DEL PARAQUAT AL FRACKING: BIENVENIDOS AL EXTRAÑO MUNDO DE MACONDO

POR OCTAVIO QUINTERO


Pocos colombianos, de los 48 millones que somos, habrán oído hablar del fracking; y entre estos pocos, más pocos aún podrían sostener una ligera conversación sobre el asunto y, si se quiere profundizar más el tema, podrían caber en un salón comunal los expertos colombianos que puedan exhibir estudios e información ilustrada sobre el sistema y efectos de la técnica del fracking en la explotación de gas y petróleo.

Y el tema a nivel internacional no es nuevo: ya tiene a media Europa en su contra y varias regiones en Estados Unidos se han declaro "libres de fracking". El doctor Google, al que recurrimos todos a ver qué nos dice sobre lo divino y lo humano, despliega más de 42 millones de entradas cuando se le ordena buscar "fracking and problems". En una de ellas dice que el sistema de "fracking" permite acceder a reservas de gas situadas en rocas mediante la inyección a presión de líquidos en el terreno con el objetivo de aumentar las fracturas del sustrato rocoso donde se encuentran los yacimientos, lo que puede generar contaminación en los acuíferos.

Por eso sorprende que frente a un tema tan esotérico en Colombia, el viceministro de Minas, Orlando Cabrales, salga a decir en los medios que ya se aprobó la técnica del fracking en Colombia: ¿Quién la aprobó?... "agua pasó por aquí, cate que no la vi".

No vamos a sentar cátedra ahora sobre el asunto que, por supuesto, tampoco conocemos. Vamos a decir algo que si nos consta: Colombia no propiamente se destaca en el concierto internacional, nacional o local por su racional defensa de los recursos naturales y el medio ambiente. Son muchos los fogones encendidos sobre este asunto: la fumigación de cultivos ilícitos; la amenaza sobre los páramos; el de la minería ilegal: la resequedad de Yopal y la Guajira; las miles y miles de pequeñas y medianas explotaciones informales, irregulares e ilegales de canteras y minas; el envenenamiento de los ríos (el Bogotá, por ejemplo); la comercialización indebida de la fauna y flora; la polución urbana por saturación vehicular o la promiscuidad industrial, comercial y residencial que entorpece a unos y enloquece a otros, son apenas rasguños de una inconsciencia ecológica y ambiental rayana en la locura.

Agregarle a esta problemática algo tan alegremente anunciado por el simpático viceministro como que "no le estamos abriendo la puerta a todo el mundo"… En un país tan corrupto como Colombia, entonces ¿a quién? ¿A Rubiales, por ejemplo?

Y el funcionario habla de la técnica del fracking como si eso ya fuera un asunto incorporado a la legislación ambiental colombiana: ¿Cuándo, cómo y quién la discutió y ante quién? ¿Ya pasó por Planeación Nacional; por el Consejo de Ministros; por el Congreso?

Por algo será que en Estados Unidos, Canadá y Europa reconocidos grupos ecológicos y ambientalistas andan trancando la puerta a la entrada de "Mr. Fracking", como han dado en motejarle.

En momentos en que en la mesa de la Habana, donde se negocia el fin del conflicto armado en Colombia se deja acordado el fin de las fumigaciones de cultivos ilícitos con paraquat, que no se admite sino entre nos, no deja de ser un contrasentido que ahora se pretenda abrirle la puerta a otro errático internacional como Mr. Fracking que para tener una idea de su potencial devastación se trata de un proceso de fractura hidráulica que al final podría verter a los acuíferos vecinos cerca de 29.000 metros cúbicos de agua contaminada por los químicos que se le agrega en la apertura de cada pozo.

Es una irresponsabilidad de este gobierno, si lo que anuncia el viceministro Cabrales es cierto; y debe serlo porque, si no, ¿él de dónde iba a sacar eso?

4 de septiembre de 2014.