TORCUATO DI TELLA, IN MEMORIAM

POR ATILIO A. BORON


Falleció el 7 de junio, en Buenos Aires. Habrá muchas notas necrológicas que cuenten su vida. Yo me limitaré a compartir una reflexión personal ante su partida. Tuve la suerte de iniciar mi carrera como sociólogo bajo su dirección, como su ayudante de investigación en un proyecto que tenía en el por entonces llamado Centro de Sociología Comparada del Instituto Torcuato Di Tella, así denominado en honor de su padre. Fue un personaje especial: muy inteligente, muy culto, dueño de un envidiable sentido del humor y de trato llano y afable. Hacía de la ironía un arma imbatible en sus frecuentes debates, pero jamás la utilizaba para atacar a sus críticos sino a sus ideas. En línea con ese tono burlón e iconoclasta, tan valioso por contraposición a la hueca formalidad y solemnidad de la academia, en el espectro ideológico se situaba así mismo "en la derecha del marxismo", pero siempre dentro y nunca fuera del marxismo. Me decía que no debía dejar de estudiar la obra de Marx, no para repetirla talmúdicamente sino para que me ayudase encontrar las grandes preguntas que todo sociólogo debía ser capaz de formular. En todos sus trabajos siempre se adivinaba la influencia del gran filósofo de Tréveris. Más allá de sus circunstanciales opiniones, su corazón estaba claramente en la izquierda. Despreciaba a la derecha, por su mezquindad y su chatura intelectual. Bajo su guía se despertó mi afán por conocer América Latina, que él conocía muy bien. Me hizo familiarizarme con una literatura desconocida para quienes a comienzos de los sesentas comenzábamos a transitar por los estudios sociológicos. Si soy un latinoamericano de alma se lo debo en gran medida a él. Un recuerdo imborrable data de un almuerzo que tuvo lugar a mediados de 1962 en el Club Universitario de Buenos Aires, el CUBA, cuando me dijo que tenía que leer la obra de un autor italiano, prácticamente desconocido en el mundo de habla hispana. Era nada menos que Antonio Gramsci, a la sazón apenas examinado en la obra pionera de Héctor Agosti pero totalmente ausente en las cátedras de las carreras de sociología. Me urgió a consiguiera sus Notas sobre Maquiavelo y me lo hice traer de Italia, apelando a la colaboración de uno de mis familiares (¡que advirtieron a mi padre sobre la "peligrosidad" del libro que estaba leyendo su joven hijo!). Si bien yo ya había leído algunos textos marxistas, la lectura de Gramsci estimulada por el consejo de Torcuato, me impulsó a avanzar resueltamente por un camino del cual jamás habría de apartarme por el resto de mi vida. Aparte de esto me enseñó a analizar los datos censales de los países latinoamericanos, especialmente de Argentina, Brasil y Chile, y a desentrañar los rasgos fundamentales de sus estructuras económicas y sociales a partir de esos materiales. Por eso me entristece mucho la noticia de su muerte. Durante más de medio siglo me distinguió con su amistad y cada vez que nos veíamos disfrutaba de sus siempre incisivos comentarios y sus agudas ironías. Lo echaré mucho de menos. Se fue un grande del pensamiento social latinoamericano, alguien que jamás pagó tributo alguno a las modas intelectuales de su tiempo, y he tratado de ser fiel a esa sabia enseñanza. ¡Adiós Torcuato, descansa en paz!

Buenos Aires, 8 de junio de 2016.