DE PODER A PODER

POR OCTAVIO QUINTERO


Es evidente el afianzamiento de un poder dominante en Colombia… Pero el Poder Moral, ese del que hablaba el libertador Simón Bolívar, se ha debilitado al extremo en que la gobernabilidad de hoy está tasada por el monto del soborno del Ejecutivo (que maneja el presupuesto), a los demás poderes: Legislativo y Judicial y, últimamente, al Poder Mediático, a través del cual se maneja la opinión pública mediante pan y circo.

Una de las formas más socorridas en la construcción de ética y moral pública es la declaración de impedimento para actuar en cualquier circunstancia por supuesto conflicto de interés. Pero esto tiene sus bemoles como cuando, por ejemplo, el que asume el caso en cuestión es un subalterno del impedido: ¡hágame el favor!

Es de suponer, sin mucho riesgo de prejuzgar, que el subalterno será proclive a recibir instrucciones del superior y, en el mejor de los casos, a obrar en la dirección del mismo por aquello de la solidaridad de cuerpo.

Es el caso, para poner un ejemplo concreto, del fiscal general Eduardo Montealegre, declarado impedido en dos casos muy concretos: Saludcoop y la contralora Morelli, contra quien la Fiscalía emprendió cacería de brujas en retaliación a la investigación que se le abrió al fiscal por su vinculación con la EPS que se erigió en deshonrosa insignia del billonario robo a la salud en Colombia.

Pues, resulta que el fiscal vino a ser reemplazado en la investigación a Saludcoop y a la contralora por el vicefiscal: ¿Puede alguien con buen juicio creer que el vice va a ir en contra del fiscal? Bueno, si lo cree, felicitaciones, porque goza usted de un envidiable estado angelical.

Otro ejemplo bien sonado es el impedimento de los congresistas para determinados asuntos en los que se le saca el bulto al conflicto de interés no aceptándose unos a otros el impedimento. Algo así como, "yo me declaro impedido y tú no lo aceptas y luego tú te declaras impedido y yo no lo acepto"… Y los dos quedan vírgenes como la Virgen después de la concepción: sin romperse ni mancharse…

Así mismo los altos funcionarios: ministros, superintendentes y gerentes; y los alcaldes y gobernadores en fila. En un país tan corrupto, el impedimento se ha convertido en patente de corso para mantener a los interdictos en los cargos, actuando en cuerpo ajeno.

Es el caso igualmente en el acontecer político en donde los excongresistas confesos y convictos de paramilitarismo han heredado a cónyuges, hijos, familiares cercanos y testaferros su poder político alcanzado a sangre y fuego… Y ahí están ellos en el Congreso: ¡Impolutos!; o en diferentes cargos de elección popular: gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, mientras sus progenitores y mentores andan en prisiones cinco estrellas o más cómodamente en la casa por cárcel o simplemente gozando de impunidad en bajo perfil.

Y todo ello porque también hemos desarrollado con mucha argucia el principio jurídico de que las responsabilidades penales son personales, sesgando la ética y la moral que frena en buena parte la maldad humana por aquello de preservar el buen nombre de la familia.

Si una buena persona imprime carácter a la familia y de ello (la familia) devenga beneficios sociales, también una mala persona debe imprimir mala reputación y debida censura social (a la familia. Es, para concluir, una cuestión de carácter por lo que renuncian las personas decentes en mala hora caídas en desgracia o, también, por lo que no se aceptan altos cargos públicos por evidentes conflictos de interés que se encontrarán en el camino.

En el mundo, la declaración de impedimento es una circunstancia sobreviniente a funcionarios públicos… Aquí entre nos, no: lo del fiscal estaba cantado, por mencionar solo un caso de una larga lista…

15 de septiembre de 2014.