Brasil: «El horror que despertó el ataque le permite a Lula disminuir la polarización que marcó la campaña»

Mónica Bruckmann

POR NATALIA ARUGUETE /

Entrevista a la socióloga y politóloga peruana-brasileña Mónica Bruckmann, profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

En este tercer mandato, para Lula da Silva será más fácil legitimar su programa en el frente externo que en el interno, donde tiene una oposición ultraconservadora con bases populares fuertes, lo que quedó demostrado en el fallido intento de golpe de Estado del pasado 8 de enero, considera la investigadora Bruckmann, quien también advierte acerca de las confrontaciones latentes al interior de la alianza de gobierno. «Hemos retrocedido 30 años en términos de combate a la miseria y la pobreza. La burguesía nacional sabe que no puede sobrevivir con 68 millones de personas debajo de la línea de pobreza», plantea.

«El ataque al Estado de Derecho será un boomerang contra el propio bolsonarismo, que perdió la oportunidad de actuar como una fuerza de oposición, con amplia representación en el Congreso y en gobiernos de Estados y municipios. El bolsonarismo y sus fanáticos golpistas han quedado profundamente aislados a nivel nacional e internacional. El 93 por ciento de los brasileños repudia los ataques, los gobernadores y prefectos elegidos con el apoyo de Bolsonaro han tenido que marcar respetable distancia y manifestaron apoyo al gobierno del presidente Lula y el repudio internacional fue de los más contundentes que hayamos visto en los últimos tiempos».

En este tercer mandato, para Lula Da Silva será más fácil legitimar su programa en el frente externo que en el interno, sostiene Bruckmann.

En dialogo con Página/12 de Buenos Aires, Mónica Bruckmann, profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro, analiza el efecto inmediato del fracasado golpe contra el mandatario brasileño. Advierte que en este tercer mandato, para Lula da Silva será más fácil legitimar su programa en el frente externo que en el interno.

Frente interno

–¿Qué obstáculos encuentra Lula en el frente interno?

–Haber tenido que hacer una amplísima base aliada para ganar la elección tiene consecuencias en la conformación de los primeros escalones del Poder Ejecutivo. Si bien Lula tiene habilidad para ir deconstruyendo a los adversarios políticos, hay una oposición ultraconservadora, lo cual quedó más que demostrado después de los acontecimientos del domingo 8 de enero. Además, el bolsonarismo consiguió una base popular importante, arraigado en los sectores más conservadores de la Iglesia evangélica y en algunos millares de fanáticos, profundamente antidemocráticos y violentos. También cuenta con una fuerza de choque dispuesta a cualquier aventura, como lo fue la invasión al Parlamento, la sede de la Suprema Corte y el Palacio de Gobierno de Brasil.

Por eso, creo que será más fluido el frente externo, sobre todo porque el viejo mundo desarrollado del Norte ya no impone las pautas de largo plazo de la economía mundial. Es necesario retornar a una visión estratégica en términos de políticas regionales de industrialización. De allí la importancia del segundo paquete de medidas que en su momento adoptó el gobierno de Lula, que apunta a una mayor presencia del Estado en empresas clave, como Petrobras y Electrobras, por ejemplo.

–¿Eso es viable en el actual contexto político?

–Es una gran incógnita. Ya es una gran victoria que Lula haya elegido a Fernando Haddad —formado en Derecho, doctor en Filosofía y profesor de Ciencia Política— como ministro de Economía. Eso indica que hay una visión política de la economía. Fernando Haddad, además, fue antes ministro de Educación de Lula, es decir que este gobierno coloca la educación pública como prioridad, luego de que fuera muy combatida por Michel Temer y Jair Bolsonaro.

–Usted mencionó que la amplia base que formó Lula para ganar las elecciones puede “traer consecuencias” en la conformación del Gabinete. ¿En qué ámbitos prevé que se darán las principales tensiones?

–Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura está en manos del tradicional sector agroexportador. Y acaba de crearse un Ministerio de Desarrollo Agroecológico que quedará en manos de un sector más progresista. ¿Es posible que convivan la exportación de carne y de proteína animal, una de las principales causas de la deforestación amazónica, y el nuevo Ministerio, que pretende favorecer la agricultura familiar? Es un desafío y ahí habrá que tener decisión política. Sabemos que hay una cantidad enorme de tensiones en lo que puede ser la política económica de Lula, pero hay una apuesta central: la política social. Lula lo ha dicho en todo momento y las primeras medidas van en ese sentido.

–La política social supone ampliar el gasto público. Allí conviven miradas opuestas, entre quienes advierten que ello redundará en mayor inflación y aquellos que resaltan el carácter expansivo del gasto. ¿Cuál es su postura?

–En el 2022, la tasa de interés se elevó del 2 por ciento al 16,75 por ciento y la inflación siguió aumentando mes a mes. Es decir que no hubo un efecto de deflación producto del aumento colosal de las tasas. Claro que la política social de Lula se encontrará con una fuerte oposición del sector más conservador, sobre todo ligado al área financiera. Al sector productivo no le interesa una contracción de la demanda local. La burguesía nacional no puede sobrevivir con 68 millones de personas debajo de la línea de pobreza, de un total de entre 210 y 220 millones de habitantes. Entre los años 2020 y 2021, el número de pobres en Brasil aumentó un 22,7 por ciento.

–¿Cree que la propuesta de Lula de flexibilizar el techo presupuestario logrará pasar en el Congreso?

–Creo que hay condiciones políticas para que se apruebe esta medida —y así mantener la ayuda de emergencia de 600 reales por familia, por ejemplo— porque hay interés de la burguesía nacional y de varios sectores que forman parte de la base aliada de Lula. Pero sobre todo porque la gravedad de la situación en Brasil ha llegado a límites que eran inimaginables diez años atrás. Un reciente informe de Cepal indica que hemos retrocedido 30 años en términos de combate a la miseria y la pobreza. De hecho, uno de los diecisiete objetivos de desarrollo sustentable del milenio es “hambre cero”, inspirado en la política social del Partido de los Trabajadores (PT). Hasta el momento, el juego de ajedrez indica que Lula tiene condiciones de avanzar con esta propuesta.

Volver al mundo

–¿Qué significa “volver al mundo” para esta nueva etapa de Brasil?

–Lula viene anunciando el regreso a una agenda internacional desde el inicio de su candidatura. Una política externa que él llama “activa y altiva”. Lula, Chávez y Kirchner fueron una tríada muy fuerte. Durante la etapa activa de los BRICS, Lula siempre tuvo en claro que su participación no debía ser individual. Por eso, a cada reunión de los BRICS, invitaba a mandatarios de otros países de América Latina.

–¿Qué medidas ha tomado Lula para ese regreso a la agenda internacional?

–Las primeras medidas son “desmatamento cero” (cero deforestación), frente a la gran pérdida de superficie amazónica que se produjo durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Es importante retomar una agenda ambiental, ya que Brasil es el principal país amazónico de América del Sur. En paralelo, el regreso a los BRICS y la próxima reunión de la Celac en Buenos Aires abrirán un alto nivel de expectativas. Brasil también tiene un papel importante que jugar en Unasur. Creo que el actual gobierno puede avanzar con más facilidad en la política externa que en la política interna.

–¿Qué le aporta África al entramado internacional de Brasil?

–Cuando África inicia sus negociaciones con China para formar parte de la nueva Ruta de la Seda, avanza en un proceso de recuperación de su visión panafricana. La reaproximación de Brasil a África por razones culturales, étnicas, de país afroamericano, reforzarán la integración regional con la misma fuerza que se hizo en los primeros gobiernos del PT.

–¿Qué potencial recuperación de intercambio productivo y comercial tiene Brasil con los BRICS? ¿Qué obstáculos presenta la guerra entre Rusia y Ucrania?

–Los BRICS entraron en desaceleración por cuestiones políticas. No solo por el perfil del gobierno de Bolsonaro sino también por el del primer ministro de India, Narendra Modi; dos gobiernos conservadores que fueron retirándose de ese foro de coordinación. Ahora, si Brasil regresa a una política activa de los BRICS, no solo logrará desplazar el eje centralizado en la relación China-Rusia sino que legitimará su relación con China. El regreso de Brasil a los BRICS será una apuesta estratégica para toda América del Sur y, en alguna medida, también para América Latina si la Celac se consolida más allá de ser un instrumento de coordinación política.

Argentina

–Respecto de la relación bilateral con Argentina, ¿qué líneas deberían fortalecerse en vistas de consolidar el flujo de inversiones y de complementación energética?

–Brasil y Argentina tienen una relación comercial que redundó en una colaboración mucho más profunda en el plano científico, tecnológico, educacional y social en ocasión del Mercosur. La relación entre Argentina y Brasil significará dinamizar esta relación histórica, en el contexto de otra cuestión que se ha colocado como una prioridad: la agenda ambiental y la transición energética. En ese plano, la complementariedad es muy clara. Brasil es un país tropical con capacidad de captar energía fotovoltaica. Argentina es un país al Sur del Cono Sur, con una capacidad gigantesca de captar energía eólica. La Organización Latinoamericana de Energía (Olade) calcula que, con el potencial eólico del Cono Sur —de Argentina y Chile— tendremos para cubrir todas las necesidades energéticas del subcontinente.

La relación con China

–China ha sido importante durante los gobiernos del PT. ¿Qué ocurrió en la relación bilateral durante la gestión de Bolsonaro, quien tuvo expresiones hostiles hacia ese país, en particular en ocasión de la construcción de la red de 5G?

–China constituye para Brasil el primer país en inversión extranjera directa (IED), el primer aliado comercial desde 2008, el primer lugar de destino de exportaciones y el segundo país de origen de importaciones. Cuando Bolsonaro dijo “Brasil no va a entrar a la tecnología 5G”, el empresariado brasileño ligado al área de telecomunicaciones se opuso. Finalmente, Brasil aceptó la entrada de esa tecnología, como lo hizo Inglaterra y otros aliados de Estados Unidos. Durante el período progresista de principios de siglo, la relación de América Latina con China consistió en profundizar la condición exportadora de productos primarios.

–¿Cuáles son las potencialidades de recuperar la iniciativa de la Ruta de la Seda? ¿Qué se interrumpió de ese intercambio durante el último gobierno?

–En este momento, el Belt and Road Initiative (Cinturón y Ruta de la Seda) tiene 144 países que forman parte de su memorándum de entendimiento. Veintiún de esos países son latinoamericanos. Uno de los últimos en incorporarse fue Argentina y creo que el acercamiento de China hacia Argentina se debe al desgaste político con Brasil. Fue un desgaste ideológico por la performance de Bolsonaro, seguidor al pie de la letra de la receta del presidente Donald Trump. Sin embargo, pese a todas las bravatas de Bolsonaro, Brasil se encontró con respuestas diplomáticas de China en diversos momentos.

–¿En qué sentido lo dice?

–En que las relaciones comerciales entre Brasil y China siguen siendo muy intensas. China tiene una demanda importante de mineral de hierro y Brasil es uno de los tres principales productores y exportadores de mineral de hierro; su principal destino es China. En plena pandemia, la exportación de proteína animal para China creció en un 80 por ciento. Creo que la relación de Brasil con China será más consecuente en el contexto de la nueva Ruta de la Seda. Brasil todavía no es país miembro, seguramente en breve lo será y, con ello, se abre la oportunidad de colocar los intereses nacionales y regionales en esta relación con China.

@natyaruguete

Página/12, Buenos Aires.