LO QUE NO SIRVE, ESTORBA

POR OCTAVIO QUINTERO


C
ada vez que se divulga la cifra porcentual sobre inflación general, la gente se pregunta "¿Dónde merca el Dane? Y este dicho lo que refleja es que la gente siente con mayor rigor el alza de precios en los alimentos.

Pues, bien, frente a un índice inflacionario del 3,66% el año pasado, el grupo de alimentos registró un incremento del 4,69 por ciento, y dentro de este grupo, algunos artículos subieron hasta 10 veces la inflación general: papas y plátanos (36,21%); frutas (13,16%) y hortalizas y legumbres (9,32%).

Otro grupo muy sensible a las clases populares es Vivienda en el que se incluyen gastos como gas y servicios públicos que se elevaron 6,92%, el doble de la inflación general.

En conclusión, se puede afirmar que la primera necesidad de la gente, es comer; y la segunda, es tener donde vivir. Cuando el Dane le dice a esa gente que escasamente gana para comer y tener donde dormir, que la inflación fue del 3,66 por ciento, esa gente siente que le están mintiendo, y tienen razón.

Y eso no es todo: la inflación también tiene estrato. Según el Dane, por niveles de ingresos, el mayor aumento de inflación fue en estratos 1 y 2 (3,78 por ciento), frente a los estratos 3 y 4 con una inflación del 3,68 y los estratos 5 y 6 en donde la inflación del 3,32%, está, inclusive, por debajo del promedio general del 3,66%.

Vea usted qué paradoja social: a los mayores incrementos inflacionarios corresponden los menores incrementos salariales.

Capítulo aparte es lo relativo al grupo de pensionados cuyas mesadas se ajustan por el índice general de inflación lo que les acarrea una pérdida progresiva de su capacidad de consumo año tras año.

Y échele más leña al fuego sumándole a esta población de millones de necesitados la gente que solo trabaja medio tiempo, o unas cuantas horas a la semana, que ganan menos del mínimo. Y si quiere llegar hasta el abismo, asómese a los millones de desempleados que, por supuesto, también tienen que comer y proveerse un techo donde dormir.

El mismo reajuste del SM marca la pauta de incremento salarial al resto de trabajadores, más de 10 millones, que ganan más de un salario mínimo, según el Ministerio del Trabajo.

Otro cuento es cuando ese IPC se analiza por ciudades. Generalmente, en las más populosas capitales, la inflación local supera el índice nacional. O sea que a los trabajadores de menores ingresos en esas ciudades les está yendo peor, y por eso es que los cordones de miseria en las capitales como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, crecen y crecen inconteniblemente.

Si el desglose inflacionario refleja la falacia estadística en contra de las gentes de menores recursos, también todo lo que se rija por esta meta del IPC (Índice de Precios al Consumidor), resulta en su contra, empezando por el incremento anual del SM (Salario Mínimo), alrededor del cual se monta un circo llamado "Mesa Tripartita de Concertación Salarial" integrada por gobierno, empresarios y trabajadores.

Si el salario mínimo atado a la inflación lo que está es empobreciendo a la gente, nada pasaría si se desmonta el sistema, o mejor, cualquier cosa que pase, no puede ser peor.

7 de enero de 2015.