Avelino Rosas, el olvidado talento militar y luchador por las causas libertarias de Nuestra América

POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /

Invitado por el general Antonio Maceo a hacer parte del ejército libertador de Cuba, tras la muerte en combate de José Martí, el teniente coronel colombiano, oriundo del departamento del Cauca, Avelino Rosas Córdoba, fue no solo un talentoso militar sino un aguerrido revolucionario que participó en la denominada Guerra de los Mil Días que desgarró a Colombia entre 1899 y 1902.

Tras su participación en la gesta cubana, donde fue ascendido a general de División en Matanzas, el “león del Cauca”, como lo llamaba Maceo, retornó a su patria para ponerse al frente de las fuerzas liberales del sur y combatir a las huestes gobiernistas conservadoras que condenaron a Colombia al statu quo político y cultural, impidiéndole ingresar a la modernidad.

Durante la Guerra de los Mil Días, Rosas, nacido en la población caucana de Dolores en 1856, publica, distribuye y pone en práctica el Código de Maceo (el manual de lucha guerrillera más importante del siglo XIX y comienzos del XX). Viaja al Ecuador y solicita ayuda a su amigo, el presidente Eloy Alfaro. Con los pertrechos obtenidos gracias al mandatario ecuatoriano, atraviesa la frontera y organiza su ejército cerca de la población nariñense de Ipiales, en la vereda Yarumal, una región caracterizada por su conservadurismo, con inmensa influencia del clero, dirigido por el obispo de Pasto, Ezequiel Moreno Díaz, un clérigo español fanático, incendiario e intolerante, quien paradójicamente fue elevado a los altares; famoso por proclamar al liberalismo como pecado y sostener que este era fuente de desorden y negación de la paz.

Este guerrero liberal combate en la población de Puerres, en el sur del departamento Nariño, en la vereda La Laguna, al mando de setecientos hombres, contra tres mil novecientos gobiernistas. Herido en una pierna, es apresado y dejado en custodia en un escarpado rural. El cura José Manuel Bravo intentó confesarlo sin respuesta. El soldado Chamizo del batallón Calibío disparó al herido, que se encontraba en estado de indefensión, asesinándolo vilmente, junto a su secretario José María Caicedo, el 19 de septiembre de 1901. Su cadáver fue llevado a Ipiales, en donde, atado de pies y manos y suspendido de un palo, fue expuesto al escarnio en la plaza pública. Avelino Vela Coral, ipialeño de raigambre liberal, recogió el cadáver para sepultarlo.

Rosas, luchador comprometido con la libertad americana, dedicó buena parte de su vida a combatir las expresiones autoritarias y respaldar el ascenso de gobiernos de matiz progresista y liberal de la época. Por ello participó de manera activa en algunos sucesos como el golpe de cuartel en Lima en 1872 que culminó con el asesinato del presidente peruano José Balta y Montero, líder del primer militarismo en la nación inca; la conspiración en Quito en contra del despótico teócrata ecuatoriano Gabriel García Moreno; la intervención en Venezuela, en el derrocamiento del general Raimundo Andueza Palacio en 1892;  y su accionar en el grupo de la Internacional Liberal, cuyo fin era apoyar la emancipación de Cuba e instaurar gobiernos de corte popular en Ecuador, Perú, Colombia y México.

La historia oficial en Colombia ha pretendido borrar las huellas de Avelino Rosas, con el único propósito de desconocer su legado de compromiso con las causas libertarias de Nuestra América.

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