¿PODEMOS IR EN PAZ HACIA EL 2015?

POR OCTAVIO QUINTERO


El presidente Santos debiera seguir el buen ejemplo de las Farc y liberar a los trabajadores colombianos del secuestro salarial impuesto por el neoliberalismo.

Ya que las Farc vienen dando muestras palpables de buena voluntad por la paz, según el propio reconocimiento del gobierno, también el presidente Santos debiera obrar en consecuencia y decretarle a los trabajadores colombianos un generoso incremento del mínimo salarial, amén de quitarle a los pensionados la pesada carga del aporte a salud que se les impuso como si fueran en una misma persona patronos y obreros a la vez.

No solo por ponerse a tono con la "gentileza" de las Farc de decretar un cese unilateral e indefinido del fuego, "salvo que sean atacados", sino por el pregón social que hace en su segunda administración de propender, junto con la paz y la educación, por la equidad.

Si la inequidad tiene una expresión real, esa es la condición de más de 20 millones de trabajadores colombianos que en su gran mayoría no devengan siquiera lo suficiente para comprar una canasta familiar estimada hoy en 1´300.000 pesos mensuales (dos salarios mínimos aproximadamente). Y súmese a estos trabajadores activos, los pensionados, cuyo incremento anual, por ley, ni siquiera alcanza al mínimo.

Si realmente estamos en gracia de paz debería el gobierno enviar una clara señal de cambio en la política salarial del país que en estos nefastos años de neoliberalismo solo se ha propendido por la pauperización de los trabajadores como estrategia de competitividad empresarial.

No lo haga solo por equidad… También como estrategia económica, frente a una amenaza de recesión como la que se vislumbra, o al menos una destorcida económica, fuera bueno extenderles a los trabajadores una mayor capacidad de consumo… Bueno, era lo que recomendaba Keynes, suficientemente probado como efectivo por el presidente Roosevelt para sacar al mundo de la Gran Depresión.

Pero son otros tiempos y otros discursos… Y tal vez sigamos creyendo que la paz es solo crear las condiciones para que depongan las armas los que hoy están en guerra. Abrirle a sus dirigentes caminos de expresión política en el Congreso y de participación en la administración pública sin considerar que allá en el monte, en la calle y dentro del montón quedan los "troperos" como los seguidores del M-19 que, parodiando el tango, siguen acariciando sus fantasías, quebrando su espinazo, por míseras monedas con que calman apenas, las crueles amarguras de su situación.

27 de diciembre de 2014.