Chile renueva su liderazgo tanto en la izquierda como en la derecha: amplias posibilidades del progresismo de ganar elecciones presidenciales en noviembre

Gabriel Boric, candidato de izquierda y el neopinochetista Sebastián Sichel, aspirante presidencial de la ultraderecha que se presenta como “moderado”.

POR EMIR SADER /

La victoria de Gabriel Boric Font en las primarias del pasado domingo 18 de julio representa un triunfo para el Frente Amplio, integrado por movimientos, partidos y sectores progresistas, y lo proyecta como un fuerte candidato en las elecciones presidenciales de noviembre en Chile. Propone un cambio de modelo económico que dé entierro de tercera al criminal neoliberalismo que se impuso a sangre y fuego en Chile a partir de la homicida dictadura de Pinochet.

Lo que debería haber sido solo la definición de candidatos de derecha e izquierda para las elecciones presidenciales de noviembre en la nación austral resultó representar cambios importantes en los principales aspirantes en la competencia por llegar al Palacio de la Moneda en los comicios previstos para el próximo mes de noviembre.

El sistema electoral preveía consultas internas con cada fuerza para definir quién sería su candidato presidencial. Solo un bloque de derecha y otro de izquierda eligieron esta opción democrática. Otras fuerzas, incluida la alianza del Partido Socialista con la Democracia Cristiana -la Convergencia- que había gobernado el país hasta hace poco, no hicieron uso de este tipo de consultas.

La primera sorpresa positiva fue la participación de la población, mayor que en consultas anteriores. Pero el fenómeno principal de esta mayor participación fue el de los jóvenes, que ciertamente tuvo mucho que ver con los sorprendentes resultados. Desde que Chile puso fin al voto obligatorio, ahora en proceso de revisión en el Congreso, ha reducido drásticamente la participación en las elecciones, alcanzando niveles muy bajos. Los principales ausentes fueron los jóvenes, víctimas privilegiadas de las campañas de descrédito político. Algunas generaciones ni siquiera sacaron el título electoral.

Esto empezó a cambiar con las grandes movilizaciones que comenzaron en 2019, que pasaron por un plebiscito y llevaron a la convocatoria y elección de una Convención Constituyente, que ha iniciado la redacción de una nueva constitución para Chile. Los jóvenes fueron los protagonistas de estas manifestaciones y empezaron a votar en proporciones cada vez mayores.

En la consulta interna de derecha e izquierda, el reflejo fue un cambio en los resultados pronosticados por las encuestas. A la derecha, el principal líder histórico, el veterano pinochetista, Joaquín Lavín, presentado como candidato a las elecciones presidenciales, fue derrotado por un político que era de la Democracia Cristiana (DC) y se presentó como un independiente, Sebastián Sichel, un neopinochetista que trata de mostrarse con posiciones más moderadas para tratar de disimular su ideología ultraconservadora.  Su victoria también representa un obstáculo para que la DC tenga su propio candidato, dado que Sichel ya recibió votos de esa corriente, se dio a conocer y derrotó a la extrema derecha. El centro o la búsqueda de candidatos desde una “tercera vía”, reduce su espacio.

Algo similar, pero mucho mayor, sucedió en el campo de la izquierda. Primero porque, mostrando su fuerza, la consulta de izquierda tuvo más participación que la de derecha, demostrando cómo compite con buenas perspectivas para las elecciones del 21 de noviembre.

Segundo, porque diseñó una candidatura para la renovación de la izquierda, que fue construida durante la campaña, liderada por el Frente Amplio – la alianza de varios grupos de la nueva izquierda chilena, que surgió en el marco de las movilizaciones estudiantiles, que se hicieron nacionales.

Hasta la consulta, el favorito de la izquierda era un joven líder del Partido Comunista, Daniel Jadue, que llegó a encabezar la última encuesta general para presidente, con un 17%, seguido de Lavín con un 15%. Con una actuación segura en los debates y contando con el aparato de su colectividad, fue considerado el probable candidato de la izquierda en noviembre.

En el Frente Amplio, Beatriz Sánchez, candidata presidencial en 2017, con un sorprendente 20% de votos, no quiso postularse nuevamente, dejando espacio para un nuevo liderazgo. Fue este espacio que lo ocupó Gabriel Boric, un líder surgido de las manifestaciones estudiantiles, un abogado y actual diputado que acaba de cumplir 35 años, la edad mínima para ser candidato a la Presidencia en Chile.

Gabriel Boric

Boric se presentó con una plataforma renovadora para la izquierda chilena -ecológica, feminista, descentralizadora, entre otros aspectos- y sorprendió. Tuvo más de un millón de votos, con 300 mil votos de diferencia para Jadue y el 60% de los votos. Su estilo más democrático, abierto a escuchar propuestas y críticas, apareció como el más acorde con la renovación de la izquierda chilena, en contraste con el estilo más duro y rígido de Jadue. Tanto en el caso de la consulta de derecha como de izquierda, los partidos tradicionales fueron derrotados: la pinochetista UDI de ultraderecha y el progresista Partido Comunista.

El triunfo en las primarias de Boric representa una gran victoria para el Frente Amplio y lo proyecta como un fuerte candidato en las próximas elecciones presidenciales. Como en el caso de la victoria de un candidato de derecha, Boric le quita espacio a la antigua Concertación y, en particular, al Partido Socialista, del que una parte ya votó por él en la consulta interna del Frente Amplio.

Boric tendrá como primera tarea consolidar el apoyo del Partido Comunista y los sectores que apoyaron a Jadue. Este último se pronunció de inmediato en apoyo de Boric y llamó a la unidad para que la izquierda pueda ganar en noviembre.

La segunda tarea es ganar el apoyo del Partido Socialista, aislando a la Democracia Cristiana y conquistando las fuerzas del centro-izquierda en Chile, para constituirse como una fuerza de mayoría nacional.

Boric ya ha declarado, en el discurso de la victoria, que “el neoliberalismo, que nació en Chile, morirá en Chile”, revelando la conciencia del carácter que debe tener su gobierno. A diferencia de los gobiernos de la Concertación, que mantuvieron el modelo neoliberal heredado de Pinochet. También podrá contar con la nueva Carta Política, que debe eliminar la pesada herencia de la Constitución pinochetista que está en vigencia.

Boric tiene un gran desafío por delante, en primer lugar, ganar las elecciones de noviembre. Luego, agregar a Chile al bloque de países progresistas y antineoliberales de América Latina.