Argentina: Gobierno de Alberto Fernández entrega conducción de la economía a un ‘superministro’ de derecha, aliado de EE.UU.

Sergio Massa, un destacado político neoliberal, asume como 'superministro' de Economía de Argentina.

POR GUILLERMO CIEZA /

La estrategia de que un gobierno resista las presiones de la derecha económica, entregándole la conducción de la economía a un ‘superministro’ de derecha, no es original. La intentó en 2001 el Gobierno de triste recordación de la Unión Cívica Radical (UCR) de Fernando de la Rúa designando al neoliberal Domingo Cavallo, diez meses antes de que el país estallara.

El expresidente De La Rúa recordó en sus memorias que quien le sugirió el nombre de Cavallo fue su vicepresidente Carlos ‘Chacho’ Álvarez. Es decir, fue una iniciativa del supuesto “progresismo” que para la época se nucleaba en la alianza denominada Frente País Solidario (Frepaso) que incluso llegó a proyectar, en la misma jugada, un retorno de Álvarez, luego de dimitir a la Vicepresidencia, como Jefe de Gabinete.

Sergio Massa, un conservador muy allegado a la Embajada de EE.UU., al poder

La actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) sugirió a quien durante su gobierno se desempeñó como ministro de Salud, Juan Luis Manzur, como Jefe de Gabinete del presidente Alberto Fernández, pero no puede asegurarse que ahora haya promovido al conservador Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados y muy afín a la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires, como timonel de la economía. Lo que es seguro es que el kirchnerismo ha mantenido, durante este primer año de gobierno, una estrecha relación con el nuevo superministro, quien coordinará no solo el área económica sino los sectores clave como producción y agricultura.

El mandatario argentino Alberto Fernández con su nuevo ‘superministro’ de Economía, el neoliberal Sergio Massa.

Según las notas editoriales del diario progresista Página/12 de Buenos Aires, la llegada de Massa a manejar la economía y los sectores agrícola y de producción en Argentina obedece a una jugada del gobierno de Fernández que busca enviar un mensaje para tranquilizar los mercados (capital especulativo) y atraiga nuevas inversiones para Argentina, las cuales parecen calcadas a las que publicaba ese mismo medio cuando asumió el impresentable Domingo Cavallo.

Massa no es un liberal progresista como es Alberto Fernández. Es un desarrollista que no cuenta con un pasado militante, ni haber sido hijo de desaparecidos por parte de la dictadura cívico-militar y eclesiástica (1976-1983) como el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié; o el ministro del Interior, Wado de Pedro. Massa viene de la ultraderecha ucedeísta (Unión del Centro Democrático), partido fundado por el militar y exministro impulsor del dogma neoliberal en Argentina, Álvaro Alsogaray, y se acercó al peronismo en tiempos del menemismo, es decir durante el cuestionado gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999).

En la época no muy lejana en que Sergio Massa le declaró la guerra política al kirchnerismo.

Las lealtades de Massa son siempre coyunturales. Después de ser Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner se unió en 2005 al ultraconservador diputado Francisco de Narváez para enfrentarlo. Fue elegido posteriormente por el impresentable exmandatario Mauricio Macri para que lo acompañara al globalista Foro de Davos. Se sumó a la liga del peronismo antikichnerista donde participaban otros dirigentes de ultraderecha como el exgobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota; el exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el exministro de Economía, Roberto Lavagna; el exsenador Miguel Pichetto, hoy furibundo macrista; entre otros. Cinco minutos antes del cierre se olvidó de sus socios neoliberales y se sumó a la coalición hoy gobernante en Argentina, el Frente de Todos, negociando la Presidencia de la Cámara de Diputados.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner; el presidente Alberto Fernández; y el ‘superministro’ Sergio Massa.

Su postura en el plano internacional es conocida. Es un antichavista confeso. Sus afirmaciones sobre el proceso bolivariano en Venezuela son contundentes: “ha perseguido a opositores, yo tengo una histórica relación con Leopoldo López, (Henrique) Capriles, y con muchos jóvenes universitarios que terminaron presos sólo por pensar distinto”. Fue mencionado por el informe WikiLeaks como un asiduo visitante de la Embajada de Estados Unidos. Cuando Evo Morales estuvo asilado en Argentina, mostró preocupación por su actividad política. Al respecto comentó: “En Bolivia hubo un golpe de Estado, y en este sentido es bueno que la Argentina abra los brazos, pero la condición de refugiado no debe ser usada para afirmaciones políticas más allá de lo mínimo e indispensable, porque esa es la condición para ser refugiado”.

Haciendo un repaso de los últimos cambios en el gabinete, el que cede más puestos vuelve a ser el presidente Alberto Fernández que cada vez parece más relegado al papel de un mandatario decorativo. Esta condición lo obligará a tomar precauciones con sus discursos para no quedar más en ridículo. Hace unos días mientras él convocaba a resistir a los especuladores, Massa, antes de asumir, estaba negociando con los directivos del complejo agroindustrial la concesión del dólar soja (nueva cotización adoptada por el Banco Central).

Un sapo demasiado grande para digerir

El ahora superpoderoso ministro de Economía, Agricultura y Producción, Sergio Massa.

Esta primera mediación marca un rumbo de lo que seguramente será su gestión. Va a dar luz verde a toda las iniciativas del modelo extractivista dejando de lado cualquier reparo o reclamo de movimientos ambientalistas, campesinos o de raigambre progresista. La gran apuesta será ofrecer a las multinacionales que están haciendo inversiones o puedan traerlas al país, las mismas facilidades que les ofrecería el macrismo. Y por supuesto, cumplirá a pie juntillas las imposiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) respecto del pago de la multimillonaria deuda infame que contrajo el gobierno de Mauricio Macri y que fue fugada a paraísos fiscales, por sus beneficiarios, los especuladores de capital.

Para la militancia peronista que adhirió al Frente de Todos para que no ganara Macri, pero también con la posibilidad de que se avanzara con una gestión progresista, la llegada de Massa como hombre fuerte del gabinete de Fernández significa el cierre de un ciclo de expectativas. Un sapo demasiado grande para digerir.

En 2001, los límites al proyecto neoliberal y entreguista de Domingo Cavallo, los puso una rebelión popular. Han pasado más de 20 años, la Argentina ha cambiado y nadie puede asegurar que la historia se repita. Lo que es seguro es que las respuestas que surgen de la política tradicional siempre terminan en el mismo punto. Y que hay que poner las esperanzas en las respuestas que encuentren los pueblos desde abajo y a la izquierda.

Tramas, Buenos Aires.