LA CULPA NO ES DE DIOS

POR OCTAVIO QUINTERO


En el diario El País, de Cali, al cabo de una información sobre la renuncia del director del Hospital Universitario del Valle (HUV), se encuentran un par de reflexiones suscritas por Gonzalo Gallo, que casan como anillo al dedo en la presente coyuntura política que vive el país de cara a las elecciones de autoridades locales este próximo 25 de octubre.

La primera

- Cierto día, de regreso a casa, vi a una niña tiritando de frío, y me dije: "Hoy no va a dormir ni a comer decente". E increpé a Dios, diciéndole: ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?

Esa noche, en sueños, Dios me respondió: - Bueno, te he hecho a ti.

Moraleja: Los seres humanos tienen todo en sus manos para construir un mundo mejor, pero, ¿lo hacen? Es muy cómodo culpar a Dios del mal uso que hacemos de nuestra libertad y nuestro talento.

La segunda

Muchas personas siguen creyendo que la privatización lo soluciona todo. Por ejemplo, privatizaron los servicios públicos de agua, luz, alcantarillado, teléfonos, transporte y miren como nos tienen... Privatizaron los bancos públicos y convirtieron en tirano sin alma al sector financiero, y privatizaron la salud (EPS) y miren como nos tienen…

Moraleja: La solución es, no portarnos indiferentes ante estas decisiones. El Estado es nuestro. Pero hasta que los problemas no nos tocan directamente no prestamos atención. Dejemos de ser tan EGOISTAS y pensemos más en nuestros semejantes.

Conclusión

No se requiere más argumentación para concluir que la solución de todos nuestros problemas la tenemos a la mano, y la mejor oportunidad que se nos brinda es en esta época electoral.

¿Cuántos electores van a votar a sabiendas de que los candidatos por los cuales han decidido el voto son corruptos? ¿Qué los motiva a ello? El interés particular, el EGOISMO, en los términos de la segunda reflexión. Dirán: no importa que robe con tal de que me dé algo a mí. Y muchos, muchos más, van a votar simplemente porque vendieron su voto por unos cuantos pesos, un bulto de cemento, unos cuantos ladrillos, unas tejas o un inodoro o, quizás tan solo por un plato de lechona y una pola, que se dice en el altiplano; un guaro en la montaña o un ron en la costa.

Y de repente, un día cualquiera, de regreso a casa, se tropiezan con la niña esa del primer ejemplo y terminan echándole la culpa a Dios.

19 de octubre de 2015.