REMILITARIZACION CONTINENTAL POST-IRAK: LAS PERSPECTIVAS DE LA “GUERRA PREVENTIVA” EN AMÉRICA LATINA, TEXTO CON DEDICATORIA CENSURADA, PROVOCACIÓN INCLUIDA Y POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA

PONENCIA PRESENTADA POR EL VOCERO DE LA ASAMBLEA PERMANENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS DE ECUADOR, ALEXIS PONCE EN EL PRIMER ENCUENTRO HEMISFERICO FRENTE A LA MILITARIZACION (5 al 9 de mayo-03) San Cristóbal de Las Casas, México, miércoles 7 de Mayo de 2003.

Vengo de un país, como el mundo, el continente y la vida... paradójico. Vengo a Chiapas, México, de un país donde los indígenas han llegado por vez primera al gobierno, donde tenemos por primera ocasión en 511 años de historia, una canciller mujer e indígena, de un país donde los movimientos sociales, organizaciones indígenas y partidos y movimientos de izquierdas, por primera vez, llegan al gobierno, a una parte del gobierno, por la vía electoral. Un país que tiene sombras y luces, soles y noches. Un país que alberga la base militar estadounidense más grande de Sudamérica, que tiene más o menos conocidos componentes logísticos operativos para beneficio del Plan Colombia, pero que -más allá- tiene connotaciones estratégicas operacionales para el continente y especialmente el sur, con su eje en el centro andino amazónico, componentes desafortunadamente desconocidos por las organizaciones latinoamericanas.

Vengo de un país que, por supuesto, luego de escuchar los testimonios brutales de la guerra abierta declarada contra el pueblo palestino, o de mirar las secuelas dejadas por la militarización silenciosa en Chiapas, provoca pudor referir nuestros pequeños dramas, que sin embargo, los comparto ahora: mi país es un país en el cual los que nos hemos opuesto al Plan Colombia, a la Base de Manta y al atávico entreguismo de nuestras elites al poder transnacional, hemos sido declarados “objetivos militares” por el primer escuadrón de la muerte del nuevo siglo ecuatoriano, auto llamado “Legión Blanca”, y donde hemos sido notificados por la Fiscalía 46 dirigentes sociales, de DDHH e incluso ministros de la izquierda para declarar en una supuesta investigación oficial por “atentados contra la Seguridad del Estado”. Vengo a darle nuestro abrazo al pueblo mexicano y a las delegaciones de 29 naciones aquí presentes, pero especialmente a Chiapas, a San Cristóbal de Las Casas, y sobre todo a las comunidades indígenas en resistencia y los municipios autónomos zapatistas, por la siembra que sembraron un Primero de enero de 1994 para siempre en nuestro continente. He preparado el siguiente texto, o más bien lo he re-escrito, pues ha sido continuamente re-elaborado sobre la marcha de nuestras luchas y andares en el continente, y algunos de sus capítulos los presenté hace un mes en Venezuela, durante el Foro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana, cuyo acto de culminación fue una concentración de masas de cientos de miles de venezolanas y venezolanos que pasó desapercibido para las cadenas mundiales de “noticias”, y presenté igual, otros de sus contenidos, apenas hace un par de semanas en Bogotá, durante el X Foro de DDHH y la Tribuna Internacional contra la impunidad, en un acto donde los dirigentes sociales, de base y de DDHH de Colombia, arriesgan la vida todos los días y deben convivir con chalecos antibalas, puertas y vehículos blindados y escoltas de seguridad, debido al terrorismo de Estado mal llamado “paramilitarismo”. No son, por tanto, tesis nuevas para el autor, pero evidentemente, creo que debo compartirlas a ustedes, aquí, en el territorio de esperanzas que es nuestro Chiapas. Lo he titulado: REMILITARIZACION CONTINENTAL POST-IRAK: LAS PERSPECTIVAS DE LA “GUERRA PREVENTIVA” EN AMÉRICA LATINA TEXTO CON DEDICATORIA CENSURADA, PROVOCACIÓN INCLUIDA Y POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA. La dedicatoria la debo a los cuates de la banda musical “Molotov”. Ahí les va: Dedicado al “pinche gringo puñetero”, George W. Bush, por unir a tantos en tan poco tiempo.

 

EL MUNDO: UNA “HIPÓTESIS DE CONFLICTO”
Hermanas y hermanos del “Eje del Mal” americano: El mundo ha sido convertido en “hipótesis de conflicto” por los llamados “tanques del pensamiento” de Washington. Luego del 11 de septiembre y un poco antes de la ocupación a Irak, tres declaraciones nos llamaron especialmente la atención, pues acompañan la atávica paranoia política del Imperio y prefiguran la constitución del anhelado Gobierno orwelliano para todo el planeta: Primera: La intención de los halcones del Departamento de Defensa, filtrada por el diario “New York Times” en enero de este año, de que su denominada “Guerra Antiterrorista” deba tener una duración aproximada de entre 30 a 40 años más, a escala planetaria. Segunda: La “tesis”, nada novedosa para los pueblos de Nuestra América por cierto, re-elaborada por “demócratas” como Otto Reich y Jhon Negroponte, de la cínicamente llamada “Desestabilización Legítima”, cuyos actuales objetivos, son -en esta región del mundo- los gobiernos de Cuba, Venezuela Bolivariana, y podría ser, tiempo después, arriesgo la apuesta, el Brasil de Lula, y el Ecuador de los movimientos indígenas y las izquierdas instalados por vez primera en un sector del gobierno, por la vía electoral.

Tercera: La llamada “doctrina Bush”, copia mediocre de la hitleriana concepción de la “Guerra Preventiva”, que apuntala una lógica de “realineamiento forzado de tendencias” en el mapa global y en América Latina. Dos aclaraciones más fueron cortésmente interpuestas para América Latina en los últimos meses: Funcionarios y asesores del Departamento de Estado señalaron en las mismas semanas en que los EEUU fracasaron en su política de amedrentamiento a la ONU y su Consejo de Seguridad, que debía “castigarse” a América Latina por no apoyar como se debía su cruzada para llevar la democracia al Iraq. “América Latina debe ser castigada por no apoyar la Operación “Libertad de Irak”, refirieron esas voces de la Casa Blanca, según su inefable corresponsal Andrés Oppenheimer. Un oscuro, influyente y ultraconservador congresista de los EEUU, de decidor apellido Hyde, en carta dirigida al Presidente Bush a mediados del 2002, señalaba que un potencial peligro para su país emanaba de la presunta unidad nuclear (sic) de tres naciones del “eje diabólico” (la cita es del congresista): Lula-Castro-Chávez. Hyde sostuvo que estos tres líderes del continente “podrían constituir un eje diabólico en las Américas que puede construir armas nucleares en Latinoamérica”. (Paréntesis paradójico de un no-violento): Más allá de la rupestre “tesis” del citado halcón, cuando leí la nota pensé que, en efecto, la maldición latinoamericana, signada por el abuso imperial de un siglo, obedecía en última y fría instancia, a que América Latina no había logrado desarrollar nunca, en unidad irresponsable (y delirante también) un poder nuclear propio que impidiera la larga lista iraquí y palestina que ha marcado la historia de nuestro continente: Salvador Allende, Panamá, Granada, República Dominicana, Haití, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, y otros tantos nombres de la duradera “guerra preventiva” que hemos padecido por cien años en nuestras tierras.


ELPASADO ES EL PRÓLOGO
Hay sectores que advierten que la remilitarización estadounidense de América Latina empezó antes del 11 de septiembre, al calor de la aplicación -ahora regionalizada- del Plan Colombia, o con la instalación de las bases militares “antidrogas” en Manta y Curazao. Sostengo que la nueva remilitarización de América Latina es correspondiente a dos procesos cuyo fracaso, ahora, resulta previsible: la neoliberalización de la sociedad global y la democratización formal del continente, que iniciaron a finales de la década del setenta cuando arrancaba el primer ciclo de conservadurización planetaria con el ascenso reaganeano en los EEUU. En los ochenta, bajo la administración Reagan precisamente, fueron configurándose los escenarios de la remilitarización en los inicios del siglo XXI. Los documentos de Santa Fe y los procesos de reconversión militar latinoamericana pensados en Washington, datan desde los inicios de aquella década (1982). Al calor de la fractura del TIAR por lo ocurrido en las Malvinas y debido a las consecuencias tecnológico-operativas de su próxima retirada de Panamá, el Complejo Militar norteamericano fue elaborando la reingeniería militar continental que algunos analistas como el coronel ecuatoriano Jorge Brito, coinciden en determinar que se inició, formalmente, con la puesta en marcha del llamado “Diálogo Interamericano”. La desestatización progresiva del continente, amparada en la aplicación del modelo privatizador que hoy hace aguas, requería -desde ese entonces- de la disminución de la mayoría de los ejércitos latinoamericanos que ya habían “cumplido su papel” en casi toda la región, puesto que faltaba completarse únicamente en la volcánica Centroamérica de la época y en un país que hoy ocupa ese lugar de importancia en las prioridades regionales del coloso americano: Colombia. A la luz de la “nueva era”, según los teóricos del denominado “Diálogo Interamericano”, los militares debían retornar a los cuarteles y ser desplazados en similar proporción a los Estados nacionales, que culminaban en los noventa su “razón de ser”. Si se revisan los documentos de Santa Fe, si se relee el proceso que en aquella época se denominó “Diálogo Interamericano”; y, finalmente, si se vuelve los ojos a los viejos anaqueles que dan cuenta de la segunda ola conservadora planetaria (la administración de Bush padre), podría quedarle al lector avisado un sabor a “maldición de Malinche”: “Ya todo estaba escrito” podría decirse, mientras se pasa revista a lo que hoy sucede en la región: Por un lado la visión de Washington, antes de sepultar al comunismo del Este incluso, tomaba en cuenta el papel desestabilizador que, en los noventa y principios del siglo XXI tendrían Colombia y su vieja insurgencia armada para la región entera, por ser la entrada geopolítica a Sudamérica. Por otro lado, bajo el mandato Reagan, EEUU define por vez primera como “Política de Estado” y “Asunto de Seguridad Nacional”, el consumo, la producción y el tráfico de drogas: es decir, es en los ochenta cuando Washington incluye el combate militar a las drogas en los planes estratégicos del Consejo de Seguridad Nacional y del Departamento de Defensa. Finalmente, es en esta época, cuando se recomienda por vez primera la “reestructuración” de los ejércitos latinoamericanos. En los noventa, la estrategia se consolida, modificándose solamente en aquello que EEUU cree pertinente modificar: los ritmos, tiempos y lugares de aquella remilitarización. La “novedad” no es nada nueva: Una vez culminado el conflicto atávico entre Ecuador y Perú en 1995, tras la firma de paz que pusiera fin a “la guerrita” como irónicamente refirió el embajador de EEUU en Quito, Peter Romero (quizás porque no tuvo la magnitud mediática de las guerras de intervención desatadas por su país en las tres cuartas partes del mundo), ese mismo funcionario citó públicamente que “en adelante las FFAA de Ecuador deben dirigir su atención a la frontera norte”; es decir, convertirse en una fuerza local funcionalizada a la estrategia norteamericana para los Andes: la “camboyización” progresiva del Ecuador, en torno a la vieja insurgencia colombiana. Por ello sostengo que los planes de reconversión militar regional en torno a Colombia datan, en términos operacionales, de la última década y no solo de los últimos cuatro años; y que la aplicación del Plan Colombia sería la culminación, y no el inicio, de una estrategia global para toda la región. En el mismo período vino configurándose un “nuevo” modelo estructural para las FFAA del continente, modelo que hoy, luego de la ocupación de Iraq, podrá ser experimentado para ver si resiste la prueba de la realidad. Tal modelo se enmarca en la reingeniería acelerada de los ejércitos sobre la base de incorporar como eje transversal de trabajo a las problemáticas sociales, políticas y económicas de cada país y de las sub-regiones de América, repleta ésta de la nueva causalidad que da origen al concepto de “conflictos asimétricos” como citan el Documento Santa Fe IV y el Documento Estratégico para el año 2020 del Ejército de los EEUU, más la vieja estrategia de la guerra antidrogas y el “esfuerzo conceptual” del antiterrorismo. Es dudosa, por tanto, la “novedad” que exhiben los llamados “Libros Blancos” de algunos ejércitos latinoamericanos, entre ellos el ecuatoriano. Quienes no tienen memoria ni la quieren tener, descuidan un detalle: que los “Libros Blancos” de las FFAA del continente aparecen en serie y tienen su punto de partida en el Cono Sur, más precisamente, Chile.

HACIA UN CONTINENTE REMILITARIZADO
La agenda hemisférica de remilitarización unipolar incluye el aumento drástico de la ayuda militar estadounidense a la región andina, así como la instalación de bases operativas de largo alcance en todo el continente. Hoy, desde la frontera mexicano-guatemalteca hasta Misiones en Argentina, pasando por Costa Rica que inaugurará el centro estadounidense de formación policial más grande del continente, América Latina sufre un acelerado proceso de remilitarización que, por lo menos en teoría, no se compadece con el llamado “avance de la democracia, las sociedades abiertas y la libertad” que, presuntamente, gozan de buena salud en América Latina. Alcántara, Curazao, Manta, Bolivia, Tres Fronteras, Vieques, Panamá, Iquitos, Cabañas 2000 y 2001 y Tres Esquinas, son eslabones de una estrategia cuidadosamente integrada y analíticamente impuesta. Y junto a esos eslabones logístico-estratégicos, aparecen los contenidos, poco conocidos por la opinión pública, de las últimas conferencias y encuentros continentales, regionales o binacionales, de las cúpulas militares de América Latina, siempre bajo el cuidadoso auspicio y la presencia decidora de altos jefes del Comando Sur.

HIPÓTESIS DE CONFLICTO Y GUERRAS ASIMÉTRICAS
En los ejercicios militares de Cabañas 2000 y 2001, en las reuniones que días antes y días después del 11 de septiembre mantuvo en su sede de Washington la Junta Interamericana de Defensa (JID) y en las últimas conferencias de los ejércitos del continente ocurridas en Bolivia y Chile, se fueron reafirmando dos “novedades conceptuales”: las llamadas hipótesis de conflicto, donde se sugiere el “papel amenazante a la estabilidad regional” jugado por las organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos no gubernamentales de DDHH y ambientalistas; por un lado. Y, por otro, las llamadas “guerras asimétricas”, en las que incorporan, como no podía ser de otra manera, al narcotráfico, el terrorismo y la fuerte ola de migración latinoamericana hacia el norte industrializado. Los andes no son Bagdad: Hay autores que predicen, y predecir se ha vuelto tarea difícil, que toda la estrategia militarista de los EEUU para América Latina tiene que ver con dos componentes: de un lado, el control y hegemonización planificada de la Amazonía y los recursos no renovables que posee, fundamentalmente las fuentes de agua dulce, cuyo agotamiento se discute como probable desafío mundial de las próximas décadas; de otro lado, la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, cuya terrenalización práctica e “innovadora” en América Latina tiene otras facetas, otras estrategias y otras metodologías, muy distintas por supuesto, a las que estamos viendo en el escenario presente, y en particular en Iraq y Corea del Norte. Más aún, según algunos análisis, Holanda sería uno de los primeros países del norte en ver agotados sus recursos de agua dulce en el futuro. Esos autores, por ello, relacionan la ecuatorianísima entrega holandesa de su colonia Curazao a una base militar norteamericana, en tanto en cuanto se requeriría de una mega-alianza para controlar, a tiempo, la región que -mal o bien- posee fuentes planetarias de oxígeno, agua dulce y biodiversidad, sin obviar algunas reservas de petróleo, la “yugular” que Nixon preveía en los ochenta para el bienvenido mundo unipolar. Por obvia fortuna, ni los escenarios son iguales, ni las estrategias similares, aunque los intereses, en última instancia, son crematísticos, más allá del evidente criterio jurásico del autor de esta nota. El imperio unipolar tiene, para cada zona del mundo, trazado un mapa distinto de intervención, mediación y contrapesos. Por ello es que, luego de Bagdad, el turno no le llegaría de manera mecánica a la zona andina o a Colombia, pues es toda la región la que se debe contrarrestar y a la cual debe hacérsela permeable a los ojos del nuevo orden mundial.


ECUADOR, LOS ESCENARIOS DE SIEMPRE

Cuando dialogábamos sobre el tema andino y del Plan Colombia con un meritorio y alto oficial retirado de nuestras FFAA, quien había pasado por la Junta Interamericana de Defensa y la Escuela de las Américas, nos refería: “los ejercicios teóricos que hacíamos hace una década los ejércitos latinoamericanos estaban relacionados a la creación de una fuerza multinacional contrainsurgente para Colombia”. ¿Hace una década?, preguntábamos incrédulos. Y remataba: “se equivocan los políticos y la sociedad civil si creen que el Plan Colombia nació hace 3 años, porque fue consolidándose en la última década”. En esa perspectiva, se buscaría comprometer al ejército ecuatoriano en el siguiente escenario militar de baja intensidad pensado por Washington, esto es la zona andina, donde se busca desestabilizar a Venezuela y comprometer a los países limítrofes en las tesis belicistas de Uribe y Bush para Colombia. Si el Presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, llegó o no a acuerdos en materia de seguridad regional y alianza militar con los presidentes Bush y Uribe cuando visitó Washington y Bogotá a poco de posesionarse, es cosa que se podrá develar solamente en el futuro; pero lo que nadie duda es que si aprueba un nuevo acuerdo militar solicitado por el Jefe del Comando Sur en las anteriores semanas bajo el presunto “compromiso ecuatoriano contra las drogas” (mediante el cual se amplía el que antes firmaron los gobiernos de Mahuad y Noboa para la ocupación norteamericana de la base de Manta), se pondría en peligro la paz del país y su política principista de no intervención y resolución pacífica de los conflictos. De aprobarse esta nueva cesión de soberanía, el acuerdo que permitió entregar Manta al Comando Sur sufriría una modificación, correspondiente a la nueva estrategia post-11 de Septiembre y la realidad post-Irak para los Andes. Aunque resulta evidente que las FFAA del Ecuador, con o sin acuerdos escritos con los EEUU, continúan adelantando la estrategia militar de líneas exteriores en torno a Colombia, advirtiendo que en términos militares, del escenario de líneas exteriores al teatro de operaciones, hay apenas un paso, y eso lo sabe un militar como Lucio Gutiérrez. Es necio pero útil repetir que esas estrategias, presionadas por el Comando Sur y ocultas tras el pretexto de la “lucha antinarcóticos”, tienen peligrosos objetivos militares para toda la región andina y el continente entero.

CUANDO LAS TEORÍAS ENLOQUECEN
Ahora bien, no siempre les funciona bien las cosas a los estrategas de los escenarios continentales: la emergencia chavista en Venezuela no estaba en las previsiones señaladas hace dos décadas, ni tampoco el insurgir de los pueblos indígenas del continente. No importa: las agendas hemisféricas se ajustan y los programas estratégicos se reactualizan. Ahora el informe de la CIA (“Escenarios para el 2.015”) cataloga a los indios como “nueva amenaza continental” y Caracas se incorpora a las prioridades de la llamada “desestabilización legítima”. Si esos escenarios, configurados de manera virtual hace una década, se cumplen, ¿qué rol jugará la instalación acelerada de bases, radares, equipos tecnológicos de punta y estaciones de inteligencia norteamericana en este esquema geopolítico?

La primicia noticiosa del “Journal do Brasil” dada a conocer al mundo en el 2002 y reafirmada por la Ministra de Defensa de Colombia (los países de la región deben involucrarse en la estrategia antiterrorista) podrían responder mejor esa pregunta. Pero al ser desmentido el desliz público de la ministra por parte de algunos gobiernos de la región, y al ser rechazado el pedido de Bogotá de manera tajante por Brasil y Venezuela, proactivamente por Ecuador y discretamente por Perú, se desmoronaría una buena parte de la parafernalia elaborada en los ejercicios estratégicos de los noventa. ¿Es probable admitir que misiones militares cooperativas (“cascos azules” incluidos) intervengan en las selváticas profundidades de Colombia?. Es muy poco probable pues no se las tendrían fácil: existe un subterráneo descontento estructural en una buena parte del mapa regional, y eso incluye a parte de las elites locales y los mandos militares, que impide que “el factor de facto” se asimile a esa visión del Nuevo Orden cuyo objetivo en esta parte del mundo sería -casi- previsible: apuntar, nuevamente, el poderío de la contrainsurgente baja intensidad hacia el “enemigo interno”, enemigo que -con la excepción de la insurgencia colombiana- es civil, pacífico, desarmado, democrático y con capacidad de movilización probada en buena parte del continente latinoamericano. Si se profundizan los desperfectos de esta estrategia elaborada años atrás (uno de los desperfectos, los repetidos fracasos de la política exterior militarista de Uribe entre los países vecinos), la paramilitarización y la invención de escaramuzas fronterizas podrían ser un componente no descartable en la región, para ganar tiempo y terreno perdidos. Lo malo para esa estrategia, es que Brasil tiene nada más y nada menos que al partido más grande de la neo-izquierda en el palacio de gobierno y a Lula de presidente del país más extenso del sur, Chávez aún logra mantenerse airoso en el poder a pesar del embate desestabilizador en su contra, y Ecuador, pese a su compleja dicotomía gubernamental, tiene todavía fuertes movimientos sociales, indígenas y de izquierdas que, de alguna manera, se expresan aún en la ambivalente política exterior del país.


AMÉRICA LATINA EN LA MIRA... PREVENTIVA

Si la guerra imperial tiene un carácter permanente y extensión global, si los “teatros de operaciones” van desde el Oriente Próximo a la China, de los Urales y el Asia Central a las Américas, las “operaciones y campañas” específicas, en nuestro caso, se llaman: Plan Colombia, Tres Fronteras, Iniciativa Regional Andina, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000 y, por supuesto, uno de sus numerosos eslabones logístico-estratégicos, el más grande y menos conocido por cierto, constituye la nada “ecuatoriana” Base militar de Manta. Si el “teatro de operaciones regional” de la nueva Roma y su mediocre emperador, abarca un territorio que va desde el Río Grande a la Patagonia, sus elementos concretos, como el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina, constituyen una amenaza a los llamados “recursos del tercer milenio” que nuestras tierras poseen, en particular la Amazonía sudamericana. El premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, afirmaba con certeza en el encuentro contra el ALCA realizado en Quito el pasado octubre, que “el único país que tiene un proyecto estratégico para América Latina, lamentablemente, es Estados Unidos, y no es, precisamente, el que necesita nuestro continente”. Por ello, creí pertinente compartirle siete urgencias necesarias, que muy discretamente las he dado en llamar... DESAFIOS LATINOAMERICANOS POST- IRAK: 1. La irreversible necesidad (por sobrevivencia propia incluso) de nuestros pueblos y organizaciones del continente, de apoyarnos de manera sistemática y planificada, los numerosos procesos sociales y políticos de las Américas, incluyendo de manera urgente a las resistencias sociales en el interior de los EEUU, en una escala que permita potenciar, también, la solidaridad sur-norte. 2. La necesidad de que todos nuestros procesos nacionales, se vean, piensen y redimensionen a escala continental, pues si no engarzan en proyectos regionales de integración y “contagio por el ejemplo”, apoyos mutuos y cooperación estratégica y logística, corren riesgos mayores en la “nueva era” post-ocupación de Bagdad. 3. La inaplazable necesidad de entender y acumular para la causa de la paz y la soberanía de América Latina, sobre todo, en tan peligroso escenario global, las multitudinarias resistencias pacíficas de los pueblos y de las múltiples capas de las sociedades civiles del mundo, contra la brutal guerra de conquista emprendida por el eje Washington-Londres-Madrid-Tel Aviv. En este desafío, resulta vital ampliar la esfera de alianzas hacia sectores que en el empresariado, las capas medias y los mismos militares, repugnan ética o conceptualmente de los previsibles resultados de la “Guerra Preventiva” y de la destrucción de las economías nacionales vía ALCA. El imperio excluye y divide, nuestros procesos deben responder con inclusión, generosidad y amplitud. El imperio manda con rasgos totalitarios y dictatoriales, nuestros procesos deben responder con más democracia, más participación y más libertades. El imperio ordena muerte y destrucción, nuestros procesos deben responder con vida y construcción de vida. Si resulta previsible presagiar que el Eje Washington-Londres-Madrid-Tel Aviv responderá en gavilla al Tercer mundo y en este hemisferio a los desobedientes de América Latina, la integración estratégico-operativa y la coordinación actuante, nos permitirá superar esta fase posmodernamente cavernícola impuesta en el mundo. 4. La resistencia de los pueblos, además de continental, es -ahora mucho más que antes- global, es decir planetaria. El “sujeto histórico” que parece emerger como alternativa mundial al Imperio, a la “Guerra Preventiva” y al neoliberalismo, es un sujeto global, es la humanidad, apuesta que los cuates zapatistas adelantaron años antes. Es preciso, pues, pensarnos en escala planetaria, ya que el conflicto, en última instancia, es entre la especie humana y una mafia terrorista que ha creído llegada la hora de dominar sin subterfugio ni matiz alguno. Los amos de la “Guerra Preventiva” han decidido hacernos saber que no quieren que ningún súbdito en el planeta los ame, sólo quieren que se los tema. Esa es la magnitud y el calibre del desafío que se ha lanzado contra el mundo. 5. El proceso de dominación unipolar no solo es militar y económico, sino sobre todo cultural y también mediático. Debemos desatar un proceso serio de consultas y aportes de las organizaciones sociales, empresariales, académicas y las universidades de Nuestra América, para construir los ejes y contenidos de una vigorosa propuesta alternativa al ALCA. Hay que dotar de contenidos específicos al “ALBA” planteado por el Presidente Chávez en Venezuela para que sea una alternativa real al ALCA. Por otra parte, el contrapeso visible y el enorme aporte a la paz y a la verdad que significara en la reciente guerra de ocupación el trabajo de la cadena árabe Al Jazira y de algunos canales de televisión europeos, que resistieron con dignidad y éxito la mentira mediática del Imperio, me llevan a plantear el reto y la obligación de trabajar contra la militarización, también en este campo debemos constituir, entre los gobiernos de Venezuela, Brasil, Cuba, y quizás Ecuador, así como con la participación de todas las organizaciones sociales y gremios del continente, una Cadena de Televisión propia, estatal y social, pública y ciudadana, de todo el continente latinoamericano. Requerimos con suma urgencia de una “Al Jazira latinoamericana”, dotada de equipamiento tecnológico, profesional y logístico de punta, que enfrente la dictadura unipolar mediática del Imperio y a sus cotorras en toda la región, y que nos permita resistir y derrotar los desafíos mediáticos de su guerra cultural en Nuestra América. Provocación al encuentro de desmilitarización: 6. (Número de la bestia). Aunque le apostamos la vida a la utopía de un mundo desmilitarizado, creo importante hacer pública una pregunta personal que, en la actual fase, nació de una constatación invisible: el descontento multitudinario que Bush y sus halcones han sembrado en el mundo entero y, especialmente, en América Latina. En nuestro continente, ese descontento no es sólo civil, también cruza, con especial atención, muchos segmentos militares que, desde las concepciones patrióticas y nacionalistas, y desde el “análisis de escenarios” que les deja la realidad mundial post-Irak, previenen días peores para los Estados-nación y para la propia vigencia de las estructuras de los llamados “poderes permanentes”. Ergo: ¿sería descabellado, o no, pensar que -ante los hechos consumados de la “Pax Americana”- los gobiernos de Venezuela Bolivariana, Brasil y Cuba, puedan generar un proceso madurado y paciente, para la constitución de un bloque militar integrado de la región (con las obvias descalificaciones y excepciones que ustedes estarán pensando, por supuesto), que sustituya la concepción del “enemigo interno” y modifique la doctrina de la Seguridad Nacional, para prevenir la defensa nacional y soberana de nuestra América Latina en el nuevo y riesgoso contexto marcado por la rapiña imperial?
Hermanas y hermanos: El loco Simón Rodríguez nos mandó a “inventar o errar”, no a copiar, no a reproducir, porque los procesos sociales, cuando son verdaderos, no son copia ni calca, y si algo -y mucho- nos ha enseñado América Latina es precisamente la bella osadía del sueño y la originalidad de las nuevas y vigentes utopías que empujan la vida y caminan a los pueblos.


POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA
En estas disyuntivas, ¿qué tiene que ver el sentimiento con hipótesis geopolíticas?, y aún más: ¿qué tiene que ver el amor con la geopolítica?. Usted nos enseñó que participar lúcida y activamente desde la sociedad civil, ahora andina, latinoamericana y mundial, ante todos estos desafíos, es la batalla más seductora que podremos haber dado en nuestra larga y apacible existencia. Como se habla en Ecuador, “dé diciendo” a su pueblo chiapaneco, a nuestros hermanos y hermanas del EZLN, a las comunidades en resistencia y municipios autónomos, dé diciéndole a Marcos, a todo San Cristóbal, que les agradecemos haber nacido, que su presencia sentimos aquí, bien cerquita del pecho y la ternura americana.
Alexis Ponce, Representante al Encuentro por la PIDHDD (Plataforma Interamericana de DDHH, Democracia y Desarrollo); Vocero de APDH (Asamblea Permanente de Derechos Humanos del Ecuador); Miembro del GRUPO CIVIL DE MONITOREO DEL PLAN COLOMBIA; representante del Periódico Virtual www.cronicon.net en Ecuador.