MEMORIAS MÍAS

POR OCTAVIO QUINTERO

Hablando de "memorias olvidadas", pues, resulta pertinente repasar las "memorias mías" que, por supuesto, no levantan tanto polvero porque, como dicen, es "llover sobre mojado".

Siempre he creído, y cada vez que vuelvo sobre el tema me reafirmo más, que el mundialmente famoso Proceso 8.000 no se dio en aras de moralizar la política en Colombia sino en el propósito de frenar todo ímpetu revisionista que el nuevo gobierno de Samper tuviera sobre la apertura económica a la que en su campaña había prometido seleccionar por sectores y graduar por productos.
En el momento más álgido del debate el entonces presidente Gaviria dijo perentoriamente ante todos los empresarios del país, reunidos en Cartagena (1993): … "la apertura no se va a desacelerar ni se va a gradualizar porque es un proceso que ya está hecho".

El proceso 8.000 concentró todo su vigor del presidente Samper en su defensa y la abrupta apertura que de un "revolcón" nos había metido el presidente Gaviria (1990-1994), quedó intacta… El eslabón de esa cadena sigue perdido aunque, como en la Custodia de Badillo, "todo el mundo sepa quién" pudo ser.
Dinero sucio y sangre inocente han elegido a los gobernantes colombianos desde siempre y al parecer por siempre, y si alguna excepción existe, perdón. Adolecería de ignorancia supina quien niegue el aserto y pasaría por mentecato quien crea que los Rodríguez Orejuela solo metieron basa en la campaña de Samper.

Los aportes empresariales a las campañas presidenciales -y a todos los cargos de elección popular- siempre han existido, y en sus justas proporciones como diría el presidente Turbay: un poco más al que más chance tenga. Y los Rodríguez Orejuela eran unos empresarios, dígase lo que se diga.

Las "Memorias olvidadas" de Pastrana no son importantes por lo dicen, que no es nada nuevo, sino por lo que pregona desde el mismo título: los colombianos tenemos mala memoria.

Fin de folio. La política es como la alta cocina que cuando uno ve cómo se preparan los platos se le quitan las ganas, decía Churchill.

2 de diciembre de 2013.