Francisco Morazán, el estadista hondureño que concibió a Centroamérica como nación y acabó traicionado y fusilado

POR MARCOS GONZÁLEZ DÍAZ /

Destacaba José Martí «la sombra de Bolívar, que soñó para la América del Sur una sola nación… y la sombra de Morazán, incrustando en su espada triunfante las cinco repúblicas de la América del Centro».

El pensador cubano se refería a Francisco Morazán Quezada (1792-1842), el político y militar hondureño que representa como pocos la idea de la unidad centroamericana y que muchos comparan con Simón Bolívar, el máximo estandarte de los procesos de independencia de Sudamérica frente a España.

Y ciertamente, pocos personajes históricos son tan importantes en la región centroamericana como Morazán, quien llegó a gobernar en diferentes momentos Honduras, El Salvador y Costa Rica… e incluso toda Centroamérica.

Porque sí, lo que hoy son cinco países (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica) formaron una sola nación entre 1824 y 1839: la República Federal de Centro América.

Fue el efímero período histórico en que vio cumplido su sueño Morazán, quien presidió durante ocho años esta república unida.

Sus políticas liberales, absolutamente innovadoras en aquella época, le valieron sin embargo no pocos enemigos entre el clero y las clases conservadoras, hasta que una insurrección popular acabó con su fusilamiento en 1842.

Y con él, también murió su sueño de una Centroamérica unida en una sola nación.

Ideales de la Ilustración

Analistas definen a Morazán, nacido en Honduras en 1792, como un líder fuerte y visionario que se hizo a sí mismo tras una escasa educación formal de solo «18 meses» en la escuela.

«Que un muchacho que estudió tan poco se refugiara en la biblioteca para leer a los sabios de la Ilustración, es por lo que digo que Morazán es uno de esos hombres geniales que nacen cada 5.000 años», destaca el historiador hondureño Miguel Cálix Suazo, presidente emérito del Instituto Morazánico.

Morazán vivió el fin de la colonia española en 1821, momento en que inició su carrera en la política como firme opositor a la anexión a México de Centroamérica (entonces Reino de Guatemala, que incluía Chiapas) impulsada por el general Agustín de Iturbide.

Pero aquel imperio mexicano no vivió más allá de 1823, por las enormes discrepancias internas.

Los entonces cinco territorios centroamericanos (Panamá era parte de la Gran Colombia y Belice era colonia británica) fueron finalmente independientes.

Unidos, dieron lugar un año después al nacimiento de la República Federal de Centro América.

El sueño cumplido de una Centroamérica

El liberal salvadoreño José Manuel Arce fue elegido primer presidente, pero pronto acabó cediendo ante las presiones de los conservadores —de gran influencia y poder económico— que defendían un gobierno centralista (con menor autonomía para cada Estado) y los privilegios de la Iglesia.

La pugna entre liberales y conservadores estalló y los Estados se revelaron ante el unionismo impuesto por el gobierno federal y las actuaciones dictatoriales del presidente Arce.

Morazán lideró entonces el enfrentamiento militar en Honduras contra las tropas del ejecutivo central, resultando vencedor en la llamada Batalla de La Trinidad.

Tras aquella victoria, fue nombrado jefe de Estado de Honduras de manera provisional y pasó a convertirse en el líder liberal más reconocido de Centroamérica. Cada vez con menos apoyo, Arce huyó a México.

En 1830, Morazán fue elegido presidente de la República Federal e implantó una auténtica revolución de medidas basadas en ideales inspirados en aquellos documentos que había leído sobre la Ilustración.

Entre otras reformas, trabajó por una educación universal con la construcción de escuelas. Además limitó el poder de la Iglesia al hacer secular el matrimonio, separar la institución religiosa del Estado y abolir el diezmo apoyado por el gobierno, a la vez que proclamó la libertad de religión y de expresión.

Pero también desterró a los dirigentes conservadores guatemaltecos y les quitó parte de sus bienes, medida que no fue muy acertada pues consolidó en ellos un profundo resentimiento.

«El sable de Morazán fue la educación», sostiene Cálix Suazo, autor de diez libros sobre este personaje histórico y quien critica que en las escuelas centroamericanas solo se enseñe «al Morazán militar».

Su final en Costa Rica

En 1837 surgió un levantamiento sorpresa en Guatemala liderado por Rafael Carrera, un líder campesino que no sabía leer ni escribir pero que consiguió un fuerte apoyo popular. Y los conservadores, que preferían mantener las antiguas estructuras de poder de la época colonial que garantizaban sus privilegios, vieron en él la gran posibilidad de desbancar a Morazán del poder.

Tras largas batallas y guerras civiles en los países, la fractura de la república centroamericana era ya más que evidente: Nicaragua fue la primera en escindirse y pronto le siguieron el resto de Estados.

En 1839, la unión de Centroamérica era ya oficialmente historia. Las fuerzas leales a Carrera (quien acabaría siendo el primer presidente de la República de Guatemala) terminaron venciendo.

Y aunque Morazán concluyó su mandato al frente de aquella república, poco después fue elegido jefe de Estado de El Salvador, lo que hizo que Carrera y los conservadores volvieran a declararle la guerra.

Morazán tomó entonces el camino del exilio en 1840, partiendo primero rumbo a la actual Panamá y después a Perú.

Pero el hondureño no renunció a su sueño y, en 1842, regresó a Costa Rica con la intención de reunificar Centroamérica.

Lo hizo a petición del general Vicente Villaseñor, quien lideraba una revuelta contra el conservador presidente de facto Braulio Carrillo. Tras derrocarlo, Morazán fue nombrado presidente jefe provisional del Estado de Costa Rica.

Pero mientras organizaba la toma de Nicaragua, Morazán fue víctima de una sublevación que dio lugar a nuevos enfrentamientos y que lo abocaron a su final.

Historiadores apuntan al papel clave que tuvo en esta etapa «la traición» de uno de los antiguos aliados y gran amigo de Morazán: el comandante de la ciudad costarricense de Cartago, Pedro Mayorga.

Morazán acudió a su casa tras escapar del sitio que tropas adversarias le habían impuesto en San José confiando en que podría ayudarlo.

«Mayorga se escondió y fue su esposa Ana Cleto quien le dijo a Morazán: ‘Mire, anoche el pueblo (por no decirle su esposo) se pronunció en contra de usted, mi esposo ya no está con usted’. Mayorga se había vuelto en contra de Morazán y jamás le dio la cara», cuenta Cálix Suazo.

Aunque la mujer intentó ayudarle ofreciéndole varias mulas para que pudiera escapar, Morazán no aceptó y decidió quedarse en Cartago, donde fue capturado.

Tanto Morazán como Villaseñor fueron ejecutados en septiembre de 1842.

«Querido amigo, la posteridad nos hará justicia», le dijo Morazán antes de que se abriera el fuego contra ellos.

Hay quienes defienden que el sueño de Morazán de una Centroamérica unida no murió del todo con él.

Y aunque la historia de Morazán es muy reconocida en Centroamérica, lo cierto es que fuera de ella es para muchos algo desconocido.

Durante el siglo XIX, «los políticos conservadores se encargaron de desacreditar su imagen por las políticas liberales que pretendió establecer y por ello, no es conocido ampliamente fuera de la región.

Con su muerte se desvaneció Centroamérica como una sola entidad política. Es indudable, sin embargo que ocupó un lugar central en la historia de la región.

O, tal y como escribió José Martí: «Morazán fue muerto y la unión se deshizo, demostrando una vez más que las ideas, aunque sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las muchedumbres».

https://www.bbc.com

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