“América Latina enfrenta un nuevo neoliberalismo sustentado en el uso político del Derecho, la judicialización de la política y la manipulación mediática”

Ramón Torres Galarza

POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /

Entrevista con el cientista político ecuatoriano Ramón Torres Galarza, exdiplomático, exasesor presidencial, catedrático universitario e investigador social.

Antes que la crisis vírica del Covid-19, hay que tener en cuenta que en América Latina “se da primero la pandemia neoliberal que genera la desconstitución de los sistemas nacionales de salud y de los sistemas de seguridad y protección social que los gobiernos progresistas y socialdemócratas habían desarrollado para garantizar un Estado benefactor”, explica este latinoamericanista que alterna sus análisis sociales con la poesía, a través de la cual evidencia su espíritu reflexivo y su sensibilidad creativa.

Dada su particular óptica sobre la realidad de los pueblos del hemisferio, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net lo invitó para analizar la coyuntura de esta región, caracterizada por su permanente ebullición social.

Por supuesto que el primer tema al que se refiere Torres Galarza es el relacionado con la profunda crisis social por la que atraviesa Colombia, una nación a la que está estrechamente vinculada no solo por ser colindante con su país, Ecuador, sino por los nexos académicos y de investigación que mantiene con diversos estamentos y sectores.

El pueblo colombiano es hoy un objetivo militar

Al comenzar la charla, este doctor en Jurisprudencia, especializado en Sociología y Antropología de Desarrollo, con maestrías en Derechos Humanos y Gerencia Política, manifiesta su estupor ante las múltiples y escalofriantes  imágenes que ha podido observar tanto en las redes sociales como en los tradicionales medios de comunicación que muestran el salvajismo y la barbarie con que actúan la Policía y el Ejército contra los ciudadanos que ejercen su legítimo derecho a la protesta.

Infortunadamente todavía la fuerza pública en Colombia actúa siguiendo las violentas directrices de la criminal doctrina de la Seguridad Nacional de la época de la Guerra Fría, en virtud de la cual hay que combatir y exterminar al “enemigo interno”.

Torres Galarza al condenar las masacres y el genocidio que se han perpetrado en los últimos 15 días en Colombia por parte de la fuerza pública, rechaza y condena de manera enfática “la brutalidad represiva policial” ejercida contra jóvenes, mujeres, líderes campesinos, activistas sociales y los integrantes de la minga indígena del Valle del Cauca, en el occidente del país.

“En Colombia lo que existe es un régimen de control militar de la protesta y la resistencia social, razón por la que hoy el pueblo es un objetivo militar”, de ahí que se configure la comisión de presuntos delitos de lesa humanidad por parte del régimen uribista que preside Iván Duque, afirma.

La necesidad del retorno del Estado

La persecución feroz a las expresiones ciudadanas que resisten las políticas antipopulares que solamente benefician al gran capital y a las corporaciones transnacionales es la característica de los gobiernos neoliberales como el de Iván Duque que recuerdan las sangrientas dictaduras del Cono Sur de los años 70 del siglo pasado como las de Augusto Pinochet en Chile y José Rafael Videla en Argentina.

De ahí que este investigador social que se desempeñó como delegado presidencial del entonces mandatario ecuatoriano Rafael Correa (2007-2017) ante Unasur, embajador en Venezuela y en la Unión Europea, representante en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y diplomático itinerante para temas estratégicos, hace énfasis en recordar que “el neoliberalismo nace en América Latina luego de la experiencia importante de una revolución en democracia de Salvador Allende en Chile. Inmediatamente después de los logros que representó ese gobierno de la Unidad Popular, se instala en Latinoamérica la más cruenta, la más terrible dictadura militar que inaugura el proyecto más radical del neoliberalismo naciente en la región e impone a sangre y fuego un modelo económico que va adaptándose, que va mutando, que va transformándose a lo largo de los años. Y esta característica de su origen es muy importante recordar para ver los nuevos rostros, las nuevas miradas, las nuevas caretas de este neoliberalismo transfigurado”.

En contraste con esa experiencia política aciaga que interpuso el valor del capital sobre la vida humana, a comienzos del siglo XXI se dio en la región el primer ciclo de gobiernos progresistas.

“Estos gobiernos buscaron enfrentar, superar y sepultar lo que Rafael Correa llama ‘la larga y triste noche neoliberal’, organizando fundamentalmente el retorno del Estado. La capacidad de un Estado regulador, planificador, distribuidor, benefactor, inclusivo que genera políticas públicas para beneficio de los sectores más pobres. Y esos procesos se dan en Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay, entre otros países. Cuando los logros de estos gobiernos que yo llamo ‘democracias en revolución, revoluciones en democracia’, se materializan, el capitalismo y su modelo neoliberal lo que generan es un desmantelamiento, una desarticulación de aquellos resultados. Y adicionalmente, frente a la caída de los precios del petróleo y de los commodities estos avances de los gobiernos progresistas no tienen continuidad”, explica Torres Galarza que en 2019 publicó a instancias de CLACSO, su más reciente libro El sentido de lo común. Pensamiento latinoamericano.

Se activa matriz de un nuevo neoliberalismo

Tras los logros históricos de los gobiernos progresistas, agrega este investigador y docente internacional, se activa una vez que ganan las elecciones presidenciales dirigentes de la derecha en algunos países de la región, una “matriz de un nuevo neoliberalismo que se sustenta en el uso político del Derecho, la judicialización de la política, utilizando el tema de la corrupción y los medios de comunicación hegemónicos para acusar a los liderazgos de izquierda, produciéndose una especie de devastación de la sociedad, del Estado, de la democracia, de la institucionalidad que tanto esfuerzo costó en ese proceso de retorno del Estado y del interés público”.

“La imposición de una matriz mediática en ese sentido –agrega- tiene que ver con el desarrollo de una cultura del desencanto, del pesimismo, de la desesperanza y la generación de una psicología del miedo en relación con el poder del capital. Pero paralelamente al desmantelamiento del Estado se desintegran las economías nacionales, la economía regional latinoamericana y se da más poder económico y derechos a las corporaciones que a los seres humanos y a la naturaleza, causando un devastador proceso de nuestros recursos naturales estratégicos”.

“Las corporaciones desarrollan el neoliberalismo más salvaje, más depredador de nuestros territorios. Esta característica nos debe hacer pensar que el neoliberalismo no es solamente un hecho económico y un hecho político, es además un hecho profundamente cultural y mediático”.

Tal es el impacto de las políticas neoliberales que generan en América Latina que antes de que se produzca la pandemia del Covid-19 se dan una serie de levantamientos, un conjunto de factores de resistencia nacional y popular en contra de este modelo económico.

“El estallido social en la región se da a través de movilizaciones en 2019 en países como Haití, Puerto Rico, México, Nicaragua, Venezuela (en favor del gobierno bolivariano), Colombia, Ecuador y el golpe de Estado en Bolivia. Paralelamente a esta insurgencia popular y de resistencia al neoliberalismo se da la expansión de la frontera agrícola y extractiva, lo cual constituye una política salvaje de depredación en relación con la Amazonía, cuyos incendios tiene un efecto directo en la crisis climática”.

Estamos asistiendo en la región, señala Torres Galarza, “a una necro-política, a una tanato-política, al necro-poder, a la política de la muerte, pero a la par de las imágenes terribles, dantescas de la manera como la fuerza pública colombiana reprime la protesta social, también hay imágenes maravillosas como las de jóvenes creando imaginarios de paz, de democracia, de un canto esperanzado, bailando salsa, abrazando a los opresores, cantando con esperanza la constitución y surgimiento de un nuevo sujeto en la historia. Este nuevo sujeto que son las mujeres que protestan contra el límite del patriarcado; los jóvenes que insurgen con imaginarios y un discurso renovado distinto a la vieja clase política, con sus formas y contenidos de politizar la sociedad”.

“Irrumpen también en el caso tanto ecuatoriano como colombiano el movimiento indígena, los pueblos negros, el sentido pluricultural y plurinacional, la razón de la diversidad como una oportunidad para nuestras democracias, nuestras economías y culturas. Esta movilización de renovados actores exige pensar la política como una alternativa que represente a la tierra, al territorio, a la paz, a la vida, a la democracia, a la cultura”.

Por un diálogo que reconozca la crisis profunda

“Por todo esto, hoy, como en ningún otro momento en la historia humana, frente a la distopía del miedo y la muerte, debemos preguntarnos y actuar desde la política y los derechos, por la utopía posible de la vida de todas las vidas y del socialismo del Buen Vivir”. Para ello, añade Torres Galarza, se requiere de una democracia radical que exige diálogo. “Pero no un diálogo que sea una simulación ni que posibilite la reconstitución del viejo poder, sino de un diálogo que reconozca la crisis profunda de la paz, de la vida, de la democracia, de los territorios y de las culturas. De lo contrario, sería una ficción de diálogo a los que algunos poderes en Colombia lo quieren convertir en conversatorios que no permiten hacer las transformaciones sociales, políticas y económicas que urge el país. Por el contrario, el nuevo sujeto económico, es decir, el ejercicio de derechos económicos, es el que va dar los factores de estabilidad política y social para Colombia y la región”.

En esa dirección, se demanda además la reconstitución de la economía regional latinoamericana “y ello necesariamente pasa por los procesos de integración que no pueden ser pensados desde un punto de vista comercial. La Alianza del Pacífico no es un proceso de integración. Tampoco podemos ser ilusos de crear un proceso de integración entre los idénticos por lo que requerimos construir son hegemonías plurales, alianzas estratégicas plurales que involucren a sectores empresariales privados que tengan la posibilidad de un retorno del Estado”.

Se trata entonces de construir una “democracia entendida pluralmente que nos obliga no solo a proclamar la diversidad sino a generar factores para vivir una democracia intercultural. Es decir, la existencia de sujetos plurales que construyen una hegemonía plural. Esos colores, olores y sabores de nuestras democracias”.

Por eso, “el derribamiento de estatuas que es un hecho simbólico genera unas consecuencias políticas. Al tumbar una estatua los pueblos originarios nos están recordando que hay que derribar el viejo régimen”.

Resignificación o revitalización de una democracia agónica y capacidad de construcción de sujetos políticos

Para escuchar en su totalidad las reflexiones de Torres Galarza que hizo para CRONICÓN.NET, ingresar a los siguientes enlaces de audio:

Reconfiguración del neoliberalismo

La economía social debe surgir desde las comunidades