DESCONFIANZA ES LO QUE NOS AGOBIA

POR OCTAVIO QUINTERO


Tras el éxito de su teoría neoliberal, "El fin de la historia", Francis Fukuyama lanzó su obra "Confianza" definiéndola en el prólogo como "la expectativa que surge en una comunidad con un comportamiento ordenado, honrado y de cooperación, basándose en normas compartidas por todos los miembros que la integran"...

La teoría de la Confianza sigue siendo un tema de iniciados; no ha tenido un debate profundo de amplia cobertura social que le deje claro a la gente que sin confianza es imposible vivir civilizadamente.

Otro peso pesado del pensamiento universal, Fernando Savater, vino por estos días a Colombia, invitado por Bavaria, a hablar de ética empresarial, otra asignatura del sector privado que está ahí, adornando sus informes de balance y sus reglamentos internos como en tantos casos que tenemos de no ética empresarial: las EPS, las empresas cementeras, las pañaleras, los laboratorios de drogas, las universidades, las compañías petroleras y mineras y los grandes medios de comunicación y, ¡corten!, porque estamos entrando en camisa de once varas.

La Confianza, dice Savater -que es la base de la sociedad--, es también la base de la ética que nos induce a actuar de una manera conscientemente moral que, a su vez, rige la conducta de cada uno de nosotros.

Si la conducta de nuestros políticos y gobernantes, y de nuestros empresarios, se encuentra tan cuestionada a toda hora, entonces, a la luz de estos dos grandes pensadores, Fukuyama y Savater, contrapuestos, por demás, en el campo ideológico, lo que se ha perdido en Colombia es la Confianza, y lo que se requiere con urgencia es un ajuste ético… ¿Cómo? Vaya pregunta para la que, como decía el padre Astete, "doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder".

Elegir cualquier ejemplo de la inmoralidad que reina en Colombia, es un ejercicio necesariamente caprichoso, pues, así como pudiéramos hablar del fiscal Montealegre y sus multimillonarios honorarios en Saludcoop, también pudiera hablarse del procurador Ordoñez, en ejercicio de una cuestionada reelección en el cargo; o del actual contralor Edgardo Maya, quien disfrutó de esa anormalidad cuatro años sin que nadie dijera nada; o del presidente de la Corte Suprema que se lía con humildes agentes de policía que solo están cumpliendo su deber; y, si nos apuramos, lo del presidente Santos que se hace reelegir para inmediatamente proponer al Congreso una reforma constitucional prohibiendo la reelección (¿?).

Un caso muy particular es también el del presidente del Consejo Superior de la Judicatura, Francisco Javier Ricaurte, semejante investidura encarnada en un leguleyo que, al amparo del laxo debido proceso, se aferró tres meses a una investidura conseguida premeditadamente en forma inmoral… Y como el suyo hay más casos en las altas cortes.

No puede decirse, como titularon los medios, que "por fin se cerró la puerta giratoria". Los inmorales encontrarán otras salidas porque, como hace muchos años lo sentenció nuestro inmortal Vargas Vila, "la inteligencia en un hombre sin carácter es como la belleza en una mujer sin virtud: un elemento más de perdición".

O como también diría el docto vulgo: "Vaca ladrona no olvida el portillo".

6 de noviembre de 2014.