LA NUEVA OIT

POR OCTAVIO QUINTERO


Gobiernos y empresarios neoliberales se tomaron la OIT… En silencio, sin apenas oposición, esa organización trípode, constituida además por los trabajadores, anda ahora en dos patas.

En la cúspide de la OIT, a nivel de vicepresidente, se sienta ahora, para orgullo de Colombia, Alberto Echavarría Saldarriaga, representante de la ANDI, de quien la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), dice que es "uno de los líderes empleadores de mayor relevancia para el deterioro y debilidad de la OIT".

La central obrera no deja de mostrarse sorprendida, pues, esos cargos honoríficos dentro del organismo cúpula de la preservación de los derechos laborales a nivel mundial, se tenían reservados, por principio y por constitución, a dirigentes que se destacaran por su trabajo hacia el interior de la organización internacional.

Y no está perdida la CUT en su juicio valorativo sobre Echavarría Saldarriaga quien, por lo demás, tampoco disimula su intención de horadar hacia lo más profundo de la inestabilidad laboral en el mundo neoliberal.

Hace dos años (junio de 2014), en reportaje a El Colombiano, de Medellín, el elegante vocero de la ANDI, respondió a la pregunta sobre el tema que más les inquietaba a los empleadores de Colombia y América Latina y, por supuesto, sobre el que iba a trabajar duramente:

… "La necesaria tercerización -dice-- frente a una resistencia a aceptarla en la región. Esto ha llevado a una discusión compleja en que se parte de que los derechos laborales solo se respetan si la contratación es directa y a término indefinido. Hoy el mundo se comporta de manera distinta: mientras en el ámbito nacional existe la percepción de que debe haber una legislación laboral más protectora, el mundo gira hacia facilitar nuevos procesos para generar empleo con responsabilidades del trabajador y del empleador".

Siempre es que en Colombia, la guerra avisada SÍ mata a mucho soldado. ¿Cómo diablos se puede luchar contra el avance de la maldita tercerización laboral, atada a unos sueldos miserables, si desde el altar de la OIT, uno de los sumos sacerdotes oficia en su favor y el otro le acolita?

Ese amarre tripartito que opera en el ámbito mundial (gobierno-empresa-trabajadores), y que se proyecta a todas las naciones integrantes de la OIT, tal vez operó un poco cuando el capitalismo confrontaba su hegemonía con el comunismo de la URSS, pues, le daba pavor que el sindicalismo, decepcionado de su fementido encanto, cayera en brazos del cortejador… Pero, caído el Muro de Berlín (1989), el capitalismo: dueño, señor y dominante de la situación, impone sus condiciones a través de gobiernos sumisos unos, y corrompidos todos; y sus consecuencias están a la vista.

Desde los centros de poder, gobierno y empresarios empujan del mismo lado hacia el capitalismo salvaje, y cuando los trabajadores tratan de frenar un poco el ímpetu, intentando equiparar fuerzas a través de las protestas sociales, se les confronta con el poder marcial a su discreción que les aplasta "en defensa del orden público" que muchas veces --está comprobado--, las mismas fuerzas del "orden" introducen el desorden para desplegar su fuerza a sus anchas…

En el juego del poder, empresarios y gobierno hicieron trique (tres en línea): comen arriba, comen abajo y hacia cualquier lado donde muevan sus fichas, tanto en la esfera internacional, como nacional y local.

Fin de folio: bueno, si de algo sirve, conveniente sería recordar en este pesimista escenario descrito desde el enfoque laboral que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista".

16 de julio de 2016.