LAS CULTURAS EN EUROPA Y AMÉRICA LATINA


Este documento de reflexión ha sido preparado por la CORPORACIÓN ESCENARIOS de Colombia que dirige el ex presidente Ernesto Samper Pizano, para ser utilizado como soporte conceptual del 7° Foro de Biarritz, del 5 y 6 de octubre de 2006.


Primer Eje: Migraciones e Identidad.

"El último americano en dejar Miami por favor que traiga la bandera" (Consigna antihispánica en la Florida citada por Samuel Huntington)

Los nuevos flujos migratorios entre América Latina y España y el tipo de tratamiento que se les de - policivo o social, de exclusión o de asimilación - determinarán la calidad de la presencia de los migrantes en Europa y su incidencia en la determinación de una nueva cultura transoceánica. ¿Cómo influyeron sobre la cultura latinoamericana las grandes oleadas de europeos migrantes al hemisferio en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX cuando el 21% de los europeos que dejaron sus tierras llegaron a tierras latinoamericanas? ¿Qué incidencia cultural están teniendo los migrantes latinoamericanos de hoy en Europa? ¿Qué importancia en términos de identidad le podemos atribuir a la formación de la poderosa comunidad hispánica en los Estados Unidos? Es más, ¿qué está pasando con la cultura hispánica en Estados Unidos en este preciso momento? (Alejandra Moreno) ¿Cuál es el papel que juegan los flujos submigratorios, dentro de la región, como los "cabecitas negras" bolivianos y paraguayos en Argentina o los "cholos" peruanos y ecuatorianos? o ¿Cómo abordar la presencia de subentidades por regiones en los Estados Unidos como sucede con las comunidades mexicanas regionales que se han desarrollado en ciudades como los Ángeles? (Víctor Rascón Banda). Son reflexiones pertinentes en la tarea de explorar esta relación entre flujos migratorios y la formación de una nueva identidad interregional.

En una visión "multiculturalista" de la realidad europea, es claro, que el posible "efecto identidad", producido por los migrantes latinoamericanos en Europa que, al exacerbar la proliferación de identidades puede impactar la noción de unidad cultural del viejo continente, será distinto del que pueden producir los hispánicos en el proceso del "melting pot" norteamericano que rigió como imagen en EE.UU. hasta los años sesenta y setenta y que actuaría como una especie de sistema de "destilación y purificación de razas" (Néstor García Canclini); distinto al proceso de fusión o mestizaje latinoamericano que iniciaron en su tiempo los conquistadores europeos y que habría actuado como una especie de "fragua étnica" (Ernesto Samper) y que algunos diferencian de una simple "hibridación" donde "la mezcla no se juega en la combinación de la sangre ni en el encuentro de las razas sino en la negociación de la formas, la compenetración de mensajes heterogéneos y el sincretismo entre los códigos de comunicación" (García Canclini) y de una integración destructiva a partir de una afirmación del yo contra el otro en lo que podría considerarse como una especie de darwinismo cultural (Martín Hopenhayn).

Un tipo diferente de migraciones sería el de las "migraciones culturales" resultante del éxodo de los campesinos a la ciudad, de la literatura al cine, del cine a la televisión, de la realidad al mundo de las drogas y su música y más contemporáneamente, la propia migración electrónica y científica resultante del avance del Internet y de la revolución de la genética (Carlos Monsivais). Es posible pensar, finalmente, que en los Estados Unidos la comunidad hispánica esté forjando una nueva identidad latinoamericana que inclusive ya ha sido considerada como una "amenaza" para el corazón de la identidad norteamericana representado por la mayoría blanca y protestante (Huntington), o el de las "migraciones calificadas," que nos llevaría al tema del capital social que están perdiendo nuestros países por la atracción y absorción de migrantes calificados por parte de Europa y los Estados Unidos (García Canclini).

De la respuesta que dé Europa a los flujos de migrantes, haciendo honor a su historia de ser el corazón de la razón nacida para enfrentar toda forma de barbarie (Hopenhayn) o reiterando su trágico destino de ser el sitio del mundo donde pueden florecer las formas más extremas de irracionalidad como el fascismo, dependerán las relaciones de identidad entre las dos regiones en el siglo XXI. No menos importante en esta reflexión es la que tiene que ver con los posibles cambios en la identidad de la propia población migrante, sometida a un reposicionamiento cultural de tipo casi nomádico que combinaría elementos del sitio de origen con referentes culturales del sitio de llegada.

Segundo Eje: Movimientismo e Identidad:

"Que se vayan todos" (Grito de guerra de los movimientos argentinos y ecuatorianos contra la clase política)

A lo largo de su historia, los movimientos sociales han jugado un papel fundamental en la determinación de la dinámica política latinoamericana. Ejerciendo su papel a través de una especie de dialéctica del disentir (Giovanni Sartori), estos movimientos han terminado por convertirse en aglutinantes de identidad y fuente de organización política que actúan como grupos en sí que buscan convertirse en grupos para sí (Nicos Poulantzas). Desde el grito de independencia de Tupac Amaru que podría considerarse su antecedente más significativo, los movimientos latinoamericanos han desarrollado esos "vínculos que se sienten" y que son una forma de construir sociedad.

La secularización vivida durante el siglo XX, considerada como el más importante cambio histórico de la pasada centuria latinoamericana (Erick Hobsbawm) y la campesinización del movimiento indígena que convirtió su tratamiento social en un problema de reparto de parcelas y subsidios agrícolas (E. Samper) impidieron que los factores religiosos y étnicos jugarán un papel determinante en la construcción de un modelo cultural alternativo inspirado en estas importantes reclamaciones colectivas de identidad.

El tema del movimientismo sigue ocupando hoy un lugar privilegiado en la dinámica política latinoamericana. La gobernabilidad en la región ha quedado supeditada a la posibilidad de que el mensaje de resistencia que estos movimientos expresan se convierta en un proyecto constructivo de identidad (Ruth Cardoso); y que todas estas propuestas, planteadas desde la base, puedan ser asimiladas por los partidos a través de alianzas de cooptación o sirvan de base para la creación de nuevos frentes políticos más sintonizados con la realidad que de alguna manera les dio origen. Esta visión compleja de lucha social-identidad cultural; participación política coincide perfectamente con la noción de la identidad como un proceso a través del cual los actores sociales construyen el sentido de su acción, atendiendo un conjunto de atributos culturales a los cuales se les da prioridad sobre otras fuentes de sentido de la acción" (Castells). Y su dinámica explicaría, entre otros fenómenos, porque la identidad religiosa - como se demostró con el caso reciente de la publicación de las caricaturas de Mahoma en Europa - puede convertirse en la madre de todas las guerras de identidad del siglo XXI (Huntington).

En el fondo lo que la cultura expresa, a través de estos movimientos, es que ella consiste en un proceso de comportamiento (Luís Lumbreras), por ejemplo, el discurso de Evo Morales, en este sentido, es un claro discurso cultural y la diversidad cultural resulta de la manera como nos comportemos frente a las circunstancias que determinan los rasgos de una cultura y que en el caso latinoamericano tienen unos determinantes muy claros como la relación entre identidad y territorio.

Aunque la mayoría de los movimientos latinoamericanos nacieron como resultado del conflicto dialéctico entre identidad y sistema, en los últimos años han surgido movimientos nacidos de la misma globalización para protestar contra las privatizaciones, los tratados de libre comercio, el modelo neoliberal de desarrollo o la imposición de patrones de consumo alienantes. Movimientos como el del trueque y los piqueteros en Argentina tenían un claro propósito de construcción social de una alternativa frente al desastre del modelo neoliberal. Los piqueteros nacieron de las "puebladas" de Salta que se oponían al desmonte de instalaciones petroleras de la región; la gente armó "piquetes" de protestantes que empezaron por bloquear las carreteras y después las calles para llamar la atención de la opinión y de las autoridades.

Un desarrollo mucho más simbólico tuvo en la región el itinerario de las denominadas guerras del agua, iniciadas en Cochabamba (Bolivia) y Tucumán (Argentina) para protestar por su baja cobertura o las altas tarifas que se estaban cobrando por ella, siguieron con la "coalición nacional de lucha por el agua integrada" de Nicaragua, hasta convertirse en una gran contestación social que debió ser reconocida por la Conferencia Mundial de la Haya al declarar el agua como un bien público global y ordenar que se entregara con subsidios a los estratos más bajos. No podría ser de otra manera ni desde otra parte si se tiene en cuenta que en América Latina existen 36 cuencas fluviales de las 210 que existen en el mundo y que en este hemisferio y en África se encuentran la mitad de los depósitos hídricos que podrían evitar en el siglo XXI las grandes sequías que ya se anuncian como parte de las nuevas plagas globales.

La presencia sistémica de estos nuevos movimientos sintonizados globalmente y su interrelación a través de las redes internacionales puede interpretarse como el principio de construcción de una nueva ciudadanía global nacida de una identidad multidiversa para superar la paradoja de un mundo cada día más integrado simbólicamente y desintegrado socialmente (Hopenhayn). Se trataría de una nueva etapa que superará la vieja concepción sindicalista de una sociedad salarial y convalidará el aparecimiento de nuevas formas de organización social para la reivindicación de los derechos humanos económicos y sociales, un fenómeno acorde con lo expresado por un dirigente popular argentino para quien "la fábrica de hoy es el barrio".

Las viejas organizaciones sociales, empezando por los sindicatos, están lejos de poder asumir la vocería de una compleja agenda de nuevas reivindicaciones globales que incluye temas tan disímiles como la legitimidad de los organismos multinacionales, la condenación de la deuda externa, el establecimiento de una tasa a las transacciones internacionales o tasa Tobin, los reclamos por la libre circulación de las personas, la profundización de la democracia participativa y la defensa del pensamiento crítico frente al intento hegemónico de imponer un pensamiento único.

En los escenarios abiertos por los nuevos actores sociales globales como el de Seattle (1997), los Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo de Lacandona (1996), el Foro Social de Washington (2000) y los encuentros de Praga (2000), Melbourne (2000), Portoalegre (2001) y Ginebra (2001), donde se discutieron temas como el modelo social alternativo, la oposición a la criminalización de la lucha social o el rechazo al desmonte del Estado Bienestar fue evidente la ausencia de dirigentes sindicales y políticos tradicionales. Esto avala la afirmación de que la perspectiva global de los nuevos movimientos sociales puede demostrar que estos son formas embrionarias de un orden más amplio y poderoso de resistencia social a los aspectos represivos de la globalización (Manuel Castells).

El debate sobre el movimientismo en América Latina como fuente de identidad tiene su contraparte en la discusión europea sobre el papel del nacionalismo en la caracterización de una "Europa de regiones" o, si se quiere, de naciones. Mientras que el nacionalismo ha sido un mito integrador en América Latina que identifica nuestros héroes bien sean estos mártires de la independencia como Bolívar, santos como Santa Teresa, tiranos como Somoza, maestros como Faustino Sarmiento, poetas como Neruda o cantantes como Shakira (Monsivais), en Europa el nacionalismo es visto como un factor de conflicto que no une sino divide en la medida en que pretende devolver el reloj de la historia europea a un continente dividido por naciones y no por Estados.

Tercer eje: Industrias de producción de bienes culturales en España y América Latina.

La cultura representa una parte fundamental del denominado capital social, entendido este como el conjunto de relaciones sociales que identifican una comunidad y que ayuda a establecer las posibilidades organizativas de una sociedad para acometer desafíos como el de la globalización. Además de la importancia política de esta afirmación, es claro que la cultura también tiene un valor económico. Las industrias que generan derechos de autor representaron en el año de 1998 más del 6% del producto interno bruto de la región con un valor cercano a los US$ 61.000 millones mientras que las industrias culturales pesan el 2.5% del PIB en la comunidad andina y el 4.5% en el MERCOSUR, cifras nada despreciables que hablan por sí solas de la importancia económica de la cultura (Corporación Andina de Fomento).

En la exploración de esta nueva relación de identidad Europa- América Latina tiene indudable importancia el papel que están cumpliendo las industrias de producción de bienes culturales (libros, videos, filmes, telenovelas) en el área y la manera como su actividad puede verse afectada por nuevas disposiciones globales como las que actualmente se debaten en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) entre quienes piensan - liderados por Francia - que los bienes culturales deberían tener un tratamiento excepcional respecto al resto de los bienes que circulan en el comercio y quienes - siguiendo los Estados Unidos- abogan por un tratamiento igual para todas las mercancías con independencia de los contenidos que ellas incluyan. Desde América se escuchan voces que sostienen con toda razón y en apoyo de la tesis francesa que el mercado no produce tradiciones ni crea vínculos entre sujetos en la medida en que no trabaja con solidaridades sino con rentabilidades (Martín Barbero); otros alertan sobre el carácter "invasor" de algunas de estas industrias en la medida en son transmisoras de unos valores y unos contenidos (Fernando Rueda). Diseñar una política para las pequeñas y medianas industrias culturales, por ejemplo las productoras de música, (José Luís Paredes Pacho) parece ser una inquietud relevante en el panorama del impulso de la cultura como actividad industrial. Existe también un fenómeno de "culturas nomádicas" entre Europa y América Latina, de culturas que van y vienen, que se retroalimentan entre si.

Frente a esta discusión esencialmente política existen realidades incontrastables como el hecho de que Argentina y México estén editando diez mil títulos al año frente a los sesenta mil de España y preocupaciones válidas por circunstancias que no tendrían mayor importancia si se tratara de industrias productoras de bienes comunes y corrientes como las recientes alianzas estratégicas que vienen celebrando empresas editoriales españolas con editoriales italianas y alemanas, que podrían llegar a desvirtuar los contenidos iberoamericanos del actual mercado editorial. En el otro extremo, se ubican quienes se preguntan con cierta razón si el fomento a la producción de industrias culturales nacionales resulta estratégica o contraproducente para fortalecer la cultura y la identidad endógenas.

Existen signos positivos en las posibilidades de expansión del mercado latino de bienes culturales como las perspectivas de "exportación de sentimientos" a través de la venta de series de telenovelas producidas en América Latina (García Canclini) o el perceptible desplazamiento del rock norteamericano por el rock latino manejado desde Miami que ya representa más del 50% de la música de este género escuchada en los Estados Unidos. Empero, también existen debates que están puestos sobre la mesa de las grandes discusiones globales, como el debate sobre el reconocimiento de los derechos de autor que divide a quienes piensan que se debe proteger el derecho de quien crea y los que abogan por los derechos del "reproductor" de la creación. O la no menos peligrosa amenaza representada por los acuerdos de libre comercio, como el caso del NAFTA y el del ALCA, de asfixiar la creación fílmica bajo la amenaza de posibles formas de competencia desleal. (V. Rascón) y que contrasta con algunas experiencias exitosas como el caso de Ibermedia, ideada por el gobierno español para estimular la coproducción cinematográfica iberoamericana que se ha encontrado, en sus posibilidades de ampliación, con el gran cuello de botella de la ausencia de canales de distribución.

Una inquietud adicional se plantea al abordar el tema, cada día más evidente en sus posibilidades y dificultades, de la relación entre turismo y cultura, la utilización del turismo cultural como generador de recursos económicos a través de la utilización de "atractivos" turísticos como el patrimonio histórico (García Canclini). El turismo viene siendo así una forma rentable de migración. (L. Lumbreras).

Cuarto Eje: Informatización, cultura y sociedad del conocimiento

El PNUD, siguiendo a Castells, ha definido la informatización como "la transformación histórica, multidimensional definida por la transformación del sistema productivo, del sistema organizativo, del sistema cultural y del sistema institucional sobre la base de una revolución tecnológica que no es la causa pero si el soporte indispensable" (Informe PNUD sobre Desarrollo Global en América Latina).

Son evidentes las relaciones entre la informatización y la cultura a partir de la distinción entre el cosmopolitismo cultural que afirma la necesidad de llegar, a través de la utilización de los medios masivos y personalizados de comunicación a una cultura única global y el multiculturalismo que aboga por la preservación de la diversidad coexistente de culturas teniendo como marco de definición la búsqueda de una sociedad democrática del conocimiento a nivel global. En el debate sobre los posibles caminos alternativos de comunicación cultural de América Latina con Europa, es claro que las posibilidades de identificación hacia el pasado a partir de una historia común son tan fuertes como las de desidentificación hacia el futuro resultante de unos flujos de información que no controlamos y que están impactando diariamente nuestra identidad compartida.

A diferencia de la época de la revolución industrial, a finales del siglo XIX, cuando la energía producida por la máquina de vapor, se constituyó en el ingrediente fundamental de la nueva propuesta productiva, en la revolución global que vivimos, la información producida y procesada a partir del computador no solamente ha revolucionado los procesos productivos sino que se ha convertido, ella misma, en paradigma organizativo de la sociedad, de la economía, del gobierno y de la cultura. Y aunque resulta cierto que los mayores niveles de informatización han permitido que se conozcan muchas culturas que antes se encontraban perdidas, también lo es que muchas de ellas han sido rescatadas del silencio para luego se literalmente masticadas por el ruido mediático (Hopenhayn). Aquí lo que está planteado, claramente, es un problema de códigos mediáticos contra códigos tradicionales. De alguna manera, las "ciclomedias", las enciclopedias mediáticas han reemplazado la tarea investigativa de los estudiantes y el papel orientador sus maestros (A. Moreno).

En una recreación paródica de Aldous Huxley y su Mundo Feliz, podría decirse que, como consecuencia de esta avalancha de informatización que divide el mundo entre inforricos e infopobres, se ha venido creando una cultura digital, alimentada diariamente por símbolos y significados virtuales, con un protagonista, el hombre digital, hijo de la televisión y el computador, cuyos maestros son Yahoo y Google, que queda "online" cuando se despierta por las mañanas, un sujeto que se comunica, siente y socializa a través de Internet; que habita y se mueve en los "no-lugares" de una globalización que desterritorializa como aeropuertos, autopistas, centros comerciales y cuyo destino más posible, cuando muera, será el de quedar navegando perdido por el ciberespacio con una inscripción de Baudelaire en su lápida sideral: "los hombres son como niños perdidos en un valle de símbolos."

Existe una relación directa entre los grados de conectividad y de información en una sociedad y sus posibilidades de proyección y asimilación cultural. En la práctica, el nivel de informatización y su impacto social, económico y político determina elementos de la identidad como los referentes de pertenencia, las categorías de tiempo y espacio y las formas de comunicación cuotidianas (Hopenhayn). La fuerte integración y concentración mediática que caracteriza la era de la informatización contrasta con los profundos niveles de fragmentación social en los países "perdedores" del proceso global y las propias disparidades evidentes en los niveles de conectividad que terminan dividiendo el mundo entre los conectados y los desconectados a la RED (Juan Luís Cebrian).

La brecha digital es el indicador más recurrido para medir las diferencias de informatización entre distintas sociedades y grupos sociales. La reciente cumbre sobre la Sociedad del Conocimiento, celebrada en la ciudad de Túnez a finales de 2005, la definió como "la diferencia que existe entre personas y comunidades que cuentan con las condiciones óptimas para utilizar adecuadamente las tecnologías de la información en su vida diaria y aquellos que no tienen acceso a los mismos o que aún teniéndolo no saben utilizarlos." El hecho de que en los Estados Unidos existan 800 televisores por cada 1.000 habitantes mientras que en México y Brasil esta cifra no pasa de 200 o que un computador en Estados Unidos cueste un sueldo mensual mínimo y en América Latina todo un año de salarios, da buena cuenta de la distancia que todavía falta para llegar a una verdadera integración informática sobre la cual se construya una convergencia cultural realmente democrática. Por supuesto, la informatización de una sociedad no se puede reducir a llenar de computadores las escuelas si no se tienen redes eléctricas para iniciarlos, virtuales para conectarlos y maestros preparados para alfabetizar electrónicamente a los nuevos educandos.

La informatización también tiene una directa relación con las posibilidades de imponer una interpretación de la globalización. El hecho que una sola agencia noticiosa transmita en inglés más de diecisiete millones de palabras de información por día frente a las cien mil palabras que transmite la más importante agencia noticiosa en español o de que de los veinte gigantes informáticos que manejan la información del mundo ninguno provenga de América Latina da buena cuenta del camino que nos falta por recorrer para ser realmente influyentes en el mundo.

El conocimiento es el factor más importante de producción en la nueva era global. El mundo ya no solamente está dividido entre los que tienen y los que no tienen sino entre los que saben y los que no saben y nosotros, los latinoamericanos, lamentablemente estamos en la orilla de los que no sabemos. La posibilidad de llegar a una sociedad global basada en la multidiversidad cultural tiene mucho que ver con la capacidad de estructurar unas sociedades del conocimiento que combinen adecuadamente educación, información y comunicación. La Cumbre de Túnez, ya citada, propuso la creación de un Fondo de Solidaridad Digital que financie la extensión de redes, el acceso al software y la aplicación de las nuevas tecnologías de la información (TICS) aplicadas a la producción de bienes sociales globales como la salud, la educación, la vivienda y la cultura, así como el diseño de nuevas políticas públicas dentro de la idea de construir Estados-red. En América Latina, debemos empezar a recorrer ese camino.


Quinto Eje: Intelectuales, raíces y valores frente al debate de la identidad

"Ya no somos de aquí de la misma manera que antes" (Ciorán)

Es muy importante el papel que pueden y deben jugar los intelectuales en la definición de unos nuevos caminos para la identidad europeo-latinoamericana, particularmente los intelectuales que de alguna manera han trabajado en el diseño de un pensamiento transoceánico sobre los caminos que nos unieron y los que, hacia el futuro, podrían relacionarnos. En una visión crítica se señala al respecto que hemos pasado de los intelectuales críticos a los intelectuales orgánicos y que es preciso entrar a distinguir entre "intelectuales" y "creadores" (Rascón). Se dice también que los intelectuales de hoy ya no desenmascaran sino enmascaran las realidades, que muchos de ellos han sucumbido a la frivolidad mediática y que algunos piensan a la izquierda pero viven a la derecha de sus convicciones (Hopenhayn). Se trata del intelectual mediático que ha sacrificado la profundidad en aras de la frecuencia y cuyo mayor enemigo es la celebridad, "ese afán que tenemos todos de volvernos famosos en unos pocos minutos."

Algunos intelectuales afirman con razón que es imposible hablar de cultura global en la medida en que es igualmente imposible considerar la existencia de una memoria universal. Esta afirmación nos remite de nuevo a la discusión, ya comentada a lo largo de este ensayo, entre el cosmopolitismo cultural y el multiculturalismo como las dos alternativas que enfrenta la globalización para resolver el dilema de una posible cultural global. El cosmopolitismo resultante de la teoría del pensamiento único del hegemonismo político y la concentración informática (Ignacio Ramonet). El multiculturalismo como expresión de un pensamiento crítico, una apuesta multilateralista de manejo del mundo y una verdadera democracia informacional. ¿Qué tenemos que decir como latinoamericanos frente a este debate? Lo primero sería, quizás, retomar un hilo conductor del debate sobre la identidad que puede ser el reconocimiento de nuestra diversidad a partir del análisis de los miedos, las utopías y los perjuicios que nos unen. (Hernández). Pero, además, resulta indispensable que se ubique este debate dentro de unas nuevas perspectivas, como la perspectiva de genero que está cambiando la propia cultura latinoamericana y que se tengan en cuenta fenómenos objetivos que están determinando el proceso cultural como las dificultades relacionadas con la distribución de los bienes culturales y la piratería de los mismos que está empobreciendo la cultura y los creadores de cultura o el fenómeno a través del cual la educación formal ha sido desplazada por una educación informal que predica otros contenidos. En América Latina, como en Europa, se estarían librando o se estaría por librar unas importantes batallas culturales alrededor de temas como la despenalización del aborto y de la droga (Monsivais).

La respuesta latinoamericana a este desafío debe surgir de una profunda reflexión de sus intelectuales sobre los valores y raíces que todavía nos podrían ayudar a definir como nación. Esta, en primer lugar, el aglutinante religioso. Somos el rebaño más grande la religión católica, de hecho, no fuimos conquistados sino evangelizados. Lideramos y perdimos a través de la teología de la liberación la apuesta por una Iglesia antropocéntrica que hubiera evitado que la "revancha de Dios" llegara a América Latina a través del evidente avance del protestantismo que ya ha conquistado más de setenta millones de almas hasta el momento y que hoy, en países como México, están colonizando los indígenas, dividiéndolos y enfrentándolos según sus respectivas sectas y orígenes religiosos (Rascón).

Tenemos también, claro está, la lengua común que nos une y que nos identifica y distingue pero no hablamos los otros lenguajes globales, el de la genética, el binario, el cibernético. Nuestra capacidad - en la cual era experto Neruda - para ponerle nombres a las cosas y bautizar el universo es notable. Pero hemos perdido hasta la capacidad de fabricar utopías explicativas para cuestionar los modelos pragmáticos que nos están destruyendo y de entender que el caos y su teoría son la razón de ser de la sinrazón que estamos viviendo. La tarea está incompleta: las reflexiones que resulten de este taller podrían ser un buen punto de partida.

Pero nuestro principal problema, como latinoamericanos, es que "no somos visibles en Europa" (Osío), no tenemos forma de llegar ni manera inmediata de crear un diálogo fructífero entre nuestras dos culturas, porque lo que tenemos, más que identidades, son culturas (García Canclini). En esta dirección no debemos olvidar que las culturas también son generadoras de consensos y de ciudadanías o de desencuentros y guerras.

Bibliografía

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Hopenhayn, Martín. "Visión Filosófica de las Relaciones en la Unión Europea y América Latina," Documento presentado en el 6º Foro de Biarritz en Bogotá, Colombia, 2005.

Huntington, Samuel. "Who Are We? The Challenges to America's National Identity," New York: Simon & Schuster, 2004.

Monsivais, Carlos, Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina, Editorial Anagrama, Barcelona, 2000.

Poulantzas, Nicos. "Poder político y clases sociales en el estado capitalista," Siglo XXI editores, México. 1970.

Sartori, Giovanni. "La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros," Ed. Taurus, Madrid, 2001.