¿NO, QUE NO?

POR OCTAVIO QUINTERO


Desde hace años, muchos años, el problema limítrofe con Venezuela nos ha llevado a las puertas de la guerra, primero por límites, seguido de una virtual invasión de colombianos a Venezuela; y ahora, con Maduro, una vuelta al país, junto con muchos venezolanos, quedando en la frontera esos que, como dice Facundo Cabral, no son de aquí ni son de allá, y que tanto Venezuela puede expulsar de allá para acá como Colombia de aquí para allá.

El presidente Santos ha expedido un decreto de emergencia económica que cobija el principal radio de acción centrado en Cúcuta, la capital del Norte de Santander. Y más allá de las buenas intenciones que se anuncian lo que se vislumbra en ellas, es que el problema fronterizo con Venezuela sí era, principalmente, un problema consentido por Colombia durante todos estos años.

La exposición presidencial explicando los alcances del decreto y las decisiones que dentro de esa emergencia se podrán tomar, no deja dudas: "Se trata de convertir esta crisis en una oportunidad", dijo…

Y de su alocución supimos que el asunto no es solo de "pimpineros", como se les dice a los vendedores de gasolina de contrabando y, por extensión, a todos los que en la frontera se dedican al contrabando de rebusque, para no hablar de las grandes organizaciones de contrabandistas de orden agropecuario, industrial y comercial.

Supimos, repito, que a la vista, al otro lado de la frontera, en Urueña, se ha asentado una población de empresarios colombianos huyendo de las cargas fiscales, trabas burocráticas e inseguridad social que se observan en Colombia. Ahora, el país les va a ofrecer una nueva "seguridad inversionista" para que vuelvan al hogar nativo.

En fin, aunque nos resistamos a reconocer, la solución de ese problema, sí pasaba por la Casa de Nariño; y "gracias" a Maduro, ahora parece que vamos a coger el toro por los cuernos, como dice el docto vulgo.

Ojalá este gobierno de "vísperas de mucho y día de nada", les cumpla a los cucuteños. Se abona a su favor que tienen ministro propio, lo contrario de los "indignados" campesinos que al cabo de casi dos años de haberles prometido el cielo y la tierra para que cesarán en ese "tal paro" de vísperas de reelección presidencial, "nada por aquí - nada por allá", como dice el de la bolita.

7 de septiembre de 2015.