LA MULTINACIONAL SEATECH Y LA COLOMBIANA A TIEMPO, PARECEN ENCLAVADAS EN EL TIEMPO DE LA ESCLAVITUD

POR OCTAVIO QUINTERO


Nadie mejor que Edna Guzmán podría definir la interioridad laboral de una multinacional tan famosa como Seatech Internacional Inc., más conocida en Cartagena como Atunes de Colombia, la empresa de alimentos que procesa Van Camps en la zona industrial de Mamonal.

Edna es víctima de la "masacre laboral" que ha emprendido la multinacional en connivencia con la empresa colombiana, A Tiempo, que le provee el personal temporal con el que ha venido reemplazando toda la contratación directa dentro de lo que técnicamente se denuncia como "tercerización".

Edna, para terminar el cuento, trabajó por 15 años directamente contratada por Seatech, al cabo de los cuales desarrolló la enfermedad conocida en el argot médico como "Lesiones por Esfuerzo Repetitivo" (LER).

LER es, entonces, la enfermedad que desarrollamos cuando un exceso de presión se ejerce en forma repetitiva sobre una parte del cuerpo, presentándose inflamación, músculos lesionados o daños en los tejidos como, por ejemplo, lo que sienten las personas que permanecen muchas horas pegadas al teclado o el ratón de la computadora.

Edna era verificadora de empaque de Van Camps y revisaba, manipulaba y controlaba un promedio de 300 latas de atún por minuto, es decir, para dimensionar su esfuerzo físico, cada segundo pasaban por sus expertas manos 5 latas de atún… ¡Y, ay de que alguna le saliera mal revisada!

Edna fue despedida, y desde entonces anda pleiteando en los juzgados laborales contra la Seatech. La realidad que encierra su descripción hoy de Seatech es que "Su atún es sabroso, pero está hecho con lágrimas y sufrimiento de los trabajadores".

El caso Edna se reitera en cientos de trabajadores y trabajadoras que han sido botados de la empresa, y a pesar de las sanciones pecuniarias y amonestaciones oficiales, parece que nada le importa porque, según denuncia el sindicato de Ustrial, "ahora se pretende realizar una nueva masacre laboral".

Ciertamente el Ministerio del Trabajo ha mostrado diligencia en lo que atañe a su esfera laboral. En julio de este año impuso a Seatech una multa de mil salarios mínimos (unos 645 millones) y a su proveedora de personal, A Tiempo, otros 500 salarios mínimos (unos 323 millones) por las indebidas prácticas de tercerización. Y más antes, en febrero del 2013, también habían sido multadas por el Ministerio con 900 millones de pesos por las mismas contravenciones laborales.

Seguramente la empresa atunera y su proveedora de personal, han interpuesto las correspondientes acciones legales ante los jueces respectivos y andan sacándole el cuerpo a las sanciones.

Tampoco para nadie es un secreto que las empresas de cierta importancia tienen la varita mágica para impedir que investigaciones en su contra progresen ante las autoridades administrativas y judiciales.

Por ejemplo, una demanda penal que cursa en contra de Seatech y A Tiempo desde el 2011, anda en muletas y con las debidas argucias jurídicas propias del sistema acusatorio colombiano. La Fiscalía en Cartagena encontró méritos suficientes para llamar a los representantes legales a una audiencia el 29 de mayo del año en curso, pero el fiscal que investigó los hechos fue sorpresivamente cambiado y la nueva fiscal que recibió el caso, se ha abstenido hasta la fecha a seguir adelante con el proceso penal que podría llevar a la cárcel a los gerentes de estas empresas.

La lucha ahora de los trabajadores botados, como Etna, es por obtener atención de la empresa a sus enfermedades, y para ello han creado la fundación "Manos Muertas". La del sindicato de trabajadores, por detener la "masacre laboral" y, también, remover los obstáculos que se interponen en el camino de las correspondientes investigaciones administrativas y penales.

Podría la gente ayudarles a estas víctimas de Seatech y A Tiempo dejando de consumir su atún tan sabroso, pero hecho con lágrimas y sufrimiento de sus trabajadores. Pero, bueno, ya estamos hablando de culturas mayores en donde los consumidores son capaces de vetar a empresas como estas que parecen seguir enclavadas en el tiempo de la esclavitud.

Fin de folio: Por prescripción social yo, por mi parte, no volveré a comer atún enlatado.

22 de noviembre de 2015.