¡OH GLORIA INMARCESIBLE!…

POR OCTAVIO QUINTERO

Parece que el principio de reivindicación agropecuaria promulgado por el gobierno nacional es más de tipo mediático, pues, con bombos y platillos se anuncian cosas (sí, cosas) que inspiran escepticismo.

Bastó ver el mal disimulado desánimo con que los presidentes de gremios como la SAC y ANALDEX recibieron el "gran anuncio" de la apertura de exportaciones a Venezuela… cerradas por nada más distinto que la falta de pago a los exportadores colombianos.

La recuperación del campo colombiano no pasa solo por apagar los incendios sociales del momento, sino por recomponer toda la política agropecuaria, desprendida, por supuesto, de un modelo económico que nos ha hecho perder hasta las esperanzas…

Hay que empezar, como se ha dicho hasta la saciedad, por rescatar la autonomía monetaria entregada al Banco de la República, obsecuente vasallo de las políticas contraccionistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Hay que volver a anclar el desarrollo nacional en los estímulos a la producción nacional antes que en el control de la inflación; hay que estimular la demanda en procura de resultados nacionales (+producción +más empleo +más consumo), antes que constreñirla en busca de unos resultados internacionales.

Y si se hubiese tomado por este camino, lo primero que debió haberse hecho dentro del "gran acuerdo" era la denuncia de los tratados de libre comercio suscritos a la brava porque, como también se ha denunciado hasta la saciedad, se trataba de satisfacer más los intereses del libre comercio que a los intereses propios de los productores nacionales.
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Fin de folio: La reelección del presidente Santos estaría más cerca por la vía de denunciar estos acuerdos de libre comercio, levantando el nacionalismo económico, que por la vía de desconocer el fallo de la Haya, levantando el nacionalismo patrio, emoción más propia de la eliminatoria al mundial que del manejo de la política internacional.

13 de septiembre de 2013.