la Revolución Ciudadana en Ecuador. A pesar de las dificultades, contradicciones y errores que atraviesa todo proceso de cambio, los datos que arroja el mandato de Rafael Correa Delgado son abrumadores: disminución de la pobreza, mejora y universalización de la educación, distribución de la riqueza, control público sobre los recursos naturales, reconocimiento de la plurinacionalidad, inversiones en infraestructuras estratégicas para el desarrollo del país…

¿Pero cuál es la situación actual en Ecuador tras la traición de Lenín Moreno Garcés y la posterior victoria de las elecciones presidenciales del multimillonario Guillermo Lasso?

Vuelta a la necropolítica

Tras un periodo en el cual la intervención del Estado en diferentes ámbitos fue clave en la construcción de un país más justo y solidario, tanto en el mandato de Lenín Moreno como en el de Guillermo Lasso el rol del Estado se transforma completamente, volviendo nuevamente a las políticas de desposesión de la mayoría de la sociedad en favor de unas pocas personas. Lo que en esta parte del globo terráqueo se traduce en última instancia en vidas humanas. Por mencionar algunos datos:

– Desmantelamiento de los servicios públicos y de las políticas sociales. El gasto en la sanidad pública, en plena pandemia, se redujo un 7,99% en comparación con 2019.

– Aumento de la pobreza y vuelta al éxodo migratorio. Antes de la pandemia, en diciembre de 2019, la pobreza por ingresos aumentó un 25%, y en plena pandemia, en diciembre de 2020, un 32%. Aunque en 2022 los datos hayan mejorado, se tiene que tener en cuenta que se trata de un rebote tras una caída muy fuerte.

En 2019, la emigración aumento un 4,62% y en 2021, las remesas exteriores incrementaron un 31%. Llegando a los datos de principios de siglo, ya que desde 1998 no se vivía una ola migratoria tan importante. En muchos casos de forma «ilegal» y poniendo sus vidas en peligro.

– Guerra entre pobres y desfragmentación de las clases populares. El año pasado la tasa de homicidios se situó en 13,13 homicidios por cada 100.000 habitantes, el peor índice de los últimos 10 años. Este pasado mes de abril se doblaron las cifras respecto al año anterior. Atrás quedan los datos que situaban a Ecuador como el segundo país más seguro de América Latina.

Mientras tanto, el Estado vuelve a legislar para una gran minoría, sin ni siquiera tener en cuenta a esa clase media con aspiraciones meritocráticas que auparon al presidente Lasso. Cabe destacar la reforma tributaria en la que el peso recaudatorio recae sobre las clases medias y populares. Incluso la oligarquía industrial local entra en conflicto con las aspiraciones de la burguesía financiera.

Existe una percepción extendida de que el país está volviendo a los años 90 y el descontento es generalizado. Está por ver quién y cómo es capaz de capitalizar ese descontento social.

Crisis política y elecciones regionales

Recientemente, a iniciativa del correísmo, se ha iniciado el proceso para cesar a la presidenta de la Asamblea Nacional, Guadalupe Llori, del partido indígena Pachakutik, organización que apoyó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales al actual mandatario frente al candidato correísta Andrés Arauz. Hay que recordar que el presidente Lasso no cuenta con una mayoría parlamentaria en la Asamblea Nacional.

La iniciativa ha generado una nueva mayoría entre diferentes grupos políticos y asambleístas independientes. Este movimiento táctico también abre la puerta a que el correísmo controle ciertos estamentos claves en la gestión del Estado.

El próximo mes de febrero se celebrarán elecciones provinciales y municipales. Comicios que se tornan clave para la Revolución Ciudadana, movimiento liderado por el expresidente Correa. Es de gran importancia recuperar enclaves como la capital del país, Quito, o conseguir un mayor equilibrio territorial entre la costa y la sierra. En las últimas elecciones, los resultados en la sierra no fueron del todo satisfactorios y, a la postre, eso puede relegar a convertirte en un partido «regionalista». Es el caso del ultraconservador Partido Social Cristiano, con gran influencia en Guayaquil, pero al que le condena en el resto del país.

Habrá que ver si en esta próxima cita electoral o los comicios presidenciales de dentro de dos años, como sucedió en las anteriores, el eje «correísmo vs. anticorreísmo» va a ser el principal centro de polarización. Las alianzas son bien complejas en este país, formaciones/movimientos que se dicen de izquierdas como Pachakutik, Acción Ecologista o la Unidad Popular en la anterior cita electoral terminaron siendo funcionales a la derecha, incluso pidiendo el voto para el candidato de la oligarquía financiera.

Octubre de 2019, alzamiento popular y movimiento indígena

Aun así, el escenario es imprevisible y puede que en cualquier momento una pequeña chispa sea el detonante de un nuevo levantamiento popular. No sería la primera vez en la historia de Ecuador que las movilizaciones logran destituir al presidente del Gobierno. En el imaginario colectivo popular está muy presente esta opción.

Si bien en 2019, tras casi 15 días de paro nacional, no consiguieron destituir al expresidente Lenín Moreno, el movimiento logró una victoria parcial paralizando la eliminación de los subsidios a la gasolina. El movimiento indígena, liderado por la Conaie fue clave en la insurrección popular de 2019 y hoy en día sigue siendo el único movimiento a nivel nacional capaz de paralizar el país.

Pero, en este momento, el movimiento indígena está totalmente dividido entre la Conaie, su dirección ideológica, y su expresión partidista, Pachakutik. Leonidas Iza, situado en el ala izquierdista y ahora presidente de la Conaie declaraba recientemente que «vamos a limpiar a Pachakutik».

La pugna interna entre los llamados «ponchos dorados», dirigentes indígenas con gran capacidad adquisitiva o que se han aprovechado de su posición para enriquecerse, y el ala izquierdista del movimiento indígena son públicos. En abril, seis asambleístas fueron expulsados del grupo parlamentario de Pachakutik por sus discrepancias en el apoyo sistemático de este partido a las políticas neoliberales de Lasso. Mario Ruiz publicaba en redes sociales que «si por defender a la Pachamama del extractivismo, el patrimonio nacional y social de nuestros hijos de privatizaciones y al pueblo de los banqueros la cúpula de Pachakutik nos expulsa, que sean las bases y el pueblo los que juzguen».

Está por ver de qué lado se decanta la balanza y si las pugnas internas que atraviesa el movimiento indígena no son un obstáculo en la canalización del descontento popular, vía paro nacional, como en octubre de 2019. En ambos casos, las posibles alianzas que pudiera construir el correísmo con aquellos sectores indígenas combativos serían claves.

Reconfiguración del correísmo y nuevos liderazgos

En este contexto, el correísmo se encuentra en una fase de reconstrucción interna. Tras la apropiación de Lenín Moreno de Alianza País, se ha tenido que crear desde cero un nuevo partido político. Actualmente, está en marcha una campaña de afiliación por todo el país, hace poco se inauguró un centro de formación política y se están abriendo nuevas sedes partidarias.

Es cierto que la anterior formación política se construyó desde posiciones de gobierno en diferentes instituciones del Estado, basado en un fuerte liderazgo de Rafael Correa, creando una gran maquinaria electoral, sin dar demasiada importancia a la construcción de un partido de masas que fuera capaz de articular el movimiento de base generando nuevos cuadros que emergieran desde lo popular. La traición de Lenín Moreno sigue pesando y está por ver si esta vez la Revolución Ciudadana es capaz de articular un partido-movimiento más allá de la asunción de las estructuras de gobernabilidad.

Además, no se puede pasar por alto la persecución judicial indiscriminada y masiva a la que está siendo sometido el correísmo. Muchos de sus exdirigentes y cargos públicos se encuentran en el exilio, como es el caso del expresidente Rafael Correa, a quien Bélgica le acaba de reconocer oficialmente el estatus de refugiado político. Aun en el exilio, el liderazgo y peso del exmandatario sigue siendo indiscutible a día de hoy.

Está por ver si el movimiento es capaz de afrontar y cerrar definitivamente sin fisuras la crisis de liderazgo que sufre desde 2017. Con la mirada puesta en las elecciones de febrero, el baile de nombres, cargos y pugnas internas ha comenzado. Existe el peligro de que los nuevos liderazgos que surjan sean una coartada para la obtención de cargos.

Ilistración: Vilmatraca para el medio digital comunitario www.wambra.ec

Por eso, es de suma importancia que el partido se fortalezca en el territorio con nuevos liderazgos que surjan desde lo popular. Eso ayudaría a generar nuevos cuadros políticos, que deberían confluir con los antiguos liderazgos, no sin tensiones.

Tensiones que se han dado en algunas ocasiones entre las nuevas generaciones y algunos antiguos líderes, siendo el aborto una cuestión crítica. Es un tema que causas fricciones en el seno de la Revolución Ciudadana. Así como en otros países de América Latina los partidos progresistas han conseguido, en cierta manera, converger con el movimiento feminista; en Ecuador no parece que esto vaya a ser posible a corto plazo. Un movimiento, el feminista, que en Ecuador demostró gran capacidad de movilización el pasado 8 de marzo.

Más allá de las dificultades internas y externas, hoy día el correísmo es el único y principal actor que puede romper con las necropolíticas de Lasso y sus aliados, planteando nuevos horizontes para la transformación social en Ecuador. Del éxito o del fracaso de los retos a los que se enfrenta a corto y medio plazo dependerá la capacidad de capitalizar el descontento social existente.

Irrumpe Coordinadora Nacional por la Revocatoria del Mandato de Lasso

Dentro de ese contexto, irrumpió el liderazgo del reconocido abogado guayaquileño Pedro Granja, quien acudió el pasado lunes 9 de mayo al Consejo Nacional Electoral (CNE) en Quito con el propósito de retirar el Plan de Gobierno (certificado) del banquero Guillermo Laso Mendoza y su binomio Alfredo Borrero Vega, a fin de iniciar las acciones pertinentes que posibiliten su revocatoria del mandato.

El abogado Pedro Granja retiró el Plan de Gobierno (certificado) del banquero Guillermo Laso Mendoza y su binomio Alfredo Borrero Vega, a fin de iniciar las acciones pertinentes que posibiliten su revocatoria del mandato.

El jurista Granja viene coadyuvando en la consolidación de un gran movimiento de carácter ciudadano sin bandería partidista que sea el que lidere el cese de funciones del banquero y evasor de impuestos que hoy funge como inquilino de Carondelet, quien además, por su improvisación, incapacidad y total falta de liderazgo, a duras penas tiene una aprobación del 21%, según el último sondeo realizado por la firma encuestadora Perfiles de Opinión.

En tal sentido, el abogado guayaquileño ha contribuido a organizar e integrar la Coordinadora Nacional por la Revocatoria, bajo el lema “el poder vuelve al pueblo”.

Granja explicó que dicha coordinadora que ya comenzó sus actividades de convocatoria ciudadana en todas las provincias del Ecuador, está integrada por jóvenes, mujeres, jubilados, campesinos y estudiantes.

Anunció igualmente que el miércoles 25 de mayo a las 9:00 de la mañana varios promotores de la Coordinadora Nacional por la Revocatoria de Lasso-Borrero se darán cita en Quito, en las instalaciones del CNE, con el fin de solicitar los formularios de recolección de firmas para iniciar la campaña en todos los rincones del país.

De esta manera, se pone en marcha el proceso para revocarle el mandato a Lasso, quien ha demostrado en el primer año que cumple de gestión este 24 de mayo, improvisación e incapacidad para gobernar, llevando a Ecuador a la crisis socioeconómica e institucional por la que actualmente está atravesando.

Gara, País Vasco.