UNA PREGUNTA SUELTA

POR OCTAVIO QUINTERO


¿
Por qué los medios de comunicación, en sus versiones virtuales, permiten la injuria y calumnia vertidas en los comentarios que hacen los lectores sobre sus noticias, editoriales o columnas, en términos que son absolutamente detestables por lo soeces, vulgares y cochinos?

El reciente fallo de la Corte Suprema que dejó en firme la sentencia del Tribunal de Cali sobre la primera sanción penal y pecuniaria impuesta en Colombia por injuria y calumnia a través de Internet, contempla un vacío importante desde la primera instancia: la corresponsabilidad del medio que acogió la injuria: Elpaís.com.co.

La injuria y calumnia es un delito tipificado también como "indirecto", artículo 222 del Código Penal, en el que se prescribe que a las penas previstas para los autores directos quedan expuestos los medios de comunicación que publiquen, reproduzcan o repitan el agravio y la ofensa, inclusive, si al hacerlo emplean el socorrido recurso periodístico "se dice", "se asegura" u otro semejante.

El medio digital puede, mediante tecnología disponible, filtrar este tipo de comentarios que en nada se deben asimilar a la libertad de expresión, como en alguna forma, parte de la gran prensa, quiere defender. ¿Será que les conviene tener un arma de doble filo? Pues, queda a su albedrío publicar o censurar el comentario: si lo primero, sería responsabilidad de quien lo emite; si lo segundo, nadie podría reprocharles la censura que, en tal caso, sería legal.

Un ejemplo: todos los medios podrían advertir a sus lectores que no está permitido, según la norma mencionada del Código Penal, insultar, injuriar o calumniar. Y en tal caso, el sistema podría rechazar automáticamente el comentario que se saliere de estos parámetros o emitir una alerta temprana al editor para su revisión antes de su publicación.

Digamos que no está prohibido ni sería posible enjuiciar a todo el que suelte un madrazo por Internet: imagínense ustedes lo dispendioso… Pero entre un madrazo (que ya va siendo de uso corriente) y una calumnia, hay diferencia, como que ésta última se hace con premeditación, alevosía y sevicia, y en cambio el primero puede ser un asunto impulsivo o de mala educación.

El periodismo y la prensa digital no pueden defender esto como libertad de expresión porque todos sabemos, y es ley universal, que ninguna libertad es infinita, y en todo caso, toda la libertad de uno termina donde empieza la del otro.

En algunos comentarios de prensa se pregunta si esto va contra la libertad de expresión y se califica la decisión de la Corte (que entre otras cosas no es un fallo sino un rechazo de casación por inadmisible argumentación), como un mal precedente porque el injurioso tenía razón, pues, la injuriada, en efecto, había sido despedida supuestamente por malos manejos de un cargo anterior. Es decir, y si fuera cierto, no vale en Colombia, según este comentario, el principio de la buena fe, pues, si uno en alguna oportunidad se comportó mal, esto quiere decir que lo seguirá haciendo ad eternum…

No hay por dónde defender al culposo ni por dónde tomar como libertad de expresión la injuria y calumnia; ni en cabeza de quien la comete ni del medio que la propale porque en este último caso, entre otras cosas, es el único contrapeso que legalmente existe para soportar la misma libertad de expresión que hoy se le reconoce al poder mediático del que se dice, y con razón, ha pasado a ser la cuarta pata del Poder, sumada al Ejecutivo, Legislativo y Judicial en la teoría sobre Democracia de Montesquieu, entre otros.

Por el mismo camino de la libertad se llega tanto a la Democracia como a la Tiranía, pues, resulta cierto que tanta democracia mata la democracia; es una realidad que afecta a la misma naturaleza de la democracia…

Fin de folio/Una democracia mal comprendida es una democracia mal dispuesta: Giovanni Sartori.

28 de julio de 2014.