UNA ESCUELA ANTIIMPERIALISTA EN BOLIVIA

POR ATILIO A. BORON


Lenin decía que la conciencia espontánea de las clases populares era, en el mejor de los casos, reformista o, en sus propias palabras, "tradeunionista"; en el peor, la conformación de su mentalidad sería tradicionalista y conservadora. Siglos de opresión y sometimiento habían convertido su sojuzgamiento en algo tan natural como la salida del sol. Superar esa condición requería la emergencia de un sujeto político especial, el partido revolucionario, capaz de contrarrestar esas formas rudimentarias y subordinadas de la conciencia social. La irrupción de alguna crisis económica, la catástrofe de una guerra o un desastre natural podía, bajo ciertas circunstancias, movilizar esas conciencias adormecidas. Pero la iniciativa política de un partido era el camino más seguro para lograr ese cambio.

Ahora bien: no sería exagerado afirmar que lo mismo ocurre con el antiimperialismo. En un continente como el latinoamericano, víctima de más de tres siglos de dominación colonial, la sujeción a una potencia extranjera es considerada por sectores ampliamente mayoritarios de nuestras sociedades como un hecho normal, como una condición habitual ante la cual la única actitud razonable es cultivar una esperanzada resignación. Pero en ciertas categorías de la población -militares, intelectuales, elites oligárquicas y ciertas franjas de los sectores medios- el imperialismo aparece no sólo como un fenómeno natural sino como la expresión de la vanguardia en el progreso y el desarrollo de las fuerzas productivas. Fue Gramsci quien observó este carácter vanguardista de la burguesía, y su observación es plenamente aplicable también en Nuestra América. Es por eso que debemos saludar la iniciativa del Presidente Evo Morales de establecer la "Escuela de Comando Anti-Imperialista" con la misión de instruir a los jóvenes oficiales de las fuerzas armadas en la historia y el presente del accionar del imperialismo en Bolivia y, en un futuro cercano, en toda América Latina y el Caribe.

La indefensión ideológica ante el imperialismo, la naturalización de este flagelo y, por último, la completa invisibilización de sus crímenes, remata en el abandono de cualquier pretensión de emancipación nacional y de soberanía popular. Por eso la misión de la Escuela será de suprema importancia no sólo para los militares sino también, como lo recalcara el presidente boliviano, para los movimientos sociales inmersos, como están, en una sociedad bombardeada sin pausa por los aparatos ideológicos del imperialismo que exaltan al capitalismo como el mejor de los mundos posibles. Sin un conocimiento exhaustivo del imperialismo no podrá haber antiimperialismo efectivo que ponga fin a sus pillajes y sus depredaciones. Y ese conocimiento no surgirá espontáneamente. Se requiere de una decisión consciente y un programa intenso de formación contrahegemónica. Por eso, la creación de esa Escuela en Bolivia es un paso importantísimo en la dirección correcta y que ojalá sea emulado más pronto que tarde en otros países.

Buenos Aires, 21 de agosto de 2016.