¿APARECE EL ELECTOR TRAMPOSO?

POR OCTAVIO QUINTERO


C
uando se analiza asunto tan complejo como las causas que mueven a millones de electores, resultan parcialmente válidas todas las hipótesis que se tracen sobre determinado fenómeno, como la abstención, por ejemplo.

¿Por qué se abstiene la gente de votar?

Por pereza, sería una causa lógica. Pero es que la pereza también tiene causas… la más aproximada a este tema de la abstención es el desencanto de los electores con la clase política… Y, paradójicamente, ese desencanto, estimula a que la clase política que lo desencanta se sostenga, por efecto de la menor resistencia que genera la abstención.

Combatir la abstención no parece, pues, ser un asunto que desvele mucho a la clase política… Pero, de todas formas, digamos que una manera de estimular la participación sería aumentar los puestos de votación o, declarar el voto obligatorio.

¿Por qué se equivoca tanto la gente a la hora de votar?

Le echan culpa al tarjetón, basado en números y no en nombres, como establece la Constitución (Art. 263-A (…) "el elector podrá señalar el candidato de su preferencia entre los nombres de la lista que aparezcan en la tarjeta electoral".

Así que la Registraduría podría estar violando la norma al sustituir los nombres de los candidatos por números, en aras de ahorrarse unos cuantos pesos.

Más allá de que ello sea inconstitucional o no, no parece una razón de peso, pues, podría resultar más fácil al elector grabarse un número que un nombre.
Quién quita que muchos de esos 'errores' sean voluntarios de gente que necesita votar (por obtener la tarjeta electoral, la dádiva o la paga)…

Más difícil de responder resulta preguntar ¿Por qué la gente va, reclama el tarjetón y lo devuelve sin marcar? Por pereza, no; por dificultad, pues, dejémosle eso a los votos nulos… ¿Pero, éste? Sí que es curioso.

Hay que insistir en un tema que no parece llamar mucho la atención en los distintos análisis que se están viendo:

Está apareciendo la cultura de la pantomima electoral, sencillamente porque el voto se ha convertido en un producto más de oferta y demanda en donde, como la prostitución, se practica más, en una de las partes, por la paga que por el gusto.

Entre todos los sesudos análisis que se hagan de estos fenómenos electorales referidos a Colombia, no debiera descartarse este que podría calificarse como que los políticos están tomando de su misma medicina, en el sentido de que muchos de los electores que comprometen por soborno, tampoco les cumplen a la hora de votar, al igual que ellos cuando resultan elegidos…

Y, sucesivamente, podrían seguirse ensartando causas, como que por el camino del soborno y el chantaje, que vendría a ser lo del elector al candidato, se deviene en una democracia que, alimentada de corrupción no tiene otra forma de alcanzar gobernabilidad sino punta de más corrupción: es un círculo vicioso; harina del mismo costal que resulta mejor moler por aparte… en otra ocasión.

17 de marzo de 2014.