UNA VISIÓN SIMPLISTA DE LA PAZ

POR OCTAVIO QUINTERO


Negociar en medio del conflicto y mantener el modelo económico neoliberal, son los únicos dos puntos que se han mantenido inamovibles en la mesa de La Habana. ¿De qué nos quejamos?

"Hagámonos pasito", dice la gente cuando quiere implantar un poco de armonía en sus relaciones interpersonales de cualquier índole, es decir, cuando se dan actos hostiles que pueden llevar a conflictos mayores; o, en medio ya de conflictos mayores, cuando quieren volver a la normalidad de las circunstancias.

Ese "hagámonos pasito", es el primer punto de acuerdo entre las partes para entrar a negociar el resto de los puntos que los distancian en sus relaciones de convivencia.

"Hagámonos pasito", no fue el primer punto acordado entre el gobierno del presidente Santos y las Farc cuando decidieron sentarse a la mesa de negociaciones de la Habana. Por el contrario, su primer punto convenido fue negociar en el fragor de la guerra; parecía, y es un contrasentido, que dos partes que se manifiestan en intención de paz, sigan haciéndose la guerra a costillas del pueblo que la sufre.

Pero aún así, se si firma un acuerdo de paz con las Farc, ¿de qué paz hablamos? Eso también debiera dejársele claro a la gente porque la paz no es solo el silencio de los fusiles sino el desarme de los espíritus, acicateados ahora por un modelo económico neoliberal diseñado para privilegiar y potenciar las ventajas de los más fuertes sobre los débiles… Y en ese propósito neoliberal, no hay señales de "hacernos pasito" sino de seguir "haciéndonos durito", tanto que el segundo punto convenido en la agenda de La Habana, después de acordar hablar en medio del conflicto, fue que el modelo económico imperante era indiscutible e incuestionable, tanto en las conversaciones con las insurgencias, como para la sociedad en su conjunto.

No nos metamos mentiras: todo lo que se busca en la habana es reversar la guerra hacia la política asegurándole a las Farc unas curules en el Congreso, la razón social de un movimiento político, como lo que se hizo con el M-19 en 1990 y empezar, ahí sí, entre ellos, a hacerse pasito, como se hacen hoy con el M-19 que nadie del pueblo, con razón, se atrevería a decir que tras su vinculación a la vida normal su situación cambio.

Venderle a los colombianos un proceso de paz a cuya cuenta hemos elegido una vez a Pastrana, dos a Uribe y dos a Santos, para seguir en las mismas, es seguir engañándonos… Y si eso es lo queremos, ¿entonces, de qué nos quejamos?

Junio 28 de junio de 2015.