¿QUIÉN LE TEME A LOS PENSIONADOS?

POR OCTAVIO QUINTERO


Pocas luchas tan democráticas se dan en el país como la que libran los pensionados contra la perversa antinomia social de considerarlos patronos y trabajadores en sí mismos, contradicción racional que le sirve al gobierno para imponerles una contribución del 12 por ciento como aporte a salud que viene a ser la carga más infame que se le aplique a grupo social alguno en Colombia.

¿Y por qué sucede esto? Porque los pensionados, aparte de constituir una población de suyo ponderada con el paso del tiempo, ya no representan una amenaza institucional y menos beligerante para el Estado como por decir, la ANDI, en el campo económico; la CGT en el campo laboral o las Farc en el campo insurgente.

El único poder que les queda a los pensionados es el político, pero éste no saben ejercerlo en su debido momento porque a la hora de nona se disparan las vanidades y en vez de unir esfuerzos en procura de alcanzar una buena representación en las corporaciones o cargos públicos de elección popular, terminan granulados por ahí en partidos y movimiento políticos que solo aprecian su voto como número y no como persona y menos causa.

En la extrema necesidad en que se vio el presidente Santos para revertir su derrota de primera vuelta presidencial, dijo él; y dijo su entonces ministro de Trabajo; y lo dijo también su fórmula vicepresidencial; y lo mandaron a decir por todos los medios de comunicación que se iba a reducir del 12 al 4 por ciento el aporte a salud de los pensionados.

El aplauso de los dos millones de pensionados resonó en todo el país. Y era obvio… No se trata ahora de echarles en cara su credulidad, pues, es una extraña virtud de Santos, embaucar a la gente y luego darse licencia de cumplirles o no los compromisos adquiridos. Las víctimas de traición de Santos son muchas porque él es así "desde chiquito", como dicen las abuelas; otra cosa es que la gente crea que solo Uribe y Gaviria han sido traicionados: también lo fue en su momento el expresidente Samper (su nuevo mejor coequipero) como lo fue Pastrana y ahora Gaviria y lo serán mañana Vargas Lleras, Clara López, Petro (nuevamente) y demás.
Tal como advertimos en su momento, inclusive con algún reparo de algunos pensionados, no se ve ninguna buena voluntad social ni política en cumplir las promesas electorales, por lo dicho atrás: los pensionados no representan ningún peligro para el Estado, acostumbrado hoy más que nunca a las fuerzas de presión como forma habitual de gobernabilidad.

Pero en esta oportunidad no parece que los pensionados se vayan a quedar ahí, arrullando su ilusión. A través de las redes sociales han venido conformando una masa crítica, y ésta experiencia les servirá para afinar conductas políticas de cara a las elecciones locales del año entrante: gobernadores, alcaldes, asambleas y concejos.

Solo cuando los pensionados puedan ponerle un norte político a sus demandas sociales, que no solo es esto de la inadmisible contribución a salud, tanto como patronos como empleados, sin ser ni lo uno ni lo otro, sino muchas otras injusticias como los incrementos pensionales, las demoras en la tramitación de las pensiones, los copagos, las largas colas tanto para cobrar la pensión como para acceder a los derechos de salud adquiridos y, sobre todo, el desconocimiento social y de seres humanos a que, en el acontecer cotidiano del Estado se les somete, solo entonces, los pensionados tendrán voz y voto en una sociedad que los tiene arrumados, en muchos casos, desde la propia familia.

24 de agosto del 2014.